FICHA TÉCNICA
Título obra Y todos terminaron ladrando
Autoría Luis G. Basurto
Dirección Fernando Wagner
Elenco Guillermo Zetina, Angelines Fernández, Fernando Mendoza, Mario García González, Antonio Brillas. Aurora Campuzano, Leopoldo Ortín, Reinaldo Rivera, Dolores Tinoco (Lola), María Teresa Rivas
Escenografía David Antón
Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Y todos terminaron ladrando, de Luis G. Basurto, en el teatro Fábregas". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Y todos terminaron ladrando, de Luis G. Basurto, en el teatro Fábregas
Armando de Maria y Campos
Existe en el sur de la República y en el norte de Guatemala una zona en la que practica una extraña costumbre –a la que no es ajena la parte sur de Italia– que se denomina "cultivo", que consiste en “cultivar” varias personas a un sujeto con determinadas características para algo muy elevado, superfluo o hasta deprimente. Se le hace creer que sirve "para algo" y llevan el juego-broma hasta el final, sin importar los resultados que en el ánimo o porvenir de la persona seleccionada produzca tan cruel "cultivo". A veces los cultivadores se equivocan y el "cultivado" reacciona en forma inesperada.
Esta costumbre forma el nervio de la nueva comediafarsa del ilustre autor mexicano Luis G. Basurto. La acción –aunque no se dice– ocurre en Mérida de Yucatán. Se seleccionó para concejal, después presidente municipal, a un farmacéutico, y éste resulta un hombre inédito tan importante que, sin darse cuenta al principio de que está siendo "cultivado", crece, crece y acaba por devorar a los representantes de tales "fuerzas vivas" –el delegado, el Partido político oficial, un agitador comunista, un sacerdote que entra en el juego de buena fe y varios ricachones que lo son por turbios manejos; las hijas de éstos, una prostituta redimida por un matrimonio –especie de Pepa Doncel benaventina en Yucatán–; una aristócrata terrateniente, etcétera. El "cultivado" llega a gobernador de su Estado por méritos propios. Por supuesto, sus "cultivadores" terminan ladrando –título de la obra basurtiana–, convencidos de que es peligroso jugar con fuego.
Tengo para mi que ésta es la mejor obra de Basurto, por el dominio de la técnica de su construcción y por el juego de caracteres ypersonajes. Interesa de principio a fin. Está dialogada con fluidez y naturalidad. Contiene una o dos escenas repetidas, como las que el "cultivado" Martín Escalera –Guillermo Zetina– sostiene con su "nana". Sobra una de ellas, y otra, en la que aparece una tal Chirimoya, mujer galante de baja estofa y del peor gusto. lo demás funciona normalmente y es rico en efectos teatrales. Una gran pieza de teatro para público fácil, que merece la mayor atención.
Fernando Wagner la dirigió con maestría y salvo las dificultades del cambio de escenarios para dar sitio a varias escenas, en distintos lugares, con oportunos oscuros.
Guillermo Zetina, gran actor hondo y profundo, matiza con talento y buen gusto a don Martín Escalera, el "cultivado", y destaca, cumbreño, entre otras excelentes interpretaciones. Es de justicia citar nombres: Angelines Fernández, Fernando Mendoza, Mario García González y Antonio Brillas. Aurora Campuzano y su hijo Leopoldo Ortín, están muy contenidos; Reinaldo Rivera y Lola Tinoco, sobrios y eficaces; María Teresa Rivas, fría y artificiosa. El resto cumplió decorosamente, como las diversas piezas en una pintoresca taracea. Las decoración de David Antón es estimable nada más, porque está ceñida a las dificultades que contiene una acción dispersas en escenarios diversos. Varias escenas fueron interrumpidas por ovaciones espontáneas. Al final, autor, intérpretes y director fueron justamente aplaudidos.
Escrita Y todos terminaron ladrando, en Ciudad Obregón, Sonora, en trece días del mes de mayo de este año, y estrenada en Nogales durante el mes de junio último, es gallarda prueba del dominio de la técnica teatral que ya posee Luis G. Basurto.