FICHA TÉCNICA



Título obra Parecido a la felicidad

Autoría Eugéne Ionesco

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Magda Donato, Carlos Ancira

Espacios teatrales Teatro Arcos Caracol




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Las sillas de Eugenio Ionesco en el teatro Arcos Caracol". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Las sillas de Eugenio Ionesco en el teatro Arcos Caracol

Armando de Maria y Campos

Desde La cantante calva, montada por Nicolás Bataille, en 1951, las obras de Ionesco casi no han dejado de aparecer en los carteles de los teatros de vanguardia de lado izquierdo del Sena (París), antes y después lo mismo en Bruselas que en Magreb, en México o en Tel Aviv. Eugenio Ionesco es uno de los proveedores más originales y más fecundos de las llamadas escenas de vanguardia. Desde que una joven compañía reveló su primera obra La cantante calva, casi no ha dejado de manifestarse: La lección, en el Théâtre de Poche, en 1951; Las sillas, en el Nouveau Lancry; Víctimas del deber, en 1953; Amedée o Como deshacerse de ello, en el Théâtre Babylone, en 1954; Jacques, en La Huchett en 1955. Tiene sobre un nuevo teatro que él cree necesario, ideas muy concretas, que no es posible olvidar ahora que con casi una década de retraso llega a nosotros su discutida y desconcertante pieza Las sillas.

"No hay teatro de minorías –dice– que no pueda volverse teatro de mayorías. Los pseudoprogresistas han dicho muy a menudo que el teatro de Anouilh no era accesible más que para un público burgués; ahora alcanza éxitos rotundos entre públicos de minorías; Hudiberti, Beckett, Ghelderode, pueden representarse delante de todos los públicos. No creo mucho en una crisis debida a las circunstancias económicas o históricas desfavoreciendo a la creación teatral. Pues lo que caracteriza a la humanidad es que se encuentra en estado de crisis permanente. Sabemos, desde hace tiempo, que el hombre es "el animal enfermo", el único ser descontento de su condición. Por esta razón tiene una historia. Por el contrario, el arte, la literatura, el teatro, están en crisis cuando ya no son la expresión de la crisis permanante del hombre. Querer un teatro sano, confortable, comprensible, es querer rematarlo..."

A mí, el teatro de Ionesco me desconcierta como un retrato de Picasso. Advierto en el teatro de Ionesco cierta tristeza que se disimula tras la risa. Hace tiempo que se ha descubierto que Alceste, Tartufo o Chaplin no eran cómicos. Cuando esa "alegría-triste" no es inmediatamente risible, como fue en el caso de Candilejas, se desconfía. El teatro de Ionesco como que rechina un poco; el lenguaje se derrumba; los personajes tienen varios matices, sin duda, pero, ya lo dije, como en ciertos retratos de Picasso. Los de Las sillas son un par de viejos que reciben personajes imaginarios, llenando el escenario de sillas vacías, privando así a los espectadores de un espectáculo deslumbrante por su comparsería. En otra obra una boda termina en match de rugby obsceno. Por supuesto, todo lo que Ionesco lleva a la escena ha sido hecho para tranquilizar, y por eso inspira desconfianza al espectador de buena fe, que, por cierto, no es el que el autor busca. Ionesco quiere alcanzar a ratos el lirismo cómico-trágico-melancólico de los clowns. Las lágrimas, las patadas en el trasero, las bofetadas, todo es falso, pero la irrisión del dolor es el peor dolor. Los clowns –salvo cuando se trata de Chaplin– "machacan"; utilizan un lenguaje convencional que no debe nada al lenguaje verdadero, son la irrisión del público. Hasta incluso por irrisión, Ionesco es un escritor. Con Las sillas ha sobrepasado lo que les hubiese bastado a los insulsos aficionados a lo absurdo del music-hall. El lenguaje ya no se desvirtúa de su sentido para hacer reír, para volver a encontrar uno de sus funcionamientos más antiguos, aquél de la imaginación del sueño mezclado a la realidad, del pasado que se cuenta y del futuro que se teme. No siempre Ionesco alcanza esta tesitura. Pero él aprovecha el "chance", suerte y riesgo del teatro, y dice desde su tribuna todo cuanto siente y piensa. Abre nuevos caminos y por ellos transitan lo mismo los ingenuos, que los pedantes o los necios, y también los inteligentes. Es sincero Ionesco cuando dice: "Cada poeta puede encontrar en cada momento histórico, la expresión renovada del malestar, del dramatismo fundamental de nuestra condición. Nuestra época no está, pues, menos favorecida que otra en lo que a esto respecta: ofrece simplemente a la obra de arte de su carácter".

Es modesta la presentación de Las sillas, en el teatro Arcos-Caracol, salvo las intervenciones o fondos musicales, que son estupendos. Clara y sencilla la dirección de Alejandro, Magda Donato está sencillamente eminente –conozco el valor y la responsabilidad del término–; se encuentra en la cima emocional de su carrera. Carlos Ancira, actor más inteligente que sensible, logra, igualmente, una actuación muy notable.