FICHA TÉCNICA



Título obra El proceso a Jesús

Autoría Diego Fabbri

Dirección Julián Soler

Elenco Miguel Ángel Ferriz, Consuelo Frank, José Baviera, Arturo Soto Rangel, Luciano Hernández, Amparo Villegas, Eduardo Fajardo, Lilia del Valle, Ismael Larumbe, Jorge del Campo, Manuel Santiagosa, Germán Robles, Amparo Garrido, Judy Ponte, Cristián Caballero, Francisco Orozco, Greg Rowan, Sergio Jurado, Arturo Romo, José Antonio Marrós, María Mercedes Ferriz

Espacios teatrales Sala Chopin

Productores Eduardo Fajardo




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El proceso a Jesús, de Diego Fabbri, en la sala Chopin". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

El proceso a Jesús, de Diego Fabbri, en la sala Chopin

Armando de Maria y Campos

El empresario y actor Eduardo Fajardo, concesionario de la Sala Chopin, ofrece ahora al público de la ciudad de México las primicias de una obra va anunciada antes por otra empresa y que ha sido representada con contrario éxito en varias capitales europeas y sudamericanas. El proceso a Jesús, del escritor italiano Diego Fabbri fallecido hace pocos años.

Tres días antes de su estreno oficial fue representada esta pieza en función privada en honor del doctor don Miguel Darío Miranda, Arzobispo Primado de México, con el evidente propósito de obtener de la primera autoridad eclesiástica de México alguna declaración que previniera favorablemente al público y lo entusiasmara para conocerla. Monseñor Miranda, según nuestros informes, se mostró cauto después de haberla escuchado con creciente interés. Tuvo el fino humor de felicitar –aunque parezca absurdo, dijo– a Judas, y bien se comprende que la felicitación estuvo dirigida al actor que lo interpreta. No autorizó ninguna declaración que denunciara propaganda comercial en favor de la obra, pero no ocultó reservas a propósito de alguna de las intérpretes, la que hace algunos años se vio envuelta en un lío gangsteril de policías y ladrones. Todavía la tarde de la fecha del estreno otra actríz estudiaba el papel, por si acaso...

La pieza de Diego Fabbri está dividida en dos partes o dos tiempos, según se quieran explicar las ideas y las situaciones que agrupan en la primera y en la segunda. También la interpretación de El proceso a Jesús, se debe dividir en dos tiempos, o grupos. En la obra de Fabbri campean polémica y apología. La polémica se plantea en el primer acto. Una familia judía procesa a Jesús; como quien dice, le abre causa a este trascendental suceso histórico. ¿Qué derecho tuvieron los judíos para procesar y condenar a Jesús de Nazareth? Tema antiquísimo y siempre cargado de novedad. Quienes hayan leído a Renán ya saben a qué atenerse. En la segunda parte, apologética, se loan la imagen sublime de Jesús y sus milagros, y, desde luego, su doctrina encuentra plena justificación. La obra original es probablemente el doble de la que vimos representar, y sus visibles e indispensables cortes la hacen a veces confusa o difusa. El autor recurre con talento y habilidad para crear un clima de suspenso al traer a escena a los principales personajes que intervinieron en la muerte de mártir del Gólgota, Jesús inclusive, desde luego. De un lado del escenario la familia hebrea que juzga, y enfrente de ésta los acusados. Desfilan, frente al jurado, Caifás, Pilatos, María, José, Pedro, Juan, Judas, la Magdalena y, finalmente, Jesús. Fabbri recurre a la vieja novedad de hacer intervenir a actores desde las lunetas, como formando parte del supuesto público del jurado, que es el de la representación auténtica. Desde ahí alzan su voz un sacerdote frustrado y una "Magdalena" de estos días. Alguien lleva vigorosamente la voz de la acusación; se escuchan los alegatos de la defensa, intervienen los actores desde el público, pero a pesar de lo que se dice por boca de los personajes contemporáneos o históricos, el público se aburre, porque nada nuevo se escucha, ni nada que no nos tenga convencidos y porque todo ello está expresado sin vuelo poético, ni siquiera en buen romance. ¿Defecto de la traducción? Creo que no. Al autor italiano le faltó genio para conmover al público de estos años de tremenda desorientación, con una revisión procesal de hechos que están fijos y brillan en el cielo de nuestras creencias como miles de luceros que cintilan en el firmamento, reales y lejanos e inaccesibles a la vez.

Una veintena de actores intervienen en El proceso a Jesús, bajo la dirección de Julián Soler, que es una de las más limpias y sensitivas que le hemos visto. Hizo lo que pudo, y tal vez lo que nadie hubiera logrado, con el material humano que tuvo que emplear: actores profesionales, de probada veteranía y otros que están camino de hacerse o que ya se pasaron, y hasta luminarias de cine. Los actores profesionales convencieron, porque hablaron muy bien lo que correspondía a sus personajes, salvando con dicción clara, entonación medida y conocimiento de causa, la absoluta falta de acción de la obra. Estos actores son Miguel Ángel Ferriz, que representa al empresario teatral que va recorriendo la lengua revisando el proceso de Jesús. Consuelo Frank, en María; José Baviera como Caifás, Arturo Soto Rangel como Pedro, y Luciano Hernández, de reconocida veteranía en la radio, como el sacerdote frustrado. A éstos hay que agregarse la noble figura de la ilustre y veterana actriz Amparo Villegas. En el otro grupo de actores se puede agravillar a Eduardo Fajardo, Lilia del Valle, Ismael Larumbe, Jorge del Campo, Manuel Santiagosa (demasiado anciano para convencer como José), Germán Robles, Amparo Garrido y Judy Ponte, y todavía queda otro grupo que no cabe entre los profesionales del teatro o del cine con escasa experiencia escénica, como Cristián Caballero, Francisco Orozco, Greg Rowan (que para representar a Jesús sólo tiene el tipo tradicional), Sergio Jurado, Arturo Romo y José Antonio Marrós. Fajardo hizo su personaje–el que acusa a todos–fuera de toño, desbordándolo, y moviéndose con exceso. Esta agitación que dio a su personaje lo llevó a sufrir constantes equivocaciones. Lilia del Valle está en el a b c del teatro; sus constantes equivocaciones se debieron más que a nerviosidad o fallas naturales, a su palpable desconocimiento del significado de las palabras que pronunciaba, o del contenido real de las frases que recitaba adoptando actitudes fuera de ambiente. Judy Ponte, como la Magdalena de estos días, actuando desde el lunetario, se limitó a gritar para darle énfasis a su protesta. Germán Robles, como Judas, estuvo más preocupado de representar la figura odiosa, que de recitar con lealtad su texto. La veterana María Mercedes Ferriz se mantuvo discreta.

La acción de Proceso a Jesús se desarrolla en el escenario al frente de una escenografía de una sencillez extrema y está bien iluminada. Aparece como anónima.