Estreno de ¡Qué familia! en el teatro de La Comedia Armando de Maria y Campos |
Mal año éste de 1957 para algunos teatros de la ciudad de México, que cuenta con tantos y muy pocos con el público suficiente para que las temporadas resulten un mediano negocio. No se acierta con la obra taquillera que permita el desarrollo optimista de una temporada. Hay sus excepciones, como es natural. Pero son más los actores que bajan el telón porque la obra elegida no fue costeable, y esto equivale a que no gustó, que los que permanecen abiertos disfrutando del favor del público. |
por precipitarse en la estupidez. No se ha sabido elegir la obra, que en la forma en que nos ha sido presentada no sabemos si es buena o es mala, si es graciosa o es tonta, si es caricatura de alguna familia que pudo haber existido; si es una farsa o es simplemente una inocente tomadura de pelo dirigida a públicos demasiado consecuentes. El texto a un lado, la interpretación al otro, lo que más ve el espectador es una reproducción del estilo de actuar que han impreso a sus producciones los directores Cardona y Landeta. Esta segunda parte no logra superar a la primera, o que viene a confirmar que nunca segundas partes fueron buenas. Sin embargo, algo de bueno debe haber en la comedia original Los Sonderling, de Robert Merle, porque a pesar de todo se imponen dos o tres tipos que por fortuna encontraron verdaderos actores en sus intérpretes. El matemático Baltasar, que en gran actor logra mantener a flote Miguel Manzano y la madre de éste, Mutsch Sonderling, de la que hace una creación la característica Magda Donato. ¡Son dos perlas en un muladar! También se salva de este desgarriate de interpretación desorbitada, el buen actor Raúl Ramírez, quien hace de sentido común entre una antología de orates. Una dirección que se inclina más por el sentido grueso, el brochazo y el contraste no del mejor gusto, en su afán de buscarle a la acción un ritmo trepidante, no contribuye a que se salve, si es que tiene por donde salvarse, la comedia de Robert Merle. La escenografía de David Antón muy bonita, muy |
graciosa... |