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Toda revelación tiene su futuro. La noche del viernes fue de revelaciones en el teatro Rotonda, que, estoy cierto alcanzarán excelente futuro. Un autor, que revalida éxitos anteriores y se revela como costumbrista fácil y con humor eficaz en el manejo del ofico de la construcción teatral: Antonio González Caballero. Un galán, por cierto nacido en Costa Rica, que pisa por primera vez las tablas mexicanas y crea un personaje de la Lagunilla o del cualquier barrio de México que dé boxeadores, y se desenvuelve con naturalidad, seguridad y simpatía, pletórico de juventud: Guillermo Romano. Una niña -no habrá cumplido catorce mayos- que actúa con la naturalidad con que se abren las rosas, o dicho en otro romance, que hab´la bien, sabe lo que dice y actúa como si no estuviera actuando: Rocío Garcel. ¡Noche de revelaciones la del estreno de la comedia en tre actos Una pura y dos con sal! |
viven en promiscuo chismerío que gobierna hábilmente portera, lengua rayada y frustación absoluta. Con esto, González Caballero compuso una pieza de teatro en la que hay sainete, comedia y drama finalmente, tan nuestro, tan de la metrópoli, que precisa decir que antes de él nadie lo ha hecho en estos últimos treinta años con tal fortuna. ¡Cuánto daño puede hacer un chisme! Y si son veinte, todos perversos, ¡cómo divierten al público y sufre el espectador! Pero así es México.
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