|
Cuando Nikolai Vasilievich Gogol publicó, hacia 1838, sus relatos de San Petersburgo, ya era un novelista admirado por su corte realista infiltrado de ciertos toques satíricos. Nunca desechó, es cierto, a sus modelos románticos, desde luego el alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann. Como en éste, en los relatos de Gogol, particularmente de su primera época, se combinan la risa y el escalofrío, la realidad y el delirio. Así puede verse en el que titulo El diario de un loco, que corresponde a esa etapa, que ahora es una adaptación escénica de Roger Coggio, traducida por Eleazar Canale, estrenó el miercoles 6 el primer actor Carlos ancira en el teatro Jesús Urrueta: |
Ministerio, que se enamora de la hija del señor director, y cuyas alucinaciones lo hacen imaginarse a sí mismo rey de España, no adquiere mayor relieve dramático. Lo que en el relato refleja la ansiedad de una mente misteriosa, alucinante y frustada, en el centro de un mundo de trivialidades que para el infeliz enajenado constituyen la expresión del mal, aquí en esta versión escénica de Coggio se diluye y pierde fuerza en las distintas escenas separadas mediante frecuentes oscuros.
|