FICHA TÉCNICA
Título obra La verdad
Autoría Amalia Castillo Ledón
Dirección Luis G. Basurto
Elenco Sonia Furió, Carlos Navarro
Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La verdad, de Amalia Castillo Ledón, en el teatro Fábregas". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La verdad, de Amalia Castillo Ledón, en el teatro Fábregas
Armando de Maria y Campos
De todas las primeras representaciones de piezas de teatro de Amalia Castillo Ledón a que me ha tocado en suerte concurrir, de Cuando las hojas caen, pasando por Cubos de Noria, valiente obra política para su tiempo, hasta esta última, La verdad escondida, ninguna me ha causado mayor emoción como ésta, por la múltiple calidad de las satisfacciones que me produjó. Presidió la velada, informalmente, el secretario de Educación Pública, doctor Jaime Torres Bodet, y cubrió la totalidad de las localidades una auténtica selección del mundo oficial, diplomático, social, artístico y periodístico de la ciudad de México, porque doña Amalia Castillo Ledón es figura cimera en la vida artística, intelectual y oficial de México desde su radiante juventud.
Había expectación por conocer su pieza dramática La verdad escondida, escrita en Suecia cuando desempeñaba el cargo de embajadora de México en aquel país, sobre una historia que le fue narrada escuetamente durante una sobremesa y que le aseguraron fue historia verdadera, hecho acaecido hacía poco tiempo en algún país del norte de Europa. Amalia, querida y respetada amiga desde mis años mozos, vio inmediatamente en el suceso el nudo de una pieza dramática y se encariño con la idea de convertir aquella historia o leyenda en relato escénico. Naturalmente, la anécdota en su pura y pristina simplicidad no daba material suficiente para una pieza grande de teatro, pero comediógrafa con sensibilidad y oficio trenzó varios temas e hizo que participaran en la acción diversos personajes. Lo giró con fascinante anécdota de misterio y aventura, un cuadro de costumbres de la vida de los países nórdicos, en uno de los cuales la autora permaneció largos años. Y trenzados diversos temas, sin faltar la pareja que se ama y por eso riñe constantemente, compuso una estrujante y apasionante historia de teatro que supo relatar con limpia claridad escénica. Obra de madurez intelectual, posee tersa emoción de autora que tiene en la flor de su piel la más fina y exquisita sensibilidad. El público escuchó emocionado los diálogos, demasiado reiterativos, y al final aplaudió con emocionada sinceridad a la autora. Se me ocurre definir el tratamiento escénico de esta pieza como similar al que Ravel empleó para su famosísimo y universalmente conocido Bolero.
La presentación escénica, muy nórdica –hay una chimenea frente a una gran ventana–, da a La verdad escondida un suave clima de exotismo. La interpretación es correcta en todos sus ángulos. Sonia Furió luce bellísima y se sabe muy bien tanto el personaje como el papel; Carlos Navarro actúa desbordando su caudaloso temperamento. El resto de los personajes, que forma larga nómina y que por sus cortas intervenciones son necesariamente episódicos, colabora con la autora y los protagonistas a darle calidad a este espectáculo que fue dirigido con sobriedad por Luis G. Basurto.