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En Teatro en México 1900-1990


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Teatro en México 1900-1990
Base de obras

Antonio Escobar, investigación.

Introducción

Pensado originalmente como una base de datos susceptible de ser modificada periódicamente con información nueva o complementaria, el presente trabajo es una obra de consulta.

Teatro en México 1900-1990 es una recopilación de datos referentes a obras presentadas en la ciudad de México, principalmente, en cuanto a los realizadores y participantes en ellas. Los datos se asientan en registros unitarios a manera de ficha técnica en una plantilla conformada con las siguientes entradas: Título, Fecha, Compañía o Grupo, Teatro, Autor, Traductor o Adaptador, Dirección, Producción, Elenco, Música, Escenografia, Iluminación, Vestuario, Coreografía, Otros, Premios, Festival o Muestra, Fuentes.

Si bien nuestra plantilla se asemeja a la estructura de los programas de mano habituales entre los años setenta y ochenta, el diseño se pensó en la constante de datos obtenidos de las fuentes consultadas, al mismo tiempo que en su simplificación para hacerlo manejable: por ejemplo, es conveniente mencionar que dadas las características del programa de mano, cuando este nos es más cercano, en él se detalla con mayor asiduidad los nombres de participantes y realizadores de los más diversos ámbitos, de tal manera que conformar una plantilla incluyente de cada una de las actividades inherentes a las puestas en escena hubiera arrojado una plantilla enorme y de difícil consulta. Así, aquellos datos que no fueron constantes se transcribieron en la entrada "Otros': principalmente aquellos que tienen que ver con cuestiones técnicas.

La información contenida en cada registro proviene de fuentes diversas: programas de mano, bibliografía, hemerografía, archivos personales, colecciones, fondos reservados, testimonios personales, proyectos de investigación concluidos en el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli; fuentes que se detallan en el apartado correspondiente. A pesar de la variedad y cantidad de fuentes, algunos registros quedaron poco documentados debido, sobre todo, a las características de las fuentes y su temporalidad: por ejemplo, mientras un programa de mano pormenoriza nombres y funciones de los integrantes y participantes de un montaje, la bibliografía (por lo regular historiográfica) se ocupa de títulos, de autores, de fechas, y en pocas ocasiones, de los directores o actores; por su parte la hemerografía (por su brevedad e inmediatez) resalta aquello que le es de importancia, ya sea el autor, el director, el escenógrafo, ciertos actores o algún otro elemento. De tal manera que exceptuando el programa de mano, las demás fuentes proporcionaron piezas de un rompecabezas que fue necesario armar paciente y laboriosamente para conseguir registros coherentes y suficientes en sí mismos. Así, el criterio manejado para mantener un registro en esta obra de consulta fue que llevara al menos un tercio de las dieciocho entradas arriba mencionadas, priorizando Título, Fecha, Autor, Teatro y Fuentes.

La temporalidad de las fuentes fue otro de los factores a considerar en la consignación de datos. A medida que nos alejamos en el tiempo, la información se va haciendo más escasa. A principio del siglo XX, las presentaciones escénicas las realizaban compañías de repertorio que lo mismo estrenaban una ópera que una zarzuela, o un drama que una comedia, siendo los figurantes (primeros actores, primeras actrices, primeras voces) de manera exclusiva quienes eran invariablemente acreedores de menciones laudatorias en las publicaciones periódicas de la época. Y no es sino en el anuncio del inicio de temporada de esas compañías que se conocen en conjunto los repertorios y el personal artístico, técnico y administrativo; de ellas; más adelante, ya en el transcurso de la temporada, se sabrán apenas algunos nombres de los participantes en las obras presentadas. La irrupción de la revista mexicana en la primera década del pasado siglo no modificó las prácticas de difusión o mención de los eventos escénicos: el éxito de la revista, el titular de la compañía, la figura de ésta o el buen nombre del autor eran la medida necesaria para dedicarles espacio periodístico. Esta mecánica receptiva, a la vez que publicitaria, se mantendrá por mucho tiempo, incluso más allá del periodo revolucionario, en el que dicho sea de paso, la actividad en los escenarios disminuyó considerablemente.

