Detrás de la puerta, de Federico S. Inclán Armando de Maria y Campos |
Federico S. Inclán es el autor más teatral con que cuenta México. Sus comedias, sus farsas, sus dramas o sus vodeviles son específicamente teatrales. Inclán tiene el secreto de hacer teatro. ¿Buen teatro? ¿Mal teatro? Eso lo veremos con el tiempo. Ya en una ocasión lo comparé, guardando lógicas distancias con José Echegaray, novel español, cuya única preocupación fue hacer teatro sin importarle que después de que el telón había bajado el público reaccionara preguntándose el porqué de lo que había visto y aplaudido. Antecedente de Echegaray y, desde luego, de Inclán, es Eugéne Scribe, un gran autor francés (1791-1861), que sólo o en colaboración escribió de tres a cuatrocientos dramas, comedias, vodeviles, farsas, libretos de ópera que tuvieron en su época una enorme popularidad. ¿Cuál fue su secreto? El mismo de Echegaray y el mismo de Inclán: el "teatro puro" o para ser más claro, el "teatro teatral". |
en que una rebelión que de pronto estalla contra el tiranuelo de esa republiquita, pone a un embajador mexicano ante un tremendo dilema de melodrama: el derecho de asilo característico de la política mexicana y el amor de su esposa, hija de ese país y... que lo ha venido engañando de muchos años atrás y nada menos que con el jefe de la rebelión que ha pedido asilo a la embajada mexicana. ¡Qué conflicto, lector! Pues bien. Fuera de la esencia de este aspecto de la política internacional de México, todo es falso en la obra, tan falso como la esposa del embajador. Este dice frases patrióticas y asume actitudes heróicas, pero no reacciona virilmente ante el evidente adulterio más o menos sentimental de su esposa; falso el personaje de la mujer y falsos también el del general Salido -por cierto que existe en la armada nacional un general de este apellido-; el del cabecilla Barreíro, el del canciller Otero y si no falso, por lo menos convencional, el del embajador norteamericano Mr. Goodrich. Otro personaje que sólo a ratos tiene perfiles verosímiles es el del periodista norteamericano. Pues bien, con estos personajes y con situaciones forzadas logra Inclán "teatro puro" o como tengo dicho antes, "teatro teatral". El más reacio a dejarse arrastrar por una situación de dudosa efectividad, no puede dejar de seguir la corriente del interés, de la emoción, del suspense. ¿Entregará el embajador de México al rebelde amante de su esposa? ¿Los revolucionarios de aquella república se atreverán a ametrallar -hecho inusitado- el edificio de la embajada |
asesinando a sus moradores? Lo cierto es que el público no se siente defraudado y aplaude a este autor, gran tejedor de intrigas. |