Estreno de Amor calibre 38 en el Teatro Milán Armando de Maria y Campos |
En el teatro Milán se ha iniciado una nueva temporada de comedias en el estreno de la de Jean Guilton Amor calibre 38, en tres actos y un solo escenario, cuyo título debía ser, atendiéndolos al que lleva en francés, Yo la amaba demasiado. La traducción de la pieza de Guilton se debe a don Eleazar Canale M., muy dicho en estos menesteres y quien tuvo que hacerle muy notables reducciones. Para interpretar la versión mexicana de esta pieza de Guilton, se integró un pequeño conjunto a base del ya veterano cómico Alfredo Varela Jr., quien no puede despojarse del cariñoso diminutivo de Varelita, muy justificado en su juventud, pero que ahora arrastra en forma que achaparra o achica sus actuaciones, que se quedan siempre en cosas de Varelita. |
triunfo con Gigoló, se le busca para que habite personajes de ésta o parajes de vaudeville, que repite con beneplácito del público, porque si no fuera así no insistiría en esta composición, ni los traductores le seguirían contando gigolós a la medida. Está simplemente bien, porque este gigoló es menos frívolo, menos cínico y menos gigoló que los otros. El cuarto ángulo de este cuadrilátero, porque el autor boulevardier huyó esta vez del triángulo, lo forma la modelo de prendas femeninas Patricia Morelos, que esporádicamente aparece en nuestros escenarios. Está aún muy verde como actriz, porque las largas ausencias en este oficio, no favorecen aún a las mejores dotadas; luce elegante como modelo pero su interesante belleza permanece alejada, fría, de cuanto pasa o debe pasar en el frívolo corazón de los protagonistas de este cuadrilátero de amor fácil. El resto de los actores, en personajes episódicos, no descompone la unidad de la interpretación, a la que dio forma escénica el director Victor Moya, con limpieza de movimientos, con sencillez en general y con orificio que tiene bien probado. Estos son Roberto Rivero, Tomás Bárcenas y Manuel Aguiluz. La escenografía es de Jesús Barrozpe, reproduciendo una florería parisiense, donde ocurre la acción, época actual, muy alegre aunque convencional, para que sirva a los fines de la obra o del director. La escena fue bien iluminada por Arturo Romero. |
índole en las que se plantean asuntos frívolos, aventuras fáciles entre mujeres hermosas, gigolós cínicos y cornudos convencionales. Revela un magnífico dominio del oficio, que no extrañará a quien sepa que Guilton es un vetrano autor que ha tocado con éxito todos los géneros teatrales, del drama a la pieza policíaca. |