FICHA TÉCNICA
Título obra El diario de un loco
Autoría Nikolái V. Gógol
Dirección Alejandro Jodorowsky
Elenco Carlos Ancira
Escenografía Vlady
Música Raúl Cossío
Vestuario Vlady
Espacios teatrales Teatro Jesús Urueta
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El diario de un loco, de Gogol, en el teatro Jesús Urueta". Novedades, 1964. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
El diario de un loco, de Gogol, en el teatro Jesús Urueta
Armando de Maria y Campos
Cuando Nikolai Vasilievich Gogol publicó, hacia 1838, sus relatos de San Petersburgo, ya era un novelista admirado por su corte realista infiltrado de ciertos toques satíricos. Nunca desechó, es cierto, a sus modelos románticos, desde luego el alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Como en éste, en los relatos de Gogol, particularmente de su primera época, se combinan la risa y el escalofrío, la realidad y el delirio. Así puede verse en el que titulo El diario de un loco, que corresponde a esa etapa, que ahora es una adaptación escénica de Roger Coggio, traducida por Eleazar Canale, estrenó el miercoles 6 el primer actor Carlos Ancira en el teatro Jesús Urrueta:
El diario de un loco aparece, en esta versión, como un monólogo. Goggio respetó todas las circustancias del relato original, su medio ambiente en San Petersburgo, y su época, 1830; pero como es proverbial cuando se trata de confundir o mezclar los géneros, no logró hacer del magnífico cuento de Gogol una meritoria pieza teatral. La narración del pobre enajenado, modesto escribiente en cierta oficina de un Ministerio, que se enamora de la hija del señor director, y cuyas alucinaciones lo hacen imaginarse a sí mismo rey de España, no adquiere mayor relieve dramático. Lo que en el relato refleja la ansiedad de una mente misteriosa, alucinante y frustrada, en el centro de un mundo de trivialidades que para el infeliz enajenado constituyen la expresión del mal, aquí en esta versión escénica de Coggio se diluye y pierde fuerza en las distintas escenas separadas mediante frecuentes oscuros.
Queda, esto sí, el alarde enorme de virtuosismo de Carlos Ancira como actor. Es el suyo, además, un trabajo extenuante, que él supera momento a momento.
La dirección de Alejandro Jodorowsky se ve correcta apegada a la índole realista de la obra original que no desdeña, antes al contrario, algunos elementos de misterio y fantasía. Merecen aplauso también Vlady por su escenografía y su vestuario, y Raúl Cossío por su música de escena, no obstante que ésta, mal graduada en su volumen, en algunos instantes cubrió y no dejo oír con claridad el texto.