FICHA TÉCNICA



Título obra Un tigre a las puertas

Notas de Título La guerra de Troya no sucederá / (título original)

Autoría Jean Giraudoux

Notas de autoría Xavier Villaurrutia y Agustín Lazo / traducción

Dirección Ignacio Retes

Elenco Ignacio López Tarso, Rafael Llamas, Carlos Fernández, Rafael Estrada, Aarón Hernán, Agustín Suaret, Raúl Valerio, Manuel Aguiluz, Felipe Cueto Ruiz, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz,Carlos F. Pouliot, Manola Saavedra, Yolanda ciani, Erna Marta Bauman, Ana María Blanch

Escenografía Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola del IMSS




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Un tigre a las puertas de Giraudoux, en Xola". Novedades, 1960. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Un tigre a las puertas de Giraudoux, en Xola

Armando de Maria y Campos

La dirección de los teatros del Instituto Mexicano del Seguro Social, por ahora dos, el Xola en la avenida que le da el nombre, y el Tepeyac, en la calzada de Guadalupe, cerca de la colina guadalupana, ha elegido como segunda obra del repertorio que formará con el tiempo para con él nutrir las carteleras de sus mencionados centros de espectáculos, la muy importante de Jean Giraudoux: La guerre de Troie n`aura pas lieu, escrita y representada en 1935 y que aún permanecía inédita para nosotros como representación. La vigilante curiosidad de dos autores mexicanos, Xavier Villaurrutia y Agustín Lazo, aquél también poeta, crítico y novelista, y éste además pintor y escenógrafo, los llevó a traducir la pieza de Giraudoux que, editada, tuvo una difusión relativamente reducida. La guerra de Troya no sucederá (o no se llevará al cabo) concebida por Giraudoux en las vísperas de la gran conflagración mundial que comenzaría poco después en España, es un intento pacifista escrito con el propósito de impedir que por motivos en realidad de política los hombres se maten unos a otros y en gran escala.

En Europa, La guerra de Troya no sucederá fue recibida con interés literario y escepticismo pacifista, pero su éxito no fue escaso y esto dio motivo para que el dramaturgo inglés Christopher Fry hiciera una versión al inglés, titulándola: El tigre a las puertas –se refería, muy probablemente a Hitler–, que no recuerdo si llegó a representarse en Londres y que alcanzó estimable éxito ante el público de Broadway, por cierto, ¡veinte años después de que la pieza de Giraudoux fuera presentada a los públicos de Europa! Con el título de la versión de Fry la pieza de Giraudoux ha sido ofrecida al público de México, pero la traducción que se usa es la de Villaurrutia y Lazo. Es preciso que el lector acucioso tenga en cuenta esta circunstancia para evitar una confusión que no tenía por qué provocar la dirección de los teatros del Seguro Social.

Después de exterminar a un pueblo belicoso, Héctor retorna a Troya con un ejército fatigado que odia la guerra, a la que encuentra fea y falsa. Se apresta a cerrar formalmente las puertas de la guerra, pero Troya está agitada porque el galante Paris ha raptado a Elena, esposa del rey Menelao, y los griegos, irritados, han enviado un ejército para reclamarla. Los troyanos están decididos a retener entre ellos a Elena, cuya belleza los ha cautivado. Pero Héctor, consciente de la locura de este acto, resuelve que Elena sea devuelta. Las pasiones colectivas están ya en ebullición. La conquista de Paris se ha convertido en la conquista de Troya y renunciar a ella les parece un ultraje al honor nacional. Héctor no cede a pesar de las injurias que le dirigen, y cuando le exigen pronunciar el discurso que, en su calidad de general vencedor, le corresponde decir en honor de los muertos, pronuncia las palabras más bellas y patéticas que la guerra haya inspirado a un poeta. A partir de este momento, el drama se precipita hacia su desenlace, saturado de ornamentos, de episodios diferentes y de sibilinas disertaciones sobre el amor, en que se condena la alquimia especial de la literatura de Giraudoux.

Un tigre a las puertas está presentada y realizada en el teatro Xola como un espectáculo excepcional, con las naturales, muy ligeras, fallas en toda producción ambiciosa. Esta vez el texto de Giraudoux-Villaurrtia-Lazo se adelanta a la escenografía de Julio Prieto, y toma su lugar como elemento básico. La escenografía de Julio Prieto, compuesta en dos escenarios de imponente majestuosidad, es impresionante, una de las mejores que le conozco, por la sencillez y la proporción de los volúmenes, y por la geométrica y lógica distribución de los diversos planos en que se mueven los actores. La disposición de estos múltiples planos es extraordinaria. La escenografía corresponde en todo a un vestuario estilizado con propiedad histórica, que hace lucir al personaje, que no distrae su carácter y que es rico dentro del convencionalismo teatral. Un grupo de actores de reconocida calidad cubre el reparto de este poema contra la guerra y obtiene una interpretación de singular mérito. Ignacio López Tarso, en primer término, cuya figura y dicción están en su mejor punto, en particular ésta. López Tarso crea materialmente el personaje de Héctor y lo dice con riqueza de matices emocionales y con perfecto conocimiento del valor que tienen los silencios. López Tarso es, sin duda, nuestro primer gran actor y con su Héctor confirma esta excepcional categoría. El grupo de actores que intevienen lo hace con un espíritu responsable de colaboración, y es difícil encontrar fallas en conjunto o en detalle. Rafael Llamas, como Ulises, dio magnífica réplica a López Tarso al final del tercer acto; Carlos Fernández, con dicción ligeramente atropellada, cumplió ampliamente, y sin baches de ninguna especie dijeron sus partes y actuaron, habitando sus personajes, Rafael Estrada (el poeta), Aarón Hernán (Priamo), Agustín Suaret (Busiris), Raúl Valerio, Manuel Aguiluz, Felipe Cueto Ruiz, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz y Carlos F. Pouliot.

Cuatro actrices intervinieron para interpretar a cuatro personajes fundamentales en este juego poemático: Manola Saavedra, como Andrómaca, Yolanda Ciani como Casandra, Erna Marta Baumann como Elena y Ana María Blanch como Hécuba. La importancia de sus personajes no corresponde, desgraciadamente, a la calidad de sus interpretaciones. No es el más importante personaje femenino el que interpreta Anita Blanch, pero es, por razones obvias, el mejor dicho y el más serenamente actuado. Manola Saavedra actúa con indiscutible discreción, luce hermosa y cumple como actriz responsable. A Yolanda Ciani, de turbadora belleza, le faltó un acento dramático: el misterioso, como noche sin luna, de las voces sibilinas. El papel de Elena de Troya fue repartido a la señorita Erna Marta Baumann, que no logró darle vida real, primero, porque no entendió la histórica importancia de esta sensual y pervertida hetera de su mundo, y la realizó como una coquetilla común y corriente de estos días, y, luego, porque su dicción es lisa, lisa como la superficie de un lago en una noche sin viento.

La dirección de Ignacio Retes es correcta, ceñida al original y muy profesional ya.