Proceso a Jesús, por el Núcleo de Arte Teatral de Monterrey Armando de Maria y Campos |
A fines de la semana próxima pasada, recibí invitación del Núcleo de Arte Teatral de Monterrey para asistir al estreno en la capital reinera de la bellísima pieza Proceso a Jesús, de Diego Fabri, en función auspiciada por la Comisión Diocesana pro Seminario, de la propia ciudad de Monterrey. Me interesé desde luego por la invitación, porque siempre tuve la idea de que esta hermosa pieza del italiano Fabri había sido reformada con exceso cuando fue presentada en la sala Chopin, con un reparto que entonces dije creía ciento por ciento equivocado. Tomé el avión y vi el viernes 24 una de las más respetuosas y apasionantes creaciones teatrales en versión fidelísima, sin un corte y sin recurrir a torpes interpretaciones de efectos teatrales irreverentes, que los jóvenes regiomontanos bajo la enérgica, disciplinada y a la vez apasionada dirección de la actriz Elisamaría Ortiz, dieron a Proceso a Jesús.
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inesperada. Esta nota decía que ya en 1929 juristas anglosajones se habían planteado el problema del Proceso a Jesús. Realmente más jurídico que religioso. Estos mismos juristas fueron más tarde a Jerusalén para abrir públicamente el debate como si tuviesen que resolver un caso de conciencia en presencia y con la participación del pueblo judío. Por último, el veredicto fue una absolución. Supe más tarde que los expedientes de este proceso existían efectivamente. Se trataba de un tema muy acertado para un debate teatral. |
bien dicha y bien matizada, aún en los momentos de cólera por la traición de Judas o al aplicarse la polémica entre el sacerdote que sube al escenario, y el espectador que pretende darle réplica desde la sala, y que a la postre resulta un sacerdote frustrado. La acción fue ambientada desde el principio con antiguos cantos hebreos y la escenografía fue muy sobria, amparada toda ella por un ciclorama inmenso de color azul que daba la impresión de que la representación tenía lugar en una zona intermedia entre el pasado milenario y el presente turbulento que vivimos. El secreto de la dirección radica en que su directora, la señora Ortiz de González Garza, halló para cada personaje el tipo físico indispensable. Unos intérpretes están mejor que otros, como ocurre siempre. Rubén González Garza (Judas) está convertido en un gran actor, digno de cualquier escenario; Humberto Duarte dio gran vigor e intensidad dramática a su personaje, David, el fiscal acusador. Desde el público, instalada en una platea, se reveló actriz de posibilidades la bella señorita Elvia Treviño Narro, pero es justo mencionar los nombres de estos abnegados y empeñosos actores con insospechada responsabilidad profesional: Rodrigo H. González, Mercedes Farías de Coindreau, Blanca Torres, Carlos H. González, Raúl Montemayor Cárdenas, Josefina del Carmen Alanís, Jaime Contla, Eduardo Guerra, Santiago Coindreau, Enrique Almaraz, Laura Martínez, Amalia Garza González, Manuel Elozúa, Héctor Gómez, Ricardo de Loera, Jesús Sosa y Jorge Lozano. |