FICHA TÉCNICA
Título obra El pequeño caso de Jorge Lívido
Autoría Sergio Magaña
Dirección Manolo Fábregas
Elenco Isabela Corona, Manolo Fábregas, Julio Aldama, José Elías Moreno, Antonio Bravo, Chel López, Carlos Pouilot, Marta Mijares
Escenografía Julio Prieto
Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes
Productores Manolo Fábregas
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El pequeño caso de Jorge Lívido, en el teatro de Los Insurgentes". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
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Columna El Teatro
El pequeño caso de Jorge Lívido, en el teatro de Los Insurgentes
Armando de Maria y Campos
Causas ajenas a la voluntad del cronista, puntual en el cumplimiento de su misión, dieron motivo a que conociera la comedia El pequeño caso de Jorge Lívido, que actualmente ocupa el cartel del teatro de Los Insurgentes, muchas noches después de la de su estreno. Esta circunstancia le ha permitido ver y escuchar la obra en frío, lejos de la asamblea social a que convoca el empresario Manolo Fábregas para la primera noche de representación de la novedad extranjera a que tenía habituada a su conocida parroquia y también, informarse, al través de las crónicas de colegas, como éstos se han esforzado para demostrar que el joven actor, director y empresario no se ha equivocado al ofrecer por primera vez, desde que explota el teatro de Los Insurgentes, una comedia de autor mexicano. En efecto, todos están de acuerdo en que Fábregas hizo muy buena lección, y para que no quepa duda a nadie, envuelven los peros que le ponen a la comedia mexicana, en múltiples lienzos húmedos de elogios ponderados.
El pequeño caso de Jorge Lívido de Sergio Magaña, es la primera comedia mexicana que Manolo Fábregas representa con su carácter de empresario de un escenario monumental. La necesidad, casi la urgencia de que Fábregas estrenara algo mexicano en el coliseo que tiene en explotación, se había convertido para muchos en "el pequeño caso del empresario Manolo Fábregas", y también, en "el pequeño caso del teatro mexicano en el Insurgentes". Parecía cosa de vida o muerte para los autores del país o par el eternamente en formación teatro nacional que Fábregas llevara a su escenario por lo menos una obra de autor nacido en nuestro país. Por fin, se echaron las campanas a vuelo: el teatro nacional había ganado una batalla, la presión de los cronistas autores-autores había dado en el blanco.
El autor afortunado fue Sergio Magaña, bien conocido en nuestro ambiente teatral y del público que asiste a nuestros coliseos por sus dos obras –Los signos del zodiaco y Moctezuma II– y por su travesura de enfant terrible. Largos años se mantuvo Magaña alejado de los escenarios, al parecer elaborando esta comedia, de la que antes de su estreno corrieron diversas versiones sobre la reestructuración de algunos de sus actos, alguno de los cuales –el tercero, al parecer–, fue escrito tres veces. Al final, y por lo que el cronista advierte como espectador, la obra de Sergio Magaña quedó conclusa en comedia bien organizada, pero desequilibrada. Esta bien organizada, porque despierta y mantiene el interés del público desde las primeras escenas hasta el final demasiado convencional, y es desequilibrada, porque su acción carece del equilibrio teatral lógico que desde el principio hasta el fin debe correr fácil y hábil como un equilibrista sobre la maroma. El tema principal lo lleva un personaje convencional para nuestro medio, un detective, joven detective, que para cumplir una comisión no difícil, como es la de aprehender a un criminal ya localizado, se mete a una casa de huéspedes, enamora a una chica huérfana, hace de un hombre bueno y al final argumenta con la Biblia entre las manos, como un detective de una nueva escuela en algún estado del norte del río Bravo. Dos largos actos mantiene el interés desorientando al público, para, finalmente, en el tercero, centrarlo en una acción violenta y apasionante que lo resuelve todo... al gusto del autor. ¿Es ésta comedia, realmente, una pieza de teatro mexicano? creo que no, porque no es un testimonio de la sociedad mexicana a la que va dirigida ni una clave para entenderla. Es una hábil pieza escrita por un autor mexicano. Escrita en limpio y ágil castellano nuestro, dialogada con fluidez y con escenas aisladas que debemos considerar como gallarda muestra de un ya seguro dominio del oficio de escribir teatro. ¿El pequeño caso de Jorge Lívido ha resultado, al fin, "el pequeño caso del empresario Fábregas, supuesto enemigo del teatro nacional" y el otro "pequeño caso del desarrollo del teatro nacional en virtud del estreno de una pieza de autor mexicano en el imponente coliseo de Los Insurgentes"? Ojalá y así sea, para tranquilidad de Manolo Fábregas y para la paz que debe reinar en los corazones de los impacientes y exigentes cronistas autores que desean ver su obra colgada de las carteleras de todos los teatros metropolitanos.
La interpretación de El pequeño caso de Jorge Lívido está a la altura de la comedia, aunque desequilibrada a ratos. Isabela Corona se revela dotada de recursos cómicos que apoya, con eficacia, en su temperamento dramático, que le permite recorrer toda la gama de las reacciones de un personaje que en sí es cómico y trágico a la vez, el de una solterona que no se decide a dar por concluida su vida sensual y que, dueña de un corazón inclinado a la bondad, se hace cómplice indirecta de un asesinato. El papel central –Jorge Lívido–, corre a cargo del actor, director y empresario Manolo Fábregas, y esta resuelto satisfactoriamente. Fábregas como actor, es tan medido y se muestra tan ponderado siempre, que no esta mal, nunca estará mal. Pero, ¿Basta esto para un comediante del que se espera tanto porque tiene en sus manos cuantos elementos le son precisos para triunfar rotundamente? Su dirección, su sentido del equilibrio y su temperamento frío y calculador parece que le impiden romper el capelo en que involuntariamente se ha metido para no desentonar en el cuadro, y ofrecernos alguna vez una actuación más allá de lo ordinario, extraordinaria, en una palabra. Lo mismo es aplicable a sus aptitudes de director. Su dirección convence y satisface, pero lo fabuloso, lo extraordinario, corre por cuenta de su escenógrafo exclusivo.
El resto del reparto se mantiene en un nivel de discreción loable. La señorita Mijares lucha con su defectuosa dicción. El novel Julio Aldama con su falta de experiencia escénica. José Elías Moreno, Antonio Bravo, Chel López y Carlos Pouliot se limitan a componer tipos de policías convencionales... hasta en el cinematógrafo, de aquí o de allá.
La escenografía de Julio Prieto –interior y exterior de una modesta casa de huéspedes– recuerda un poco la estupenda y también convencional que Diego Rivera hizo para El cuadrante de la soledad, de Pepe Revueltas, estrenada hace nueve años en el teatro Arbeu.