FICHA TÉCNICA
Título obra Una pura y dos con sal
Autoría Antonio González Caballero
Dirección Miguel Córcega
Elenco Guillermo Romano, Rocío Garcel,Rocío Romano, Nora Veyrán, Óscar Servín, Bárbara Gil
Espacios teatrales Teatro Rotonda
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Una pura y dos con sal, de González Caballero, en el teatro Rotonda". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno de Una pura y dos con sal, de González Caballero, en el teatro Rotonda
Armando de Maria y Campos
Toda revelación tiene su futuro. La noche del viernes fue de revelaciones en el teatro Rotonda, que, estoy cierto alcanzarán excelente futuro. Un autor, que revalida éxitos anteriores y se revela como costumbrista fácil y con humor eficaz en el manejo del oficio de la construcción teatral: Antonio González Caballero. Un galán, por cierto nacido en Costa Rica, que pisa por primera vez las tablas mexicanas y crea un personaje de la Lagunilla o del cualquier barrio de México que dé boxeadores, y se desenvuelve con naturalidad, seguridad y simpatía, pletórico de juventud: Guillermo Romano. Una niña –no habrá cumplido catorce mayos– que actúa con la naturalidad con que se abren las rosas, o dicho en otro romance, que habla bien, sabe lo que dice y actúa como si no estuviera actuando: Rocío Garcel. ¡Noche de revelaciones la del estreno de la comedia en tres actos Una pura y dos con sal!
No tiene remedio, afortunadamente. Antonio González Caballero maneja el costumbrismo de la clase media y la popular mexicanas con esa difícil sencillez con que Ignacio Beteta pone en acuarela un barrio de México. Pincelazo por aquí, pincelazo por allá, sombras que dan volúmenes o contrastes, y Beteta crea un mundo mexicano. González Caballero a varios tipos queviven en promiscuo chismerío que gobierna hábilmente portera, lengua rayada y frustración absoluta. Con esto, González Caballero compuso una pieza de teatro en la que hay sainete, comedia y drama finalmente, tan nuestro, tan de la metrópoli, que precisa decir que antes de él nadie lo ha hecho en estos últimos treinta años con tal fortuna. ¡Cuánto daño puede hacer un chisme! Y si son veinte, todos perversos, ¡cómo divierten al público y sufre el espectador! Pero así es México.
Buena interpretación –excelentes las de Rocío, Romano, Nora Veyrán y Óscar Servín–, de parte de todos los actores y hábil dirección, hacen subir mucho a esta pieza, que se parece a Los signos del zodiaco, que abrió el camino del costumbrismo en las vecindades metropolitanas. Igual sucederá con las que sigan la línea trazada por Magaña o González Caballero.
La notable actriz Bárbara Gil creó un personaje fuera de su línea de trabajo habitual: la portera. Lo compuso eficaz y certero, pero más de apariencia que humano. Un buen maquillaje no hace al personaje si el intérprete, además de haberse aprendido el papel, no ha hecho lo mismo con el tipo. Interesante experiencia la que se auto impuso la exquisita Bárbara Gil.