Y quisieron ser toreros de Jaime Rojas Palacios, en el Arcos Caracol Armando de Maria y Campos |
Abundan las novelas de la torería. En cambio, escasean las obras dramáticas con temas taurinos, y es natural, por que el misterio vinculado en los gestos crueles del trágico arte taurino, y al mismo tiempo los recursos emocionales que puede brindar al escritor la llamada fiesta brava, son más fáciles de llevar al relato que a la escena, necesariamente limitada. Sin embargo, es larga la bibliografía escénica taurina, cuyos máximos exponentes contemporáneos serían Currito de la Cruz de Alejandro Pérez Lugín y Manuel Linares Rivas, y Sol y sombra de Quintero y Guillén. |
El relato taurino más famoso, llevado después al teatro, es la célebre obra Carmen (1847), de Merimée. Después están La torera, de Jean de la Hire ( 1902 ); Oro, seda, sangre y sol (1914), de Antonio de Hoyos y Vinet; Currito de la Cruz, de Lugín y Linares Rivas (1921); El embrujo de Sevilla, de Carlos Reyles (1922); La mujer, el torero y el toro, de Alberto Insúa (1926), y veinte tantas más, hasta nuestros días. Olvidaba Las águilas, de López Pinillos. Bien, todas ellas exponen la atracción que sobre la mujer ejerce el espactáculo de la tauromaquia y su actor máximo, el torero, atracción de rancio abolengo, sentida ya por las damas romanas, y que se explica por el prestigio del valor físico del espada, por la virtud afrodisiaca de la sangre vertida y por cierta correlación oscura, pero innegable, entre la mujer y el toro, enemigos y presuntas víctimas del hombre en sus respectivos palenques; todo ese complejo, en fin, de amorosos abismos, dignos de estudios freudianos. Poco de esto hay en la pieza de Jaime Rojas Palacios, que nos muestra el tejido taurino al revés, con sus intimidades angustiosas, sus desengaños, sus intrigas y ... ese tipo de periodista que en nuestro tiempo taurino no existía y nos llena de vergüenza contemplarlo en |
escena. La pieza está dialogada con fluidez, pero adolece de construcción teatral deficientísima. Como obra de teatro, falla. Como folletín teatral, cumple. Muchas de sus escenas interesan por la miseria moral que exhiben. |