FICHA TÉCNICA



Elenco Lucerito Tena

Espacios teatrales Salones de la embajada republicana española

Notas Comentarios sobre la bailarina Lucerito Tena y breve historia de la castañuela




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El arte castañuelista de Lucerito Tena". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El arte castañuelista de Lucerito Tena

Armando de Maria y Campos

En los salones de la embajada republicana española ha bailado Lucerito Tena, y ha tocado las castañuelas. Tuvimos el honor de ser invitados a oírla tocar y a verla bailar, acompañándose con las castañuelas. Lucerito Tena es una notable figura del baile español, pero, sobre todo, una extraordinaria castañuelista. Es mexicana, hija de padres mexicanos, nieta de emigrantes españoles. Está en el amanecer de su mejor época como castañuelista y bailadora. En Madrid, en sus clubes nocturnos, ha alcanzado resonantes triunfos durante largas temporadas. Porque es una artista de excepción, merece ser juzgada en forma distinta a tan buenas bailarinas y bailaoras que se acompañan con las castañuelas.

Yo digo, con el privilegio que me da mi añeja experiencia, que quien no oyó cantar a Caruso, no vio torear a Gaona y no estuvo presente en los recitales de danza de Antonia Mercé, Argentina, no sabe lo que es bueno. Los tres, cada uno con su arte extraordinario, fueron únicos, son únicos e inolvidables. ¿Por qué? Nadie sabría decirlo, porque la reproducción eléctrica de la caricia de la voz de Caruso o del duende de las castañuelas de Antonia son irreproducibles; lo mismo los tances de Gaona, caricaturescamente retenidos por el cine primario de su tiempo. Se fueron con ellos como el aroma de la flor, como un iris que se deshace después de haber cumplido su misión de lucir sus siete colores al caer la tarde.

Como castañuelista, Lucerito Tena es extraordinaria; como bailarina, muy notable. Poco queda de ella de la discípula de Emilia Díaz; se ha encontrado a sí misma y baila por soleares y por alegrías con fina transparencia y línea del mejor gusto. Como castañuelista domina este difícil instrumento que, aparte Argentina, es de los más difíciles de esclavizar a la mano docta y de darle ángel, es decir, duende, misteriosa mixtura de vida –sangre–, espíritu, ritmo y alegría. Lucerito Tena es una admirable concertista de las castañuelas, con las que toca la mejor música clásica española, desde las melodías del padre Soler hasta las creaciones modernas de Halffter, pasando por Escarlati, hasta llegar en creación cimera a Debussy. En el recital que ofreció a un reducido y selecto auditorio en los salones de la embajada española, nos maravilló y esclavizó a un mismo tiempo, haciéndonos sentir el roce impalpable de las alas de la emoción.

Las castañuelas tienen desde hace mucho tiempo un carácter verdaderamente nacional en España. Los pueblos de la antigua Bética usaban ya conchas marinas que hacían el oficio de castañuelas y se llamaban entonces crusmatas. Pero, en lógica, la ascendencia de las castañuelas es más remota y sus raíces las encontramos en la danza teatral que comenzó en Grecia. Las bailarinas griegas llevaban sandalias de madera o de hierro, y era su arte taconear candenciosamente y bracear con soltura, haciendo repiquetear con sus manos inquietas las conchas de ostras o de otros moluscos, de las que para tal acto iban provistas. No puede extrañarnos esta invención de los crótalos griegos, pues las mejores bailarinas eran andaluzas, y aquella célebre Telethusa, la más célebre de todas, era gaditana. Los vasos griegos, las estatuillas de Tanagra, las terracotas cyrenaicas, los vestigios esculturales de Myxina y los frescos de Pompeya, nos han legado de todo ello numerosos y variados documentos.

Los crótalos eran instrumentos largos con mango y lengüeta, mientras que los crusmatas eran de dos mitades redondas y unidas por un cordón como las castañuelas actuales. Los crótalos se hicieron primeramente de una caña hendida a lo largo, cuyas dos partes se abrían y cerraban como un pico de cigüeña, y recordaban su graznido, y de aquí proviene el significativo nombre de crotalistria –tañedora de crótalo–, dado a esta ave. Posteriormente se hicieron estos instrumentos de madera, metal o de conchas marinas. Por lo común las castañuelas son dos, una para cada mano. Las dos piezas cóncavas de las castañuelas pueden ser de marfil, boj, granadillo, ébano u otra madera dura. Su sonido seco, rápido y alegre se presta a las más variadas indicaciones rítmicas. Detalle asombroso, debe haber la hembra para la mano derecha, con sonido más agudo que el macho, el cual se destina a la mano izquierda. Un francés, de apellido Hengel, publicó hace muchos años un Método para las castañuelas, en donde se explica cómo se obtienen los efectos de glisado, destacado, ondulado, trinos, redobles y arpegios. Perdió el tiempo, porque las castañuelas se tocan con duende, con ángel, y estoy cierto que Antonia no conoció el curioso método de Hengel. Tampoco a Lucerito Tena le ha hecho falta éste. Ni a Antonio Escudero, que le buscó a las castañuelas un toque nuevo que no le salía del alma, usándolas de cristal. El musicógrafo español Asenjo Barbieri tomó a broma el estudio por método de las castañuelas. Otros lo han tomado muy en serio, como aquel Florencio Agustín que escribió El Triunfo de las castañuelas, o como aquel otro, Alejandro Moya, que dio a las prensas Mi Viaje a Crotápolis.

Por ahora, mérito que nadie puede disputarle. Lucerito Tena es la mejor castañuelista en el amplio ámbito del mundo que cree en Jesucristo y habla en español.