Un tigre a las puertas de Giraudoux, en Xola Armando de Maria y Campos |
La dirección de los teatros del Instituto Mexicano del Seguro Social, por ahora dos, el Xola en la avenida que le da el nombre, y el Tepeyac, en la calzada de Guadalupe, cerca de la colina guadalupana, ha elegido como segunda obra del repertorio que formará con el tiempo para con él nutrir las carteleras de sus mencionados centros de espectáculos, la muy importante de Jean Giraudoux: La guerre de Troie n`aura pas lieu, escrita y representada en 1935 y que aún permanecía inédita para nosotros como representación. La vigilante curiosidad de dos autores mexicanos, Xavier Villaurrutia y Agustín Lazo, aquél también poeta, crítico y novelista, y éste además pintor y escenógrafo, los llevó a traducir la pieza de Giraudoux que, editada, tuvo una difusión relativamente reducida. La guerra de Troya no sucederá (o no se llevará al cabo) concebida por Giraudoux en las vísperas de la gran conflagración mundial que comenzaría poco después en España, es un intento pacifista escrito con el propósito de impedir que por motivos en realidad de política los hombres se maten unos a otros y en gran escala.
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y falsa. Se apresta a cerrar formalmente las puertas de la guerra, pero Troya está agitada porque el galante Paris ha raptado a Elena, esposa del rey Menelao, y los griegos, irritados, han enviado un ejército para reclamarla. Los troyanos están decididos a retener entre ellos a Elena, cuya belleza los ha cautivado. Pero Héctor, consciente de la locura de este acto, resuelve que Elena sea devuelta. Las pasiones colectivas están ya en ebullición. La conquista de Paris se ha convertido en la conquista de Troya y renunciar a ella les parece un ultraje al honor nacional. Héctor no cede a pesar de las injurias que le dirigen, y cuando le exigen pronunciar el discurso que, en su calidad de general vencedor, le corresponde decir en honor de los muertos, pronuncia las palabras más bellas y patéticas que la guerra haya inspirado a un poeta. A partir de este momento, el drama se precipita hacia su desenlace, saturado de ornamentos, de episodios diferentes y de sibilinas disertaciones sobre el amor, en que se condena la alquimia especial de la literatura de Giraudoux. |
están en su mejor punto, en particular ésta. López Tarso crea materialmente el personaje de Héctor y lo dice con riqueza de matices emocionales y con perfecto conocimiento del valor que tienen los silencios. López Tarso es, sin duda, nuestro primer gran actor y con su Héctor confirma esta excepcional categoría. El grupo de actores que intevienen lo hace con un espíritu responsable de colaboración, y es difícil encontrar fallas en conjunto o en detalle. Rafael Llamas, como Ulises, dio magnífica réplica a López Tarso al final del tercer acto; Carlos Fernández, con dicción ligeramente atropellada, cumplió ampliamente, y sin baches de ninguna especie dijeron sus partes y actuaron, habitando sus personajes, Rafael Estrada (el poeta), Aarón Hernán (Priamo), Agustín Suaret (Busiris), Raúl Valerio, Manuel Aguiluz, Felipe Cueto Ruiz, Héctor Andremar, José Carlos Ruiz y Carlos F. Pouliot. |