Existe en el sur de la República y en el norte de Guatemala una zona en la que practica una extraña costumbre -a la que no es ajena la parte sur de Italia- que se denomina "cultivo", que consiste en “cultivar” varias personas a un sujeto con determinadas carcterísticas para algo muy elevado, superfluo o hasta deprimente. Se le hace creer que sirve "para algo" y llevan el juego-broma hasta el final, sin importar los resultados que en el ánimo o porvenir de la persona seleccionada produzca tan cruel "cultivo". A veces los cultivadores se equivocan y el "cultivado" reacciona en forma inesperada.
Esta costumbre forma el nervio de la nueva comediafarsa del ilustre autor mexicano Luis G. Basurto. La acción -aunque no se dice- ocurre en Mérida de Yucatán. Se seleccionó para concejal, después presidente municipal, a un farmacéutico, y éste resulta un hombre inédito tan importante que, sin darse cuenta al principio de que está siendo "cultivado", crece, crece y acaba por devorar a los representantes de tales "fuerzas vivas" -el delegado, el Partido político oficial, un agitador comunista, un sacerdote que entra en el juego de buena fe y varios ricachones que lo son por turbios manejos; las hijas de éstos, una prostituta redimida por un matrimonio -especie de Pepa Doncel benaventina en Yucatán-; una aristócrata terrateniente, etcétera. El "cultivado" llega a gobernador de su Estado por méritos propios. Por supuesto, sus "cultivadores" terminan ladrando -título de la obra basurtiana-, convencidos de que es peligroso jugar con fuego.
Tengo para mi que ésta es la mejor obra de Basurto, por el dominio de la técnica de su construcción y por el juego de caracteres y
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personajes. Interesa de principio a fin. Está dialogada con fluidez y naturalidad. Contiene una o dos escenas repetidas, como las que el "cultivado" Martín Escalera -Guillermo Zetina- sostiene con su "nana". Sobra una de ellas, y otra, en la que aparece una tal Chirimoya, mujer galante de baja estofa y del peor gusto. lo demás funciona normalmente y es rico en efectos teatrales. Una gran pieza de teatro para público fácil, que merece la mayor atención.
Fernando Wagner la dirigió con maestría y salvo las dificultades del cambio de escenarios para dar sitio a varias escenas, en distintos lugares, con oportunos oscuros.
Guillermo Zetina, gran actor hondo y profundo, matiza con talento y buen gusto a don Martín Escalera, el "cultivado", y destaca, cumbreño, entre otras excelentes interpretaciones. Es de justicia citar nombres: Angelines Fernández, Fernando Mendoza, Mario García González y Antonio Brillas. Aurora Campuzano y su hijo Leopoldo Ortín, están muy contenidos; Reinaldo Rivera y Lola Tinoco, sobrios y eficaces; María Teresa Rivas, fría y artificiosa. El resto cumplió decorosamente, como las diversas piezas en una pintoresca taracea. Las decoración de David Antón es estimable nada más, porque está ceñida a las dificultades que contiene una acción dispersas en escenarios diversos. Varias escenas fueron interrumpidas por ovaciones espontáneas. Al final, autor, intérpretes y director fueron justamente aplaudidos.
Escrita Y todos terminaron ladrando, en Ciudad Obregón, Sonora, en trece días del mes de mayo de este año, y estrenada en Nogales durante el mes de junio último, es gallarda prueba del dominio de la técnica teatral que ya posee Luis G. Basurto.
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