FICHA TÉCNICA



Título obra Amor calibre 38

Notas de Título Yo la amaba demasiado (título original)

Autoría Jean Guilton

Notas de autoría Eleazar Canale / traducción

Dirección Víctor O. Moya

Elenco Alfredo Varela Jr. (Varelita), Nora Veryán, Ignacio Navarro, Patricia Morelos, Roberto Rivero, Tomás Bárcenas, Manuel Aguiluz

Escenografía Jesús Barrozpe

Iluminación Arturo Romero

Espacios teatrales Teatro Milán




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de Amor calibre 38 en el Teatro Milán". Novedades, 1958. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de Amor calibre 38 en el Teatro Milán

Armando de Maria y Campos

En el teatro Milán se ha iniciado una nueva temporada de comedias en el estreno de la de Jean Guilton Amor calibre 38, en tres actos y un solo escenario, cuyo título debía ser, atendiéndolos al que lleva en francés, Yo la amaba demasiado. La traducción de la pieza de Guilton se debe a don Eleazar Canale M., muy dicho en estos menesteres y quien tuvo que hacerle muy notables reducciones. Para interpretar la versión mexicana de esta pieza de Guilton, se integró un pequeño conjunto a base del ya veterano cómico Alfredo Varela Jr., quien no puede despojarse del cariñoso diminutivo de Varelita, muy justificado en su juventud, pero que ahora arrastra en forma que achaparra o achica sus actuaciones, que se quedan siempre en cosas de Varelita.

La primera figura femenina de este elenco es la hermosa actriz de televisión Nora Veryán, quien se inició en el teatro hace algunos años y aún realizó algunas giras por Centro y Sudamérica. Nora Veryán se encuentra en la plenitud de su fina e interesante belleza y muestra un plausible adelanto, que de no retirarse de los escenarios materiales lo llevará a convertir un excelente comediante. En la protagonista de Amor calibre 38 cumple con desahogo, luce su exquisita belleza, se mueve con desenvoltura y habla con claridad. Varelita compone con los recursos que le presta su veteranía un tipo de marido engañado, más que simple idiota, y lo actúa con una lentitud desesperante, atento sólo a que el público se entere de todos los resortes que emplea para provocar la risa. Ignacio Navarro es la otra primera figura del reparto masculino. Desde su triunfo con Gigoló, se le busca para que habite personajes de ésta o parajes de vaudeville, que repite con beneplácito del público, porque si no fuera así no insistiría en esta composición, ni los traductores le seguirían contando gigolós a la medida. Está simplemente bien, porque este gigoló es menos frívolo, menos cínico y menos gigoló que los otros. El cuarto ángulo de este cuadrilátero, porque el autor boulevardier huyó esta vez del triángulo, lo forma la modelo de prendas femeninas Patricia Morelos, que esporádicamente aparece en nuestros escenarios. Está aún muy verde como actriz, porque las largas ausencias en este oficio, no favorecen aún a las mejores dotadas; luce elegante como modelo pero su interesante belleza permanece alejada, fría, de cuanto pasa o debe pasar en el frívolo corazón de los protagonistas de este cuadrilátero de amor fácil. El resto de los actores, en personajes episódicos, no descompone la unidad de la interpretación, a la que dio forma escénica el director Victor Moya, con limpieza de movimientos, con sencillez en general y con orificio que tiene bien probado. Estos son Roberto Rivero, Tomás Bárcenas y Manuel Aguiluz. La escenografía es de Jesús Barrozpe, reproduciendo una florería parisiense, donde ocurre la acción, época actual, muy alegre aunque convencional, para que sirva a los fines de la obra o del director. La escena fue bien iluminada por Arturo Romero.

La comedia de Jean Guilton es buena; divertida, alegre y hasta con su ligera moraleja, no obstante las reducciones que le habrá hecho Eleazar Canale, gran buceador de piezas de esta índole en las que se plantean asuntos frívolos, aventuras fáciles entre mujeres hermosas, gigolós cínicos y cornudos convencionales. Revela un magnífico dominio del oficio, que no extrañará a quien sepa que Guilton es un vetrano autor que ha tocado con éxito todos los géneros teatrales, del drama a la pieza policíaca.

Amor calibre 38, mitad policíaca, mitad vaudeville, abunda en situaciones novedosas, los personajes están bien trazados y se les hace hablar con gracia y picardía. En la versión que conocemos el primer acto es bueno y promete mucho; el segundo, arrastra la situación primordial y el tercero es francamente inferior a los anteriores. En conjunto queda una pieza para públicos fáciles que van al teatro en busca de solaz y para empresarios que tienen presente que el éxito de taquilla lo justifica todo.

La noche del estreno, por impaciencia del encargado de correr la cortina, ésta se cerró antes de tiempo, y el segundo acto tuvo que principiar con una escena convencional que ligera con la que frustró el telonero. La traducción de Eleazar Canale está hecha en un castellano fácil y flexible.

Hubo aplausos para todos. Los actores hicieron salir al director, y... se sirvieron cocteles al final de la función.