FICHA TÉCNICA



Notas Comentarios sobre la presentación de la zarzuela cubana Cecilia Valdez en la Habana, Cuba




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La nueva Cecilia Valdez en el teatro Payret, de La Habana". Novedades, 1962. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



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Columna El Teatro

La nueva Cecilia Valdez en el teatro Payret, de La Habana

Armando de Maria y Campos

La misma noche que arribé a La Habana, en fugaz viaje de observador periodístico fui al viejo teatro Payret habanero. El motivo no era para menos. Se anunciaba el estreno de Cecilia Valdez, zarzuela cubana en dos actos, basada en la novela de Cirilo Villaverde y en la comedia lírica de Agustín Rodríguez, en versión de Miguel de Grandy; la música, del ilustre compositor cubano Gonzalo Roig.

Cecilia Valdez se estrenó en el teatro Martí de La Habana en 1932 con éxito sin paralelo en la historia del teatro cubano del que es, sin lugar a dudas, uno de los exponentes más logrados y valiosos. El teatro lírico cubano es, como tantas otras manifestaciones culturales de la Gran Antilla, una versión criolla de formas oriundas de España.

Hacía muchos años que mi recuerdo musical evocaba la melodía de Roig presentando a esta mujer cubana:

Yo soy Cecilia, Cecilia Valdez,
hierve la sangre en mis venas,
soy mestiza y no lo soy.
Yo no conozco las penas,
yo siempre cantando voy.

Desde su estreno, el personaje de Cecilia había sido vestido con la atractiva bata criolla que en nada respondía a la cuidadosa descripción que hace Villaverde: "Vestía traje de punto ilusión con viso de raso blanco, mangas cortas con ahuecadores, que la hacían parecer dos globos pequeños, banda de cinta ancha encarnada a través del pelo, guantes de seda larga hasta el codo, tres sartas brillantes de corales al cuello, y una pluma blanca de marabú con flores naturales que con el pelo hecho rodete bajo y un orden de rizos de sien a sien, por detrás, daban a su cabeza el aire de una gorra antigua de terciopelo negro...". En la Cecilia Valdez de ahora, el modista Andrés se inspiró en esos detalles propios de los trajes de las señoritas de entonces y no de los atuendos de las figuras populares de la época.

Cecilia Valdez es un gran fresco de la sociedad cubana del siglo XIX. A través de su trama de corte romántico, Villaverde presentó con pupila realista todas las capas de la sociedad colonial: la aristocracia social y mandona, representada por Cándido de Gamboa, español enriquecido en América; Rosa Sandoval, criolla egoísta y dominante, de familia linajuada pero arruinada; y el fruto de esa unión. Leonardo, hombre superficial, sin verdadero carácter; la clase media ilustrada y liberal representada por los personajes Meneses, Solfa y el doctor Montes de Oca; el pueblo blanco compuesto por peninsulares y criollos; el pueblo negro, formado por negros y mestizos esclavos y mestizos libres como Cecilia Valdez, eje de la obra.

En la partitura de Roig, que residió en México durante los primeros años de nuestra Revolución, se encuentran las formas populares de la música cubana representadas por la canción antigua –colonial-española–; la guaracha cubana de 6 por 8 y 2 por 4, la habanera, la forma de casabe, la guajira, el tango congo de barracón, la canción y el bolero lento, la marcha francesa y la contradanza. En la reposición que vi y oí, con libreto de Miguel de Grandy, aparecen formas musicales del momento y un cuarto nuevo, "la cuna de Mercedes", donde los ritmos blancos y los negros se conjugan con eficacia teatral y aparecen el minueto y la danza y la gavota y la habanera contemporánea.

En la versión de Cecilia Valdez que acabo de conocer en temporada que patrocina el Consejo Provincial de Cultura de La Habana, intervienen alrededor de ochenta personajes. Imposible para un cronista de paso recordar a todos los intérpretes, pero ahora saltan de mi recuerdo los nombres de Gladys Puig como Cecilia Valdez, de Ana Julia como la madre de Cecilia, de Armando Curbelo como Leonardo de Gamboa, y de Carmen Malvido como Rosita, personaje simpatiquísimo. El cuerpo de coros lo integraban 14 sopranos, 9 mezosopranos, 13 tenores y 11 barítonos y bajos y el cuerpo de baile, 34 bailarines –qué extraordinaria "zarabanda mayunga" bailaron–, acompañadas con 8 tocaores clásicos.