La orestiada de Esquilo, en la inauguración del nuevo teatro Miguel Hidalgo Armando de Maria y Campos |
La inauguración del teatro Miguel Hidalgo en la avenida de este nombre, esquina con 2 de abril, de la ciudad de México, con que el IMSS ha dotado a la capital de la República, merece una crónica especial, que no es esta que registra exclusivamente el acontecimiento teatral que significa representar por primera vez en nuestro país la famosa trilogía La orestíada, de Esquilo, con todos los recursos con que ahora cuenta el arte de representar comedias. Digamos, como anticipo de mejor información, que el nuevo teatro cuenta con 820 localidades y sitio para estacionar hasta 200 automóviles. ¡Ya imaginará el lector los recursos técnicos con que cuenta este modernísimo centro de espectáculos! A Esquilo se le tiene por el padre de la tragedia. Como hombre de su tiempo fue guerrero, pero el teatro, en el cual fue laureado cincuenta y dos veces, absorbió su vida. A él le debió el teatro fundamentales innovaciones: pasar del estado meramente lírico narrativo al netamente dramático. Colocó un segundo y tercer autor junto al protagonista y frente al coro. Enriqueció el aparato escénico. Introdujo |
la máscara, el manto y el coturno en las presentaciones. Eligió temas grandiosos. Sus obras tuvieron -tienen- una fuerza y una profundidad insuperables. Las representaciones de sus obras eran a veces verdaderas tragedias: catástrofes en la escena y catástrofes en el local. Los niños murieron de miedo y las mujeres abortaron el día de La orestíada, ante la aparición de las Euménides desenroscando las serpientes y agitando antorchas, pasaje, por cierto, suprimido en la versión del IMSS. La orestíada está integrada por tres piezas para representarse como unidad, pero sus partes suelen presentarse aisladas. Se ha hablado mucho en estos días sobre Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides. No es necesario retomar el tema. La producción, según el término contemporáneo, de Julio Prieto-Ignacio Retes respetó el texto esquiliano, y el director movió la acción preocupado de que en todo momento los actores aislados o en grupo constituyeran expresiones plásticas. Prieto fue más sobrio en la presentación de sus volúmenes escenográficos, imponentes como siempre para este género de teatro, y se sirvió para fijar, acentuar y cambiar climas, de excelentes recursos de luminotecnia. La propiedad del vestuario, diseñado y realizado por Graciela |
Castillo del Valle, es irreprochable. Si Esquilo resucitara y viera representar su Orestíada como es posible hacerlo ahora con talento y sensibilidad, moriría de súbito. |