El proceso a Jesús, de Diego Fabbri, en la sala Chopin Armando de Maria y Campos |
El empresario y actor Eduardo Fajardo, concesionario de la Sala Chopin, ofrece ahora al público de la ciudad de México las primicias de una obra va anunciada antes por otra empresa y que ha sido representada con contrario éxito en varias capitales europeas y sudamericanas. El proceso a Jesús, del escritor italiano Diego Fabbri fallecido hace pocos años. |
encuentra plena justificación. La obra original es probablemente el doble de la que vimos representar, y sus visibles e indispensables cortes la hacen a veces confusa o difusa. El autor recurre con talento y habilidad para crear un clima de suspenso al traer a escena a los principales personajes que intervinieron en la muerte de mártir del Gólgota, Jesús inclusive, desde luego. De un lado del escenario la familia hebrea que juzga, y enfrente de ésta los acusados. Desfilan, frente al jurado, Caifás, Pilatos, María, José, Pedro, Juan, Judas, la Magdalena y, finalmente, Jesús. Fabbri recurre a la vieja novedad de hacer intervenir a actores desde las lunetas, como formando parte del supuesto público del jurado, que es el de la representación auténtica. Desde ahí alzan su voz un sacerdote frustrado y una "Magdalena" de estos días. Alguien lleva vigorosamente la voz de la acusación; se escuchan los alegatos de la defensa, intervienen los actores desde el público, pero a pesar de lo que se dice por boca de los personajes contemporáneos o históricos, el público se aburre, porque nada nuevo se escucha, ni nada que no nos tenga convencidos y porque todo ello está expresado sin vuelo poético, ni siquiera en buen romance. ¿Defecto de la traducción? Creo que no. Al autor italiano le faltó genio para conmover al público de estos años de tremenda desorientación, con una revisión procesal de hechos que están fijos y brillan en el cielo de nuestras creencias como miles de luceros que cintilan en el firmamento, reales y lejanos e inaccesibles a la vez. |
absoluta falta de acción de la obra. Estos actores son Miguel Ángel Ferriz, que representa al empresario teatral que va recorriendo la lengua revisando el proceso de Jesús. Consuelo Frank, en María; José Baviera como Caifás, Arturo Soto Rangel como Pedro, y Luciano Hernández, de reconocida veteranía en la radio, como el sacerdote frustrado. A éstos hay que agregarse la noble figura de la ilustre y veterana actriz Amparo Villegas. En el otro grupo de actores se puede agravillar a Eduardo Fajardo, Lilia del Valle, Ismael Larumbe, Jorge del Campo, Manuel Santiagosa (demasiado anciano para convencer como José), Germán Robles, Amparo Garrido y Judy Ponte, y todavía queda otro grupo que no cabe entre los profesionales del teatro o del cine con escasa experiencia escénica, como Cristián Caballero, Francisco Orozco, Greg Rowan (que para representar a Jesús sólo tiene el tipo tradicional), Sergio Jurado, Arturo Romo y José Antonio Marrós. Fajardo hizo su personaje-el que acusa a todos-fuera de toño, desbordándolo, y moviéndose con exceso. Esta agitación que dio a su personaje lo llevó a sufrir constantes equivocaciones. Lilia del Valle está en el a b c del teatro; sus constantes equivocaciones se debieron más que a nerviosidad o fallas naturales, a su palpable desconocimiento del significado de las palabras que pronunciaba, o del contenido real de las frases que recitaba adoptando actitudes fuera de ambiente. Judy Ponte, como la Magdalena de estos días, actuando desde el lunetario, se limitó a gritar para darle énfasis a su protesta. Germán Robles, como Judas, estuvo más preocupado de representar la figura odiosa, que de recitar con lealtad su texto. La veterana María Mercedes Ferriz se mantuvo discreta. |