FICHA TÉCNICA
Título obra Detrás de la puerta
Autoría Federico S. Inclán
Dirección Virgilio Mariel
Elenco Francisco Jambrina, Juan José Martínez Casado, Guillermo Zetina, Claudio Brook, Mario García González, José Antonio Marrós, Rubén Calderón, Pilar Crespo (Pin), Aurora Alvarado
Escenografía David Antón
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Detrás de la puerta, de Federico S. Inclán". Novedades, 1959. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Detrás de la puerta, de Federico S. Inclán
Armando de Maria y Campos
Federico S. Inclán es el autor más teatral con que cuenta México. Sus comedias, sus farsas, sus dramas o sus vodeviles son específicamente teatrales. Inclán tiene el secreto de hacer teatro. ¿Buen teatro? ¿Mal teatro? Eso lo veremos con el tiempo. Ya en una ocasión lo comparé, guardando lógicas distancias con José Echegaray, novel español, cuya única preocupación fue hacer teatro sin importarle que después de que el telón había bajado el público reaccionara preguntándose el porqué de lo que había visto y aplaudido. Antecedente de Echegaray y, desde luego, de Inclán, es Eugéne Scribe, un gran autor francés (1791-1861), que sólo o en colaboración escribió de tres a cuatrocientos dramas, comedias, vodeviles, farsas, libretos de ópera que tuvieron en su época una enorme popularidad. ¿Cuál fue su secreto? El mismo de Echegaray y el mismo de Inclán: el "teatro puro" o para ser más claro, el "teatro teatral".
Inclán hace "teatro teatral". Como Scribe, como Echegaray, no tiene preocupaciones de arte ni de estilo ni de genuina humanidad; es un gran tejedor de intrigas, fecundo fabricante de invenciones teatrales y ya maestro en el arte de preparar lógicamente los acontecimientos y hacerlos estallar en el momento adecuado; creador de un "mundo" inexistente tanto en la realidad como en la fantasía.
Su más reciente obra, Detrás de la puerta, es la mejor prueba de lo que digo. Inclán lleva la acción de Detrás de la puerta, a una república sudamericana y se alza el telón en los instantes en que una rebelión que de pronto estalla contra el tiranuelo de esa republiquita, pone a un embajador mexicano ante un tremendo dilema de melodrama: el derecho de asilo característico de la política mexicana y el amor de su esposa, hija de ese país y... que lo ha venido engañando de muchos años atrás y nada menos que con el jefe de la rebelión que ha pedido asilo a la embajada mexicana. ¡Qué conflicto, lector! Pues bien. Fuera de la esencia de este aspecto de la política internacional de México, todo es falso en la obra, tan falso como la esposa del embajador. Este dice frases patrióticas y asume actitudes heróicas, pero no reacciona virilmente ante el evidente adulterio más o menos sentimental de su esposa; falso el personaje de la mujer y falsos también el del general Salido –por cierto que existe en la armada nacional un general de este apellido–; el del cabecilla Barreíro, el del canciller Otero y si no falso, por lo menos convencional, el del embajador norteamericano Mr. Goodrich. Otro personaje que sólo a ratos tiene perfiles verosímiles es el del periodista norteamericano. Pues bien, con estos personajes y con situaciones forzadas logra Inclán "teatro puro" o como tengo dicho antes, "teatro teatral". El más reacio a dejarse arrastrar por una situación de dudosa efectividad, no puede dejar de seguir la corriente del interés, de la emoción, del suspense. ¿Entregará el embajador de México al rebelde amante de su esposa? ¿Los revolucionarios de aquella república se atreverán a ametrallar –hecho inusitado– el edificio de la embajada asesinando a sus moradores? Lo cierto es que el público no se siente defraudado y aplaude a este autor, gran tejedor de intrigas.
Confiada la interpretación a actores de probada y reconocida profesionalidad ésta resulta excelente. Francisco Jambrina hace un buen embajador, y en todo momento parece un personaje de la vida real, representante de México en el extranjero en la práctica de su política de protección al perseguido político. Juan José Martínez Casado y Guillermo Zetina cumplen también creando personajes que no desentonan en el conjunto. Claudio Brook tipifica un corresponsal norteamericano audaz, oportuno y sensato, en tanto que Mario García González se apoya mucho en su físico para darle realidad convencional general Salido. José Antonio Marrós está bien sencillamente como el mayor Jiménez, en tanto que Rubén Calderón hace esfuerzos para darle humanidad a su difuso jefe de la rebelión fracasada. Pin Crespo se encuentra sin personaje que habilitar, y se salva por un oficio, en tanto que Aurora Alvarado revela condiciones para hacerse actriz. La escenografía de David Antón se limita a crear un set pintado de un blanco, hábida cuenta de que nos encontramos en un país cálido y de guayabera o filipina reglamentaria. Esta vez la dirección de Virgilio Mariel fue más sobria que nunca, y con esto está dicho que se limitó a servir a la obra.