FICHA TÉCNICA
Título obra Rencor al pasado
Notas de Título Look back in anger (título en el idioma original)
Autoría John Osborne
Notas de autoría Mercedes Cabrera / traducción
Dirección Xavier Rojas
Elenco Carlos Nieto, María Idalia, Marta Patricia, Raúl Roma, Daniel Arroyo
Escenografía Antonio López Mancera
Espacios teatrales Teatro El Granero
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Rencor al pasado en el teatro de El Granero". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Rencor al pasado en el teatro de El Granero
Armando de Maria y Campos
Hace más de un año leí una interesante y muy deprimente pieza de teatro inglesa de John Osborne, titulada Look back in anger. Cuando concluía de leerla alguien me preguntó de que trataba la pieza dramática de un autor cuyo nombre no nos decía nada. Sin muchas ganas de responder ni menos de analizar, dí a la pregunta vaga y a la vez precisa respuesta: En el primer acto aparecen una muchacha y un hombre que empieza a entrar en la madurez; ella plancha en silencio y él la insulta a gritos; en el segundo acto el hombre continúa insultando a la mujer que plancha, pero ésta no es la misma, es una amiga de la mujer del primer acto, de la que al través de los insultos que recibía sin protesta, supimos era la esposa del hombre que la insultaba; el el tercer acto el hombre continúa insultando a la mujer, que ahora es la del primer acto, que sigue planchando...
Esta obra, y todo hay que decirlo porque la lectura de cualquier libro reconoce un origen, estaba obteniendo un éxito de escándalo en un escenario de Londres en el RoyalCourt Theatre, representada por Mary Ure, Kenneth Haigh y Alan Bates. Se discutía al autor, joven de menos de treinta años, y se discutía la pieza por lo cruda, agresiva, elocuente y teatral.
El joven autor Osborne trata de concentrar en su pieza la tragedia de tantos y tantos hombres que aún sufren las angustias de la última guerra y que pudiendo disfrutar la vida están envenenados con su propia angustia, llenos de rencor por todo lo que les rodea, sintiendo odiar a todos y creyendo ser odiados por todos. El protagonista de la pieza de Osborne, Jimmy Porter, es propiamente un sadista, y su mujer, la mujer que plancha, una masoquista. Así se habrían entendido esos caracteres antes de que las guerras nos hubieran descubierto tantas zonas del sentimiento capaces de ser transformadas o quedar aniquiladas. La muchacha podía, simplemente, marcharse sola o con cualquier hombre; pero se queda con la plancha en la diestra y sin valor para arrojársela a la cabeza al hombre que ama porque la ultraja de palabra y con hechos. No lo hace, y hay que referirlo para que el lector posea suficientes elementos de juicio sobre esta trama local, que no nos viene ni nos va, hasta que se advierte encinta, ocasión que aprovecha una amiga con ambiciones de actriz, para quedarse en el cuartucho, tomar la plancha y escuchar denuestos. Claro que eso, ni en el teatro puede seguir así. Continúa peor, porque la esposa llega –frustrando el alumbramiento– más resignada que antes con su destino, en busca de la plancha, mientras la amiga se va, renacidas sus aspiraciones de llegar a ser actriz.
Traslada esta pieza a Nueva York, alcanzó un éxito extraordinario, y, según se rumorea, fue premiada por el Círculo de Críticos que pontifican en Broadway. Salvo que tiene un valor iconográfico, por lo que retrata de la vida en algunos sectores sociales de las poblaciones cercanas a Londres, para nosotros no pasa de ser una pieza más, extraña a nuestra sensibilidad, ni buena ni mala en el sentido normal del término; bien construida, como debe ocurrir, por lo menos, con las que triunfan en cualquier sitio del mundo teatral. Puestos en nuestro castellano los largos discursos de denuestos de Jimmy Porter (Carlos Nieto) a Alison (María Idalia) su esposa, a Elena Charles (Marta Patricia) llegan a aburrir al espectador y a producirle ese sentimiento de indignación de raíz ibera por un hombre que insulta sin razón ni motivo a su compañera de alcoba, legítima o pasajera, pero siempre respetable.
No sentimos, sencillamente, ese teatro, consecuencia del maestro de O'Neill.
La interpretación de esta amarga y difícil pieza es, nada más, discreta, pero estimable. Creo que se necesitarían actores de mayor estatura y con mayores recursos para que Rencor al pasado sea un drama y no se quede en pleitos de matrimonio que no tienen nada qué hacer. Carlos Nieto cumple; ni su experiencia, ni sus facultades le hubieran permitido llegar más allá de la estimable meta que ha logrado. La inteligente actriz María Idalia, dueña ya de muy útil oficio, revela notorio avance en su carrera. Desgraciadamente, con esto de que la obra se presenta para cuatro bloques de públicos distintos, me tocó verla toda la representación de espaldas y la espalda en general en inexpresiva. Marta Patricia, como la amiga intrusa, aprendió bien su personaje y se limita a decirlo, pero ya sabemos que carece de aliento dramático; debutó un nuevo galán, Raúl Roma –que hace de un amigo de Jimmy, siempre metido en su casa, pobre recurso de autor para que la obra no se convierta en constante diálogo–, de buena presencia y voz agradable, al que habrá que dejar que pase el tiempo para saber qué podemos esperar de él. El veterano actor Daniel Arroyo tiene una episódica aparición, discreta.
La pieza de Osborne –autor también de otra obra discutida: The entertainer–, está representada con propiedad, y la traducción de Mercedes Cabrera es correcta. Dirigió la interpretación de Rencor al pasado el estudioso Xavier Rojas, al que el público aplaudió fuertemente, al lado de sus discípulos, al concluir la representación de Rencor al pasado que se ofrece al público de México, como teatro semiprofesional, bajo los auspicios de la Unidad Artística y Cultural del Bosque y del INBA.