FICHA TÉCNICA



Título obra El hombre que yo maté

Notas de Título L'Hommme que I'ai fait naitre (título en el idioma original)

Autoría Maurice Rostand

Notas de autoría Enrique Alonso / adaptación

Dirección Enrique Alonso

Elenco Pilar Sen, Carmen Molina, Lorenzo de Rodas, Guillermo Zetina

Espacios teatrales Teatro de La Esfera




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de El hombre que yo maté de Mauricio Rostand, en el teatro Esfera". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de El hombre que yo maté de Mauricio Rostand, en el teatro Esfera

Armando de Maria y Campos

Todas las guerras han tenido –y tienen– su estilo. La ferocidad de los hombres y el odio administrado de los pueblos se manifiestan cada vez con mayor crueldad y mejor técnica para destruirse en cada guerra. La gran conflagración que en 1914 sacudió a casi toda Europa, no se parece en nada a la que, años después, desencadenaron los nazis. La guerra del 14 no destruyó de pronto y por completo la organización social y los conceptos humanos que imperaban hasta el momento de su estallido. Se conservaron muchos valores humanos. El espíritu de la posguerra penetró en el cinematógrafo, en la novela y en el teatro y desde allí envió su mensaje, casi siempre amargo, angustioso...

También cada guerra hereda un teatro. La de 1914 dio a la escena El hombre que yo maté de Maurice Rostand; Los mercaderes de gloria de Paul Nivoix y Marcel Pagnol; La tumba bajo el Arco del Triunfo de Paul Raynal; El viajero sin equipaje de Anouilh, entre otras cosas. La pieza de Rostand fue llevada a la pantalla con el título de Remordimiento y representada en español en Sudamérica. L'Hommme que I'ai fait naitre es una pieza dramática importante y fue estrenada en París, en 1932. El autor hace una evocación épica –este es el calificativo que le da– en la que vibra el hermoso pensamiento de que la acción de los muertos ha de impedir que los vivos se batan, idea difícil de materializar, que el autor no logró plenamente, considerándose entonces un intento como un producto de inspiración real y generosa, pero inútil, como se vio después, y hallando en ella la crítica facilidad y felicidad de expresión y en particular, una especie de infantilismo espiritual y sentimental que confunde y desorienta al espectador. Los años la han dejando convertida en un melodrama... propio para televisión. Hace unas cuantas semanas nuestra televisión ofreció a su público una adaptación, y esto movió al director Enrique Alonso a llevarla al escenario del teatro Esfera, adaptándola –error y horror– a estos últimos años. Resulta falsa la historia, porque los hombres pelearon en 1916 en distinta forma a como lo hicieron en 1942. Los "boches" fueron otra cosa, distinta de los años después vinieron a significar para la civilización los nazis. El conflicto sentimental, el remordimiento, el hueco que en el hogar deja el joven soldado sacrificado, pueden ser de todos los tiempos: pero para que el melodrama de Rostand, hijo, pueda representarse ahora como documento, es preciso que no se le arranque el año en que murió el joven alemán Herman Melber. He creído oportuno referir estos detalles para evitar la desorientación que, tal vez por desdén al tema, cultivan hasta los cronistas veteranos.

La adaptación es... como todas las adaptaciones. Hay que tener en cuenta que los adaptadores creen que el público carece de sentido común. La dirección de Enrique Alonso es muy eficaz y la interpretación muy profesional de parte de Pilar Sen, Carmen Molina y Lorenzo de Rodas, Guillermo Zetina, que interviene en actuación especial, se desenvuelve discreto y en ocasiones indeciso. La escenografía no carece de ambiente.