FICHA TÉCNICA
Título obra Viuda... y tres millones
Autoría Alfonso Anaya
Elenco Barbara Gil, Carmen Salas, Carlota Solares, Olga Rinzo, Miguel Córcega, Ismael Larrumbe, Antonio Guaida
Espacios teatrales Teatro Rotonda
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Viuda... y tres millones, de Alfonso Anaya B., en el teatro Rotonda". Novedades, 1963. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Viuda... y tres millones, de Alfonso Anaya B., en el teatro Rotonda
Armando de Maria y Campos
Estimo que es injusta la actitud severa de algunos críticos de teatro mexicano... o españoles, para la producción humorística de nuestro gran autor en este género, Alfonso Anaya B. El teatro humorístico, o de humor, es un género teatral nada más, como el teatro del absurdo, o el tremendista o tantos como nacen y desaparecen. Con la diferencia de que el teatro humorístico viene de fuentes lejanas, de Aristófanes nada menos.
Nuestro autor Anaya no es menos ni más que Paso, Llopis, Mihura o Tono, españoles. Aquéllos tienen más oficio, porque estrenan con frecuncia y porque vacían sus producciones en amplios cauces ancestrales abiertos por Vital Aza, Muñoz Seca o García Alvarez, hasta estos días. Todos fueron grandes chistómanos que tomaban una acción cómica, creaban personajes absurdos o no, los echaban a escena a que vivieran su vida y a que dijeran chistes. La chistomanía de los autores cómicos no importa que sea buena o mala, porque lo que cuenta es que produzca efecto y que éste sea teatral. En encontrar anécdotas cómicas y hacen hablar a sus personajes sólo con chistes es maestro Alfonso Anaya B. No es cosa fácil de hacer reír, y Alfonso Anaya, como cualquiera de los grandes autores cómicos del momento, no logra sin esfuerzo, con una fluidez que en ocasiones llega hasta la indignación del espectador que todavía no acaba de reír un chiste y ya tiene que abrir el paraguas de la paciencia para defenderse de una granizada de ingenio de varios calibres. La pieza de Anaya, Viuda... y tres millones, o Viva la paz, que también así se titula, merece verse, interesarse en su anécdota... y reírse, hasta troncharse, como se dijo en España e Hispanoamérica en tiempos de Muñoz Seca. No vale contar el argumento, porque no hay nada más fastidioso o estúpido que explicar un chiste antes de emitirlo ante inofensivo escucha. Punto en boca, pues.
Para representar obras cómicas precisa que los actores posean gracia, agilidad mental y matiz, además del sentido de profundidad que tiene cada frase. Venturosamente se dan estas cualidades en todos los intérpretes de la obra de Anaya. Bárbara Gil está deliciosa, y Carmen Salas, entradita en carnes, exhibe su gran calidad de actriz que sabe lo que dice; lamentablemente retirada de la escena material. Doña Carlota Solares, muy ceñida y graciosa. Igual que Olga Rinzo, Miguel Córcega, Ismael Larrumbe, Antonio Guaida se mueven y hablan a tono con sus respectivos personajes. De ellos sobresale la excelente actuación del tercero, en el que hay madera para sacar de él un excelente actor.