FICHA TÉCNICA
Título obra La orestiada
Autoría Esquilo
Dirección Ignacio Retes
Elenco Isabela Corona, María Idalia, Emilia Carranza, Narciso Busquets, Antonio Medellín, Luis Lomelí, Mercedes Pascual
Escenografía Julio Prieto
Vestuario Graciela Castillo del Valle
Espacios teatrales Teatro Hidalgo
Eventos Inauguración del Teatro Hidalgo del IMSS
Notas Obra inaugural del Teatro Hidalgo ubicado en las calles de Hidalgo y 2 de abril
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La orestiada de Esquilo, en la inauguración del nuevo teatro Miguel Hidalgo". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La orestiada de Esquilo, en la inauguración del nuevo teatro Miguel Hidalgo
Armando de Maria y Campos
La inauguración del teatro Miguel Hidalgo en la avenida de este nombre, esquina con 2 de abril, de la ciudad de México, con que el IMSS ha dotado a la capital de la República, merece una crónica especial, que no es esta que registra exclusivamente el acontecimiento teatral que significa representar por primera vez en nuestro país la famosa trilogía La orestíada, de Esquilo, con todos los recursos con que ahora cuenta el arte de representar comedias. Digamos, como anticipo de mejor información, que el nuevo teatro cuenta con 820 localidades y sitio para estacionar hasta 200 automóviles. ¡Ya imaginará el lector los recursos técnicos con que cuenta este modernísimo centro de espectáculos!
Es irreprochable, dentro del programa de divulgación teatral del IMSS, la elección de este famoso incunable teatral. El IMSS devuelve al pueblo lo que es del pueblo: arte y dinero.
A Esquilo se le tiene por el padre de la tragedia. Como hombre de su tiempo fue guerrero, pero el teatro, en el cual fue laureado cincuenta y dos veces, absorbió su vida. A él le debió el teatro fundamentales innovaciones: pasar del estado meramente lírico narrativo al netamente dramático. Colocó un segundo y tercer autor junto al protagonista y frente al coro. Enriqueció el aparato escénico. Introdujo la máscara, el manto y el coturno en las presentaciones. Eligió temas grandiosos. Sus obras tuvieron –tienen– una fuerza y una profundidad insuperables. Las representaciones de sus obras eran a veces verdaderas tragedias: catástrofes en la escena y catástrofes en el local. Los niños murieron de miedo y las mujeres abortaron el día de La orestíada, ante la aparición de las Euménides desenroscando las serpientes y agitando antorchas, pasaje, por cierto, suprimido en la versión del IMSS.
La orestíada está integrada por tres piezas para representarse como unidad, pero sus partes suelen presentarse aisladas. Se ha hablado mucho en estos días sobre Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides. No es necesario retomar el tema. La producción, según el término contemporáneo, de Julio Prieto-Ignacio Retes respetó el texto esquiliano, y el director movió la acción preocupado de que en todo momento los actores aislados o en grupo constituyeran expresiones plásticas. Prieto fue más sobrio en la presentación de sus volúmenes escenográficos, imponentes como siempre para este género de teatro, y se sirvió para fijar, acentuar y cambiar climas, de excelentes recursos de luminotecnia. La propiedad del vestuario, diseñado y realizado por GracielaCastillo del Valle, es irreprochable. Si Esquilo resucitara y viera representar su Orestíada como es posible hacerlo ahora con talento y sensibilidad, moriría de súbito.
Una cuidadosa selección de actores de distintas generaciones permitió a los productores integrar un elenco que respondiera al difícil reparto de personajes. Volvió a la escena Isabela Corona como Clitemnestra e impuso el dramático personaje de la madre asesina y asesinada con el encanto abaritonado de su voz. María Idalia se manifestó apasionada y patética en la esclava Casandra y Emilia Carranza, de impresionante y juvenil belleza, logró una conmovedora Electra matizándola con la voz y con el gesto. La pasajera presencia del Agamenón confirma el oficio de Narciso Busquets. Antonio Medellín obtuvo un Orestes convincente, y Luis Lomelí admitió presentarse demasiado andrógino en el Apolo. Meche Pascual dijo con mucha sobriedad la parte de Atenea. Los coros –de ancianos, de suplicantes, de furias– respondieron como grupos de instrumentos que participan obedientes a su intervención escénica, afinados y precisos. El público se mostró en todo momento satisfecho del gran espectáculo que presenta el IMSS, de superior calidad sin duda a cualquiera de la América Latina, y sin duda uno de los mejores del mundo por su responsabilidad artística, consecuente con la profunda tradición teatral de nuestro país.