FICHA TÉCNICA



Título obra Cuatro sonrisas de mujer

Autoría Luis Moreno

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Andrea Palma, Dulce María Serret (Tana Lynn), Dina de Marco, Carmen Prieto (La Chula), María Elena Cervantes, Antonio Raxel, Rafael Estrada, Enrique Aguilar

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Milán




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Cuatro sonrisas de mujer, en el teatro Milán". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Cuatro sonrisas de mujer, en el teatro Milán

Armando de Maria y Campos

El estreno de la segunda comedia profesional del joven autor Luis Moreno, titulada Cuatro sonrisas de mujer, en el teatro Milán la noche del viernes último, no resultó un suceso afortunado. Muchas circunstancias se conjugaron para que así fuera, sin tener en cuenta que la nueva producción del joven autor es de inferior calidad que aquella que tantas esperanzas nos hizo poner en el adolescente michoacano y que al final del año de su estreno mereció un premio de estimación muy considerado.

Luis Moreno prefirió para su nueva comedia un ambiente de la metrópoli o, mejor dicho, uno de esos ambientes que han venido a ser característicos de la vida metropolitana por su constante reproducción en recientes novelas de autores mexicanos, entre otras La estrella vacía y Casi el Paraíso, de Luis Spota; La región más transparente, de Carlos Fuentes, o El sol de octubre, de Rafael Solana, para no citar sino las más famosas de este género. El autor dramático Wilberto C. Cantón también prefirió este ángulo de la vida metropolitana para situar la acción de su pieza Los malditos, aún no representada en México, aunque editada o sepultada en alguna colección teatral. Sin poseer Moreno todavía la riqueza de lenguaje de que hacen gala en sus novelas Fuentes, Spota y Solana, y sin dominar, tampoco, la arquitectura o en último caso la carpintería de la construcción teatral, su comedia Cuatro sonrisas de mujer acusa tanteos y exhibe debilidades de construcción, de constitución y de expresión.

Luis Moreno imagina una madre viuda y sin escrúpulos, como tantas que la sociedad mexicana conoce por referencias o por experiencia, que prepara, educa y guía a sus tres hijas solteras por el fácil camino de vestir bien para desvestirse después, o de desvestirse primero para vestir bien después, ¡tanto monta!... No es un asunto atractivo, ni siquiera rico en posibilidades, el de una madre que convierte en "casa de niñas" la de sus niñas solteras, y recibe en ella a un famoso periodista especializado en columnas de sociedad, y a los amantes, ricos desde luego y casados además, y hasta al novio pobre y romanticón que, falto de moral y enamorado como un provinciano, acepta por amor el pasado, tormentoso por supuesto, de su novia, menor de veinte años.

El asunto elegido e ingenuamente desarrollado por Moreno, muy de nuestro tiempo y hasta de nuestros días, dialogando con pobreza de lenguaje, pero con exceso de frases de doble y aun triple sentido y con chistes de actualidad, está llevando a escena tan... fotográficamente, que en su fidelidad lleva su propia sentencia de actualidad intranscendente y fugaz. Algún espectador comentó a mis espaldas: "Esta comedieta debería llamarse Las malditas". No tanto, digo yo, pero sí podría aplicársele el título de una novela de Felipe Trigo, Las ingenuas, que los hombres de mi edad leímos por la década del veinte; las ingenuas eran chicas buenas que vivían como niñas malas. Quisiéramos que el joven y talentoso Luis Moreno volviera a sus temas provincianos o que no creyera tan a pie juntillas en los éxitos editoriales de Spota, Fuentes o Solana, porque el teatro es un género literario más ceñido y comprometido o, mejor dicho, más comprometedor.

Ni la dirección de la interpretación ayudan en nada a la endeble y divertida comedia de Moreno: A decir verdad, la dirección está puesta con alfileres. O don Luis G. Basurto no tuvo tiempo para hacer más, o don Luis G. Basurto no tiene aptitudes para dirigir una pieza en la que hay que profundizar un poco en la elemental sicología de los personajes y preparar con mente ágil y criterio firme la forma en que actúa o se mueve un grupo de personajes en el ámbito estrecho de tres paredes. ¿Será posible que don Luis G. Basurto carezca de un oído fino, capaz de advertir cuando las actrices no entonan o no hablan con claridad? ¿No se dio cuenta don Luis G. Basurto que las cuatro sonrientes mujeres no habían alcanzado a aprenderse las líneas de su papel, ni mucho menos el personaje que se les encargaba habitar? Las cuatro mujeres y los tres varones cruzaron por la obra como si pisaran sobre tachuelas de equivocaciones. Andrea Palma no logró salir airosa, a pesar de su dominio escénico. La hermosa Tanna Lynn se mostró extravagante en demasía –calzado y peluca–, demostrando igual que los toreros que torean poco, su falta de entrenamiento. Dina de Marco, hermosa y desenvuelta, inicia su carrera de actriz cómica persiguiendo un modelo impuesto en nuestro medio teatral por la hermosa Carmen Prieto, a quien se le conoce más por el mote de La Chula, que en ella es insustituible, porque es de nacimiento. A Dina de Marco le preocupa más cómo descubre o cómo cubre la magnífica escultura de su cuerpo, que la verdad –teatral– de lo que dice en escena. Finalmente, María Elena Cervantes está en el ABC de la actuación, de la dicción y aun de las equivocaciones; todo en ella es primerizo... teatralmente considerado. El equipo de actores, integrado por Antonio Raxel, Rafael Estrada y Enrique Aguilar reveló mayor responsabilidad, destacando Raxel por la sobria composición de su personaje. A Rafael Estrada le dieron un personaje borroso, así como a Enrique Aguilar uno fatalmente falso.

El escenógrafo David Antón salió del paso como pudo y no se puede decir que haya podido bien.