FICHA TÉCNICA



Título obra Los hijos sobrenaturales

Notas de autoría Pablo Prida / adaptación

Elenco Emilio Brillas, Óscar Ortiz de Pinedo, Leopoldo Ortín, Manolita Saval, Aurora Campuzano, Alicia Rodríguez, Lupe Pallas, Carlos Agosti, Conchita Gentil Arcos

Escenografía Javier Torres Torrija

Espacios teatrales Sala 5 de diciembre




Título obra Vive como quieras

Notas de Título You cant’ take it with your (título en el idioma original)

Autoría Georg S. Kaufman y Moss Hart

Dirección Enrique Rambal

Elenco Enrique Rambal y Marilú Elízaga

Escenografía Jorge Fernández

Notas de escenografía Ballano Bueno / efectos y trucos




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Vive como quieras y Los hijos sobrenaturales". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Vive como quieras y Los hijos sobrenaturales

Armando de Maria y Campos

Ahora se anuncia una racha de piezas francamente cómicas, con lo que saldrá ganando el público que busca en el teatro simples expansiones o que sólo acude con el sano propósito de divertirse. El cronista se limita a registrar el síntoma y a comentar lo sucedido. A La vida con papá, en el teatro de Los Insurgentes, siguió una adaptación a nuestro medio de la comedia Juego de niños, de Ruiz Iriarte, esta última, dislocada hasta quedar convertida en farsa. La tercera obra de este tipo es la de Kaufman y Hart, titulada en inglés You cant' take it with you, que fue dada a conocer en Nueva York en diciembre de 1936. Y la cuarta la que con el título de Los hijos sobrenaturales, y con más de medio siglo de antigüedad, repuso la empresa del teatro 5 de Diciembre, con el título ilógico de Los hijos sobrenaturales, dicen que porque así lo exigió la pudibundez de la oficina de Espectáculos del gobierno del Distrito Federal. (¿Tendremos que admitir que existe una censura oficial en materia de espectáculos y que alcanza a los títulos de las piezas que se representan en nuestros teatros?).

Con el título de Vive como quieras, conocimos la pieza de Kaufman y Hart durante una de las últimas temporadas que se desarrollaron en el ya derruído teatro Ideal. Antes, habíamos conocido en esta comedia en una versión cinematográfica en la que intervinieron interpretando los personajes principales los famosos actores Josephine Hull, Frank Wilcox, Henry Travers y George Tobías. Aquella primera versión teatral presentada por Ana Blanch y Miguel Manzano, fue anterior a la que ahora hemos visto en el teatro del Músico, y también fue de menor calidad la que en idioma inglés presentó en México en el año de 1941 el Pan American Theatre. La de ahora es un espectáculo divertidísimo, cuyo mérito mayor radica en la presentación utilizando una escenografía que planeó el arquitecto Jorge Fernández y que se prolonga en una serie de efectos y trucos durante la representación que culmina en fuegos artificiales realizados por Ballano Bueno, entre bambalinas, y que son del mayor efecto y nos recuerdan mucho la tramoya que se usaba hace un siglo.

El cronista no cree necesario recordar el argumento de Vive como quieras. Se trata, como sabe el lector, de una extraña familia norteamericana, como habrá tantas en aquel país, que hacen de su vida lo que les da la gana, y de cuyos incidentes se aprovechan los autores para crear situaciones hilarantes, no siempre lógicas, pero siempre divertidas si están bien interpretadas. Y tenemos que reconocer que el director y primer actor supo aprovechar todas las situaciones de la pieza para que hasta el menos importante de los actores estuviera siempre en un primer plano. Esto significa que todos procuran realizar algo desorbitado para hacerse ver constantemente. En este caso tantos árboles en primer término impiden absolutamente advertir el valor o la calidad de la selva, es decir, de la obra intrascendente de Kaufman y Hart, pero al fin y al cabo, una pieza de teatro que los actores dirigidos por Rambal vuelven varias veces al revés como un calcetín inofensivo. Unicamente se mantienen en un nivel de ponderación y elogiable discreción el director Enrique Rambal y Marilú Elízaga, que esta creación da un paso en firme en su carrera de actriz responsable. Como la realidad es que el público no cesa de reír y celebrar cuanto ocurre en la obra, el cronista, se limita a registrar este suceso que no causa daño a nadie.

Los hijos artificiales

En cuanto a Los hijos artificiales –sigo llamando a esta comedia de origen alemán con el título que llevaba cuando la conocí siendo niño–, se trata de una de las mejores piezas de enredo, o de situaciones, de los últimos 60 años y hasta antes de la guerra del 14 se representaba con indiscutible éxito de alegría en todos los teatros de Europa. Los hijos artificiales es la fuente en la que bebieron inspiración los más famosos autores cómicos españoles creadores del astracán, como Muñoz Seca, García Alvarez o Pérez Fernández. Todavía sigue siendo modelo de pieza de enredo y desenredo cómico, absurdo y lógico a la vez. Se le ha querido ahora dar un aire vodevilesco que no tiene. Es, simplemente, una gran comedia de enredo, que precisa de actores profesionales para una limpia interpretación. Afortunadamente todos los que intervienen en esta comedia, adaptada al medio mexicano por Pablo Prida, son actores de oficio y experiencia y por eso la sacan, es decir la dicen y la mueven con mucho profesionalismo que es la piedra de toque todo buen teatro. Resultan tan evidentemente cómicas las situaciones en que se ven envueltos los personajes de Los hijos artificiales, que casi no es necesario que posean vis cómica. Mejor, por supuesto, si tienen el privilegio de poseerla, como Emilio Brillas al que encuentro insuperable; como Ortiz de Pinedo, como Leopoldo Ortín, como Manolita Saval. Aurora Campuzano está sobreactuada y tal vez desentona en naturalidad, pero cumple como actriz de oficio. Y completan con armonía el conjunto de esta interpretación alegra. Alicia Rodríguez, Lupe Pallas, Carlos Agosti y Conchita Gentil Arcos. La escenografía de Javier Torres Torija reproduce con fidelidad una casa provinciana de la región de Irapuato.

El público ha recibido bien la nueva modalidad de obras cómicas sin más propósito que el de hacer reír.