El pequeño caso de Jorge Lívido, en el teatro de Los Insurgentes Armando de Maria y Campos |
Causas ajenas a la voluntad del cronista, puntual en el cumplimiento de su misión, dieron motivo a que conociera la comedia El pequeño caso de Jorge Lívido, que actualmente ocupa el cartel del teatro de Los Insurgentes, muchas noches después de la de su estreno. Esta circunstancia le ha permitido ver y escuchar la obra en frío, lejos de la asamblea social a que convoca el empresario Manolo Fábregas para la primera noche de representación de la novedad extranjera a que tenía habituada a su conocida parroquia y también, informarse, al través de las crónicas de cólegas, como éstos se han esforzado para demostrar que el joven actor, director y empresario no se ha equivocado al ofrecer por primera vez, desde que explota el teatro de Los Insurgentes, una comedia de autor mexicano. En efecto, todos están de acuerdo en que Fábregas hizo muy buena lección, y para que no quepa duda a nadie, envuelven los peros que le ponen a la comedia mexicana, en múltiples lienzos húmedos de elogios ponderados. |
alejado de los escenarios, al parecer elaborando esta comedia, de la que antes de su estreno corrieron diversas versiones sobre la reestructuración de algunos de sus actos, alguno de los cuales -el tercero, al parecer-, fue escrito tres veces. Al final, y por lo que el cronista advierte como espectador, la obra de Sergio Magaña quedó conclusa en comedia bien organizada, pero desequilibrada. Esta bien organizada, porque despierta y mantiene el interés del público desde las primeras escenas hasta el final demasiado convencional, y es desequilibrada, porque su acción carece del equilibrio teatral lógico que desde el principio hasta el fin debe correr fácil y hábil como un equilibrista sobre la maroma. El tema principal lo lleva un personaje convencional para nuestro medio, un detective, joven detective, que para cumplir una comisión no difícil, como es la de aprehender a un criminal ya localizado, se mete a una casa de huéspedes, enamora a una chica huérfana, hace de un hombre bueno y al final argumenta con la Biblia entre las manos, como un detective de una nueva escuela en algún estado del norte del río Bravo. Dos largos actos mantiene el interés desorientando al público, para, finalmente, en el tercero, centrarlo en una acción violenta y apasionante que lo resuelve todo... al gusto del autor. ¿Es ésta comedia, realmente, una pieza de teatro mexicano? creo que no, porque no es un testimonio de la sociedad mexicana a la que va dirigida ni una clave para entenderla. Es una hábil pieza escrita por un autor mexicano. Escrita en limpio y ágil castellano nuestro, dialogada con fluidez y con escenas aisladas que debemos considerar como gallarda muestra de un ya seguro dominio del oficio de escribir teatro. ¿El pequeño caso de Jorge Lívido ha resultado, al fin, "el pequeño caso del empresario Fábregas, supuesto enemigo del teatro nacional" y el otro "pequeño caso del desarrollo del teatro nacional en virtud del estreno de una pieza de autor mexicano en el imponente coliseo de Los Insurgentes"? Ojalá y así sea, para tranquilidad de Manolo Fábregas y para la paz que debe reinar en los corazones de los impacientes y exigentes cronistasautores que |
desean ver su obra colgada de las carteleras de todos los teatros metropolitanos. |