No será sino hasta bien entrada la década de los veinte, cuando se conozca en los variados intentos de promoción y afirmación de la existencia de un teatro auténticamente mexicano (circunscrito a la dramaturgia), así como en aquellos teatros considerados experimentales, que el mérito de la obra en escena se debe no sólo al autor, sino también al esfuerzo integral del director, el decorador, el escenógrafo y los actores. Es así como las hojas volantes de colores, que anuncian espectáculos escénicos privilegiando el nombre del director de la Compañía, conviven con la irrupción formal del programa de mano de sobrios diseños en el que se jerarquizan invariablemente las actividades en la escena: autor, traductor (si lo hay), actores, director, músico y escenógrafo.

Como es de suponer, la diversidad de fuentes presentó disparidad en los datos: un mismo título encontrado en varias fuentes puede diferir por un artículo, por una preposición o por el número gramatical, singular o plural; algo semejante sucede con algunos nombres de autores, traductores, directores o actores que pueden variar por inversión, omisión o adición de letras; incluso hay fechas que no son concordantes, entre otros casos. Cuando parte de esto ocurre, en la entrada correspondiente se hace un llamado con un asterisco que se verifica en la entrada de Fuentes, señalando en qué fuente el dato es diferente.

Una característica más de las fuentes es que no pocas ocasiones algunas de ellas omiten datos o bien los obvian. Por esta razón se encontrará en algunos registros datos asentados entre corchetes, lo que quiere decir que se añadió el dato -porque lo conocemos-, aun cuando las fuentes no lo hubieran incluido. Es necesario mencionar, por tanto, que hemos respetado lo más posible los datos tal como los ofrecen las fuentes consultadas.

Habiendo hecho estas aclaraciones, consideramos que lo aquí publicado es parte de un universo mucho más amplio; y sin embargo, el usuario encontrará en los 13,722 registros[1], datos que le darán cuenta de lo más relevante de esta actividad escénica nacional durante el siglo XX. La Información ofrece una panorámica de la diversidad teatral del país, que va desde las tandas y las zarzuela, así como la ópera de principio de siglo, traídas de España, pasando por los balbuceos de un teatro propio, la profusión de la revista en el periodo revolucionario (y aun más allá de éste) hasta las manifestaciones artísticas de carácter cosmopolita que dieron pie a la renovación teatral extendida hasta el final de nuestro periodo abarcado, sin dejar de mencionar las producciones del Estado como promotor directo de la cultura del teatro en México. Cabe mencionar por añadidura, que Teatro en México 1900-1990 junto con Anuarios del Teatro en México 1990-2000 publicados por el Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli y el Instituto Nacional de Bellas Artes, nos muestran el siglo XX teatral de nuestro país.

Por último he de agradecer a quienes de una u otra manera colaboraron en este trabajo en distintos momentos: Iván Olivares, Laura Ochoa, Noemí Zepeda, Luis Mario Moncada, Giovanna Recchia, José Santos Valdés, Guillermina Fuentes, Leticia Rodríguez, Israel Franco, Sergio Honey, Patricia Ruíz, Luz María Robles y Sonia León, entre los vivos. Y un reconocimiento a Jorge Kuri y Luis Armando Lamadrid[2] donde quiera que estén.

 

Antonio Escobar Delgado
27 de octubre de 2007


  [1] El autor continuó ingresando registros a la base después de la publicación, hasta completar los 13,955 que publicamos ahora en Fuentes. Nota del editor.

  [2] El autor se refiere al dramaturgo Jorge [Francisco Mora] Kuri y al actor Luis Armando Lamadrid García, ambos fallecidos en 2005. Nota del editor.