Rencor al pasado en el teatro de El Granero Armando de Maria y Campos |
Hace más de un año leí una interesante y muy deprimente pieza de teatro inglesa de John Osborne, titulada Look back in anger. Cuando concluía de leerla alguien me preguntó de que trataba la pieza dramática de un autor cuyo nombre no nos decía nada. Sin muchas ganas de responder ni menos de analizar, dí a la pregunta vaga y a la vez precisa respuesta: En el primer acto aparecen una muchacha y un hombre que empieza a entrar en la madurez; ella plancha en silencio y él la insulta a gritos; en el segundo acto el hombre continúa insultando a la mujer que plancha, pero ésta no es la misma, es una amiga de la mujer del primer acto, de la que al través de los insultos que recibía sin protesta, supimos era la esposa del hombre que la insultaba; el el tercer acto el hombre continúa insultando a la mujer, que ahora es la del primer acto, que sigue planchando... |
muchacha podía, simplemente, marcharse sola o con cualquier hombre; pero se queda con la plancha en la diestra y sin valor para arrojársela a la cabeza al hombre que ama porque la ultraja de palabra y con hechos. No lo hace, y hay que referirlo para que el lector posea suficientes elementos de juicio sobre esta trama local, que no nos viene ni nos va, hasta que se advierte encinta, ocasión que aprovecha una amiga con ambiciones de actriz, para quedarse en el cuartucho, tomar la plancha y escuchar denuestos. Claro que eso, ni en el teatro puede seguir así. Continúa peor, porque la esposa llega -frustrando el alumbramiento- más resignada que antes con su destino, en busca de la plancha, mientras la amiga se va, renacidas sus aspiraciones de llegar a ser actriz.
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que se necesitarían actores de mayor estatura y con mayores recursos para que Rencor al pasado sea un drama y no se quede en pleitos de matrimonio que no tienen nada qué hacer. Carlos Nieto cumple; ni su experiencia, ni sus facultades le hubieran permitido llegar más allá de la estimable meta que ha logrado. La inteligente actriz María Idalia, dueña ya de muy útil oficio, revela notorio avance en su carrera. Desgraciadamente, con esto de que la obra se presenta para cuatro bloques de públicos distintos, me tocó verla toda la representación de espaldas y la espalda en general en inexpresiva. Marta Patricia, como la amiga intrusa, aprendió bien su personaje y se limita a decirlo, pero ya sabemos que carece de aliento dramático; debutó un nuevo galán, Raúl Roma -que hace de un amigo de Jimmy, siempre metido en su casa, pobre recurso de autor para que la obra no se convierta en constante diálogo-, de buena presencia y voz agradable, al que habrá que dejar que pase el tiempo para saber qué podemos esperar de él. El veterano actor Daniel Arroyo tiene una episódica aparición, discreta. |