Estreno de Cuatro sonrisas de mujer, en el teatro Milán Armando de Maria y Campos |
El estreno de la segunda comedia profesional del joven autor Luis Moreno, titulada Cuatro sonrisas de mujer, en el teatro Milán la noche del viernes último, no resultó un suceso afortunado. Muchas circunstancias se conjugaron para que así fuera, sin tener en cuenta que la nueva producción del joven autor es de inferior calidad que aquella que tantas esperanzas nos hizo poner en el adolescente michoacano y que al final del año de su estreno mereció un premio de estimación muy considerado. |
primero para vestir bien después, ¡tanto monta!... No es un asunto atractivo, ni siquiera rico en posibilidades, el de una madre que convierte en "casa de niñas" la de sus niñas solteras, y recibe en ella a un famoso periodista especializado en columnas de sociedad, y a los amantes, ricos desde luego y casados además, y hasta al novio pobre y romanticón que, falto de moral y enamorado como un provinciano, acepta por amor el pasado, tormentoso por supuesto, de su novia, menor de veinte años.
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elemental sicología de los personajes y preparar con mente ágil y criterio firme la forma en que actúa o se mueve un grupo de personajes en el ámbito estrecho de tres paredes. ¿Será posible que don Luis G. Basurto carezca de un oído fino, capaz de advertir cuando las actrices no entonan o no hablan con claridad? ¿No se dio cuenta don Luis G. Basurto que las cuatro sonrientes mujeres no habían alcanzado a aprenderse las líneas de su papel, ni mucho menos el personaje que se les encargaba habitar? Las cuatro mujeres y los tres varones cruzaron por la obra como si pisaran sobre tachuelas de equivocaciones. Andrea Palma no logró salir airosa, a pesar de su dominio escénico. La hermosa Tanna Lynn se mostró extravagante en demasía -calzado y peluca-, demostrando igual que los toreros que torean poco, su falta de entrenamiento. Dina de Marco, hermosa y desenvuelta, inicia su carrera de actriz cómica persiguiendo un modelo impuesto en nuestro medio teatral por la hermosa Carmen Prieto, a quien se le conoce más por el mote de La Chula, que en ella es insustituible, porque es de nacimiento. A Dina de Marco le preocupa más cómo descubre o cómo cubre la magnífica escultura de su cuerpo, que la verdad -teatral- de lo que dice en escena. Finalmente, María Elena Cervantes está en el ABC de la actuación, de la dicción y aun de las equivocaciones; todo en ella es primerizo... teatralmente considerado. El equipo de actores, integrado por Antonio Raxel, Rafael Estrada y Enrique Aguilar reveló mayor responsabilidad, destacando Raxel por la sobria composición de su personaje. A Rafael Estrada le dieron un personaje borroso, así como a Enrique Aguilar uno fatalmente falso. |