FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Qué familia!

Notas de Título Los Sonderling (título original)

Autoría Roberto Merle

Dirección Jorge Landeta y Raúl Cardona

Elenco Miguel Manzano, Magda Donato, Raúl Ramírez

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro de La Comedia




Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno de ¡Qué familia! en el teatro de La Comedia". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>



TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Novedades

Columna El Teatro

Estreno de ¡Qué familia! en el teatro de La Comedia

Armando de Maria y Campos

Mal año éste de 1957 para algunos teatros de la ciudad de México, que cuenta con tantos y muy pocos con el público suficiente para que las temporadas resulten un mediano negocio. No se acierta con la obra taquillera que permita el desarrollo optimista de una temporada. Hay sus excepciones, como es natural. Pero son más los actores que bajan el telón porque la obra elegida no fue costeable, y esto equivale a que no gustó, que los que permanecen abiertos disfrutando del favor del público.

Los "productores" de negocios teatrales andan desorientados en la elección de obras, y es que se guían por aciertos de anteriores afortunados empresarios. A fines del siglo pasado apareció entre nosotros, un nuevo estilo de espectáculo, que sembraron los actores y bailarines Corona y Arau y los directores Cardona y Landeta –Del sótano al cielo– que tuvieron éxito y que permitió que Corona y Arau por su lado y Cardona y Landeta por el suyo, continuaran explotando, cimentando esta alocada, desenfadada, desvertebrada manera de actuar con ritmo vivo. Siempre les acompañó el éxito de público y un nuevo estilo de actuar parece que llegará a imponerse si se cuenta, primero, con las obras que se presten a ser representadas de tal guisa, y luego, con actores jóvenes, dúctiles e inteligentes que puedan recrearlas.

El teatro de La Comedia ha iniciado su tercera temporada con un espectáculo de este género, que todavía nadie se ha atrevido a llamarlo idiota, pero ya se llamará, si acabara por precipitarse en la estupidez. No se ha sabido elegir la obra, que en la forma en que nos ha sido presentada no sabemos si es buena o es mala, si es graciosa o es tonta, si es caricatura de alguna familia que pudo haber existido; si es una farsa o es simplemente una inocente tomadura de pelo dirigida a públicos demasiado consecuentes. El texto a un lado, la interpretación al otro, lo que más ve el espectador es una reproducción del estilo de actuar que han impreso a sus producciones los directores Cardona y Landeta. Esta segunda parte no logra superar a la primera, o que viene a confirmar que nunca segundas partes fueron buenas. Sin embargo, algo de bueno debe haber en la comedia original Los Sonderling, de Robert Merle, porque a pesar de todo se imponen dos o tres tipos que por fortuna encontraron verdaderos actores en sus intérpretes. El matemático Baltasar, que en gran actor logra mantener a flote Miguel Manzano y la madre de éste, Mutsch Sonderling, de la que hace una creación la característica Magda Donato. ¡Son dos perlas en un muladar! También se salva de este desgarriate de interpretación desorbitada, el buen actor Raúl Ramírez, quien hace de sentido común entre una antología de orates. Una dirección que se inclina más por el sentido grueso, el brochazo y el contraste no del mejor gusto, en su afán de buscarle a la acción un ritmo trepidante, no contribuye a que se salve, si es que tiene por donde salvarse, la comedia de Robert Merle. La escenografía de David Antón muy bonita, muy graciosa...

Se habla durante la obra que los Sonderling –¡qué familia!–, se proponen crear "el teatro del porvenir". Nos llena de espanto la predicción. ¿El teatro del porvenir será como el que hace Merle? ¡Sería cosa de refugiarse en el desierto! No; el teatro del futuro no puede caer en eso que ahora hace reír y divierte sin llegar a ninguna de las zonas del pensamiento o del sentimiento. Conviene recordar, para los jóvenes, y para quienes detrás de nosotros, estas palabras de García Lorca sobre la responsabilidad del teatro frente al pueblo:

"El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país, y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia hasta el vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo, y un teatro destrozado, donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera. El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre, donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas y equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre".