La presentación en Bellas Artes del Teatro Cámara de Alemania Armando de Maria y Campos |
Al medio día del miércoles último, ocho horas antes de la presentación en México del Teatro de Cámara de Alemania, el director de este conjunto fundado hace diez años en Santiago de Chile, Reinhold K. Olszewski, citó a una conferencia de prensa en el hotel donde el conjunto se hospeda y a ella asistieron la mayoría de los cronistas de teatro profesionales de México. El actor y director Olszewski explicó brevemente que en los diez años transcurridos desde su fundación, el Teatro de Cámara de Alemania ha podido contar con actores profesionales de los mejores teatros de aquel país, entre los cuales pueden mencionarse a Hans Moser, Zarah Leander, Víctor de Kowa y a Werner Finck. También refirió cómo el Teatro de Cámara de Alemania ha realizado varias giras desde Puerto Montt, al sur del Chile, a Valparaíso y Santiago de la propia república, y a Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. En México se presenta bajo los auspicios de la honorable embajada de la República Federal de Alemania. Agotada la explicación, el señor Olszewski declaró estar dispuesto a responder preguntas, que le llovieron de inmediato como fuego graneado, y por sus respuestas nos enteramos de que el precio promedio de una butaca en Alemania es de tres a siete dólares y en ocasiones hasta de cuarenta centavos, si el espectador pertenece a organismos sindicales; que el actor alemán es profesional, y que los trabajadores manuales son empleados del Estado. No faltaron las preguntas conmovedoramente ingenuas: ¿existe la censura en Alemania?, ¿es respetada la crítica en Alemania?, ¿se invita a los críticos a los estrenos? Algunos sentíamos enrojecer la cara de vergüenza. |
formaba parte de la "representación". Esto explica que al convertirse Alemania en república, continuara el nóbile officium del fomento del teatro y el afán de emulación entre los hasta entonces focos de la vida teatral. Ni las tendencias centraliantes, ni el cine, han impedido que se siguieran aportando sacrificios para conservar esta tradición, pues reconociendo que un teatro puramente comercial cumple con su misión artística de una manera incompleta, los principales escenarios pasaron al Estado y a los municipios, gozando de subvenciones, y de casi la exención de impulsos. El hecho de que el público vea con buenos ojos estos procedimientos, habla de algo más que de una mera costumbre. Desde su cuna el teatro en Alemania participó muy en serio en la educación del hombre alemán, y desde Lessing a Goethe y Schiller todas las figuras -empresarios, directores, actores- dedicaron con entusiasmo su actividad al teatro formativo. El teatro en Alemania importa no solamente a quienes lo hacen, sino también a la nación. Quien en el arte ve un lujo, no comprende su peculiar función dentro de la totalidad del orden humano. |
temporada en México-, y la escasez de medios obligó a utilizar para la confección de los trajes de las reinas, que lo fueron las actrices Ida Ehree Hilde Krahl, sacos de yute estampado y papel. En próximas crónicas me referiré a otros aspectos del teatro de la Alemania de la postguerra. |