FICHA TÉCNICA
Título obra Proceso a Jesús
Autoría Diego Fabbri
Dirección Elisamaría Ortiz
Grupos y Compañías Núcleo de Arte Teatral de Monterrey
Elenco Rubén González Garza, Humberto Duarte, Elvia Treviño Narro, Rodrigo H. González, Mercedes Farías de Coindreau, Blanca Torres, Carlos H. González, Raúl Montemayor Cárdenas, Josefina del Carmen Alanís, Jaime Contla, Eduardo Guerra, Santiago Coindreau, Enrique Almaraz, Laura Martínez, Amalia Garza González, Manuel Elozúa, Héctor Gómez, Ricardo de Loera, Jesús Sosa, Jorge Lozano
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Proceso a Jesús, por el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Proceso a Jesús, por el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey
Armando de Maria y Campos
A fines de la semana próxima pasada, recibí invitación del Núcleo de Arte Teatral de Monterrey para asistir al estreno en la capital reinera de la bellísima pieza Proceso a Jesús, de Diego Fabri, en función auspiciada por la Comisión Diocesana pro Seminario, de la propia ciudad de Monterrey. Me interesé desde luego por la invitación, porque siempre tuve la idea de que esta hermosa pieza del italiano Fabri había sido reformada con exceso cuando fue presentada en la sala Chopin, con un reparto que entonces dije creía ciento por ciento equivocado. Tomé el avión y vi el viernes 24 una de las más respetuosas y apasionantes creaciones teatrales en versión fidelísima, sin un corte y sin recurrir a torpes interpretaciones de efectos teatrales irreverentes, que los jóvenes regiomontanos bajo la enérgica, disciplinada y a la vez apasionada dirección de la actriz Elisamaría Ortiz, dieron a Proceso a Jesús.
El acierto de la actriz y directora Elisamaría Ortiz al montar Proceso a Jesús, tiene un arranque magnífico al dar a conocer las líneas con que Fabri explicó al público de Italia por qué y cómo escribió esta pieza de escándalo. Creo oportuno darlas a conocer, en parte, como proemio de la crónica que dedicaré a este suceso, y también porque fueron escamoteadas al público de la ciudad de México:
"El escritor grande o pequeño debe ser siempre un testigo de la verdad. Su compromiso real y su verdadera vocación deben, finalmente reducirse a esto: 'Ser un testigo apasionado de la verdad'. En efecto, hoy se llega hasta medir el drama de un escritor, según su encuentro con Cristo, puesto que Cristo me parece ser en la actualidad, más que nunca, el verdadero punto de contradicción de nuestra existencia y por ello su verdadero sentido dramático.
"Una nota que yo leí en una página de la vida de Cristo, me proporcionó una oportunidad inesperada. Esta nota decía que ya en 1929 juristas anglosajones se habían planteado el problema del Proceso a Jesús. Realmente más jurídico que religioso. Estos mismos juristas fueron más tarde a Jerusalén para abrir públicamente el debate como si tuviesen que resolver un caso de conciencia en presencia y con la participación del pueblo judío. Por último, el veredicto fue una absolución. Supe más tarde que los expedientes de este proceso existían efectivamente. Se trataba de un tema muy acertado para un debate teatral.
"Actualmente parece que la esperanza debe brotar del escándalo.
"Así, al nuevo teatro es necesario buscarle una piedra de escándalo que pueda convertirse en piedra ejemplar".
Un clima de interés, de curiosidad, de miedo también, se respiraba en la sala del teatro Montoya la noche del estreno, concurrido hasta cubrir casi totalmente su cupo, por familias de la mejor representación social y económica porque se había fijado a la luneta un precio elevado, dados los fines benéficos a que estuvo dedicada. Minutos antes de las nueve horas, el público todo se puso en pie cuando advirtió que entraba en una platea el Excmo. y Revmo. señor arzobispo de Monterrey, monseñor doctor Alfonso Espino y Silva, a quien acompañaban los sacerdotes Antonio de P. Ríos, Rubén Ríos, Juvencio González y Antonio Navarro. Monseñor saludó al público con afabilidad, invitándolo a tomar asiento, se hizo el obscuro en la sala, se abrió la cortina y dio principio la representación.
El público de México conoció, Proceso a Jesús, en versión adaptada, mutilada –para mí, en teatro, mutilación equivale a castración; una pieza castrada, es decir, mutilada, sencillamente no anda, no sirve para gran cosa–. Núcleo de Arte Teatral de Monterrey, la presentó íntegra, bien dicha y bien matizada, aún en los momentos de cólera por la traición de Judas o al aplicarse la polémica entre el sacerdote que sube al escenario, y el espectador que pretende darle réplica desde la sala, y que a la postre resulta un sacerdote frustrado. La acción fue ambientada desde el principio con antiguos cantos hebreos y la escenografía fue muy sobria, amparada toda ella por un ciclorama inmenso de color azul que daba la impresión de que la representación tenía lugar en una zona intermedia entre el pasado milenario y el presente turbulento que vivimos. El secreto de la dirección radica en que su directora, la señora Ortiz de González Garza, halló para cada personaje el tipo físico indispensable. Unos intérpretes están mejor que otros, como ocurre siempre. Rubén González Garza (Judas) está convertido en un gran actor, digno de cualquier escenario; Humberto Duarte dio gran vigor e intensidad dramática a su personaje, David, el fiscal acusador. Desde el público, instalada en una platea, se reveló actriz de posibilidades la bella señorita Elvia Treviño Narro, pero es justo mencionar los nombres de estos abnegados y empeñosos actores con insospechada responsabilidad profesional: Rodrigo H. González, Mercedes Farías de Coindreau, Blanca Torres, Carlos H. González, Raúl Montemayor Cárdenas, Josefina del Carmen Alanís, Jaime Contla, Eduardo Guerra, Santiago Coindreau, Enrique Almaraz, Laura Martínez, Amalia Garza González, Manuel Elozúa, Héctor Gómez, Ricardo de Loera, Jesús Sosa y Jorge Lozano.
La escenografía, muy sobria, con motivos hebreos que también podían ser mayas. Ya sabemos que los extremos se tocan.