FICHA TÉCNICA
Título obra Fausto
Autoría Johann Wolfgang Goethe
Dirección Heinrich Koch
Grupos y Compañías Teatro de Cámara de Alemania
Notas de grupos y compañías Reinhold K. Olszewski / director
Elenco Wolfgang Haller, Petra Zander, Reinhold K. Oslzewski
Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "La presentación en Bellas Artes del Teatro Cámara de Alemania". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
La presentación en Bellas Artes del Teatro Cámara de Alemania
Armando de Maria y Campos
Al medio día del miércoles último, ocho horas antes de la presentación en México del Teatro de Cámara de Alemania, el director de este conjunto fundado hace diez años en Santiago de Chile, Reinhold K. Olszewski, citó a una conferencia de prensa en el hotel donde el conjunto se hospeda y a ella asistieron la mayoría de los cronistas de teatro profesionales de México. El actor y director Olszewski explicó brevemente que en los diez años transcurridos desde su fundación, el Teatro de Cámara de Alemania ha podido contar con actores profesionales de los mejores teatros de aquel país, entre los cuales pueden mencionarse a Hans Moser, Zarah Leander, Víctor de Kowa y a Werner Finck. También refirió cómo el Teatro de Cámara de Alemania ha realizado varias giras desde Puerto Montt, al sur del Chile, a Valparaíso y Santiago de la propia república, y a Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. En México se presenta bajo los auspicios de la honorable embajada de la República Federal de Alemania. Agotada la explicación, el señor Olszewski declaró estar dispuesto a responder preguntas, que le llovieron de inmediato como fuego graneado, y por sus respuestas nos enteramos de que el precio promedio de una butaca en Alemania es de tres a siete dólares y en ocasiones hasta de cuarenta centavos, si el espectador pertenece a organismos sindicales; que el actor alemán es profesional, y que los trabajadores manuales son empleados del Estado. No faltaron las preguntas conmovedoramente ingenuas: ¿existe la censura en Alemania?, ¿es respetada la crítica en Alemania?, ¿se invita a los críticos a los estrenos? Algunos sentíamos enrojecer la cara de vergüenza.
En rigor de verdad, pocos saben lo que pasa en Alemania en materia teatral, pero nadie debe ignorar que los alemanes de todo hacen teatro. Esta afición obedece a razones históricas; Alemania la heredó, con su aparato inherente, de los antiguos príncipes reinantes, para quienes, por pequeño que fuera su territorio, el teatro formaba parte de la "representación". Esto explica que al convertirse Alemania en república, continuara el nóbile officium del fomento del teatro y el afán de emulación entre los hasta entonces focos de la vida teatral. Ni las tendencias centralistas, ni el cine, han impedido que se siguieran aportando sacrificios para conservar esta tradición, pues reconociendo que un teatro puramente comercial cumple con su misión artística de una manera incompleta, los principales escenarios pasaron al Estado y a los municipios, gozando de subvenciones, y de casi la exención de impulsos. El hecho de que el público vea con buenos ojos estos procedimientos, habla de algo más que de una mera costumbre. Desde su cuna el teatro en Alemania participó muy en serio en la educación del hombre alemán, y desde Lessing a Goethe y Schiller todas las figuras –empresarios, directores, actores– dedicaron con entusiasmo su actividad al teatro formativo. El teatro en Alemania importa no solamente a quienes lo hacen, sino también a la nación. Quien en el arte ve un lujo, no comprende su peculiar función dentro de la totalidad del orden humano.
Después de 1945 todo empezó de nuevo también en los escenarios alemanes, y con enormes dificultades. Los edificios en ruinas, quemados los vestuarios, lo poco que quedaba incautado, dificultades para la formación de conjuntos, ruinas y hambre por doquier y hasta 1948, cada trozo de lienzo y cada clavo un tesoro. Y el hecho de que en medio de tanta penuria y escasez de viviendas, no se protestara en público contra la restauración o construcción de teatros, es una prueba de la infinita necesidad que tenían los alemanes de su consuelo. No es una exageración llamar "tiempos heroicos del teatro alemán" aquellos en que a veces durante los ensayos los actores caían desmayados por inanición y los espectadores, envueltos en abrigos y mantas, llenaban los teatros hasta la última localidad. Hace diez años el Teatro de Cámara de Hamburgo representó María Estuardo, de Schiller –segundo programa de su temporada en México–, y la escasez de medios obligó a utilizar para la confección de los trajes de las reinas, que lo fueron las actrices Ida Ehree Hilde Krahl, sacos de yute estampado y papel. En próximas crónicas me referiré a otros aspectos del teatro de la Alemania de la postguerra.
El Teatro de Cámara de Alemania hizo su presentación con Fausto, de Goethe, según escenificación de Heinrich Koch. Por supuesto, la primera parte. Hay quienes de Fausto sólo conoce la versión en ópera, con música de Gounod. Sería útil recordar algo de la historia de esta obra maestra, considerada como "el mayor monumento poético de los tiempos modernos". La primera idea de este poema fue sugerida a Goethe por la leyenda medieval de un personaje que vende su alma al diablo para que le sea concedido conocer todo el sabor y todo el placer, toda la ciencia y todo el amor de la existencia terrenal. Goethe traza el proyecto de esta obra en 1788, y la primera parte se estrena en 1829, pero hacía siglos que esa historia se representaba en Alemania en los teatros de títeres. En fin, la historia es larga y el espacio corto.
El Teatro de Cámara de Alemania la presenta con una sobriedad impresionante. Economía de espacio, reducida el área de actuación a un círculo; vestuario en tonos opacos e iluminación de irrealidad bien lograda. Es difícil, sin conocer el idioma, acertar en el juicio crítico inmediato. Tal vez el cronista se atreva a precisarlo al final de la temporada. Adelantemos, por ahora, que el Fausto de Olszewski es sobrio, adusto, casi exacto, si pudiera aplicarse este término a un dominio de la actuación. Wolfgang Haller compuso un Mefistófeles ágil e inquieto y la bella Petra Zander cautivó con su Gretchen de conmovedora ternura. A los demás actores ya los iremos descubriendo en las otras cuatro funciones que integrarán esta breve e instructiva temporada de teatro alemán hecho por alemanes.