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De todas las primeras representaciones de piezas de teatro de Amalia Castillo Ledón a que me ha tocado en suerte concurrir, de Cuando las hojas caen, pasando por Cubos de Noria, valiente obra política para su tiempo, hasta esta última, La verdad escondida, ninguna me ha causado mayor emoción como ésta, por la múltiple calidad de las satisfacciones que me produjó. Presidió la velada, informalmente, el secretario de Educación Pública, doctor Jaime Torres Bodet, y cubrió la totalidad de las localidades una auténtica selección del mundo oficial, diplomático, social, artístico y periodístico de la ciudad de México, porque doña Amalia Castillo Ledón es figura cimera en la vida artística, intelectual y oficial de México desde su radiante juventud. |
comediógrafa con sensibilidad y oficio trenzó varios temas e hizo que participaran en la acción diversos personajes. Lo giró con fascinante anécdota de misterio y aventura, un cuadro de costumbres de la vida de los países nórdicos, en uno de los cuales la autora permaneció largos años. Y trenzados diversos temas, sin faltar la pareja que se ama y por eso riñe constantemente, compuso una estrujante y apasionante historia de teatro que supo relatar con limpia claridad escénica. Obra de madurez intelectual, posee tersa emoción de autora que tiene en la flor de su piel la más fina y exquisita sensibilidad. El público escuchó emocionado los diálogos, demasiado reiterativos, y al final aplaudió con emocionada sinceridad a la autora. Se me ocurre definir el tratamiento escénico de esta pieza como similar al que Ravel empleó para su famosísimo y universalmente conocido Bolero.
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