FICHA TÉCNICA
Título obra Y quisieron ser toreros
Autoría Jaime Rojas Palacios
Dirección Germán Robles
Elenco Germán Robles, Fernando Luján, Guillermo Zetina, Sergio Jurado, Jaime Jiménez Pons, Antonio Corona, Mario Chávez, Mario Vega, Justo Solís, Guillermina Téllez Girón
Espacios teatrales Teatro Arcos Caracol
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Y quisieron ser toreros de Jaime Rojas Palacios, en el Arcos Caracol". Novedades, 1961. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
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Columna El Teatro
Y quisieron ser toreros de Jaime Rojas Palacios, en el Arcos Caracol
Armando de Maria y Campos
Abundan las novelas de la torería. En cambio, escasean las obras dramáticas con temas taurinos, y es natural, por que el misterio vinculado en los gestos crueles del trágico arte taurino, y al mismo tiempo los recursos emocionales que puede brindar al escritor la llamada fiesta brava, son más fáciles de llevar al relato que a la escena, necesariamente limitada. Sin embargo, es larga la bibliografía escénica taurina, cuyos máximos exponentes contemporáneos serían Currito de la Cruz de Alejandro Pérez Lugín y Manuel Linares Rivas, y Sol y sombra de Quintero y Guillén.Un joven autor mexicano, Jaime Rojas Palacios, ha escrito un folletín teatral con el título de Y quisieron ser toreros, inspirado en algunos episodios de la fiesta taurina en México, usando y abusando de recursos escénicos y anécdotas locales muy conocidas en el medio taurino de España o de México. La pieza folletinesca de Rojas Palacios es, propiamente, una exposición de momentos culminantes en la vida de los muchachos que quieren ser toreros o de aquellos que logran encumbrarse y que por falta de administración y, fundamentalmente de talento,se despeñan en el fracaso y en el olvido, sin curarse, por esto, del mal de montera.
El relato taurino más famoso, llevado después al teatro, es la célebre obra Carmen (1847), de Merimée. Después están La torera, de Jean de la Hire ( 1902 ); Oro, seda, sangre y sol (1914), de Antonio de Hoyos y Vinet; Currito de la Cruz, de Lugín y Linares Rivas (1921); El embrujo de Sevilla, de Carlos Reyles (1922); La mujer, el torero y el toro, de Alberto Insúa (1926), y veinte tantas más, hasta nuestros días. Olvidaba Las águilas, de López Pinillos. Bien, todas ellas exponen la atracción que sobre la mujer ejerce el espectáculo de la tauromaquia y su actor máximo, el torero, atracción de rancio abolengo, sentida ya por las damas romanas, y que se explica por el prestigio del valor físico del espada, por la virtud afrodisíaca de la sangre vertida y por cierta correlación oscura, pero innegable, entre la mujer y el toro, enemigos y presuntas víctimas del hombre en sus respectivos palenques; todo ese complejo, en fin, de amorosos abismos, dignos de estudios freudianos. Poco de esto hay en la pieza de Jaime Rojas Palacios, que nos muestra el tejido taurino al revés, con sus intimidades angustiosas, sus desengaños, sus intrigas y ... ese tipo de periodista que en nuestro tiempo taurino no existía y nos llena de vergüenza contemplarlo en escena. La pieza está dialogada con fluidez, pero adolece de construcción teatral deficientísima. Como obra de teatro, falla. Como folletín teatral, cumple. Muchas de sus escenas interesan por la miseria moral que exhiben.
Los personajes que intervienen en este folletín de teatro son anecdóticos; y, como es natural, el desarrollo de la acción camina humillada por la anécdota.
La interpretación es también anecdótica. Actúa como primer actor Germán Robles, que logra dar una justa y cabal idea de la fatuidad, vaciedad y falta de seguridad de los ídolos taurinos improvisados y tontos. Germán Robles se atrevió con la dirección de la obra y a él hay que cargarle errores y aciertos, más de aquéllos que de éstos, aun en el tipismo que es característica fundamental de esta pieza. Fernando Luján se comporta con sobria humanidad. Los demás son muñecos en manos del autor, por mucho que hayan sido arrancados de la realidad. Cumplen o se despeñan en este orden: Guillermo Zetina, Sergio Jurado, Jaime Jiménez Pons, Antonio Corona, Mario Chávez, Mario Vega y Justo Solís. Luce guapa Guillermina Téllez Girón. La escenografía no se pierde de vista.