FICHA TÉCNICA
Título obra Bodas de sangre
Autoría Federico García Lorca
Dirección Margarita Xirgu
Elenco Margarita Xirgu, Ofelia Guilmain, Ignacio López Tarso, Aurora Cortés, Enrique Díaz Indiano, Luis Lomelí
Escenografía Antonio López Mancera
Espacios teatrales Teatro del Bosque
Notas El Teatro del Bosque después fue nombrado Julio Castillo
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Presentación de Margarita Xirgu, en el nuevo teatro del Bosque, con Bodas de sangre". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Presentación de Margarita Xirgu, en el nuevo teatro del Bosque, con Bodas de sangre
Armando de Maria y Campos
Hace más de veinticinco años que en alas de la fama vuelan unidos los nombres de Margarita Xirgu, notable actriz española nacida catalana, y de Federico García Lorca, nacido y muerto en Granada. Cuando por primera vez se unieron los nombres de estos dos grandes artistas iberos, Margarita Xirgu ya era una actriz madura de los teatros de Madrid, y García Lorca, un joven que apenas salía de una victoriosa adolescencia para entrar, ungido por los dioses de la Poesía, en el fascinante mundo de los comediantes. Pocos años convivieron realmente la Xirgu y García Lorca. Esta vagabundeaba por América cuando a García Lorca lo hicieron héroe de la fuerza las malas pasiones desatadas en Granada, recién encendida España por la guerra civil.
Desde hace veinte años no deja de ir unido al nombre de Margarita Xirgu al de Federico García Lorca casi como si fuera un segundo apellido, o como si la muerte del poeta hubiera rebautizado a la noble comediante para que en ella se prolongara la vida de García Lorca más allá del tiempo y de la distancia que los separó, cuando el poeta fue arrancado de la vida y la actriz lo hacía vivir con sus obras sobre los escenarios de América.
Nada más lógico, ahora que Margarita Xirgu ha vuelto a México, invitada, al parecer, por las autoridades de la Secretaría de Educación y un poco contratada por una empresa particular que le ha formado una compañía con dos o tres actores profesionales y docena y media de alumnos de la Escuela Dramática del Instituto Nacional de Bellas Artes, que a su nombre de gran actriz de receso y de directora en potencia, la acompañe, como un halo de gloria y de recuerdo, no sólo el hombre sino también la obra teatral de aquel muchacho granadino al que ella impulsó a principios de la década de los treinta, y cuya obra y nombre se agigantan, como un mito indestructible, al través de los años.
Margarita Xirgu extrenó en México, hace veinte años, el drama en tres actos Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en temporada semioficial en la que también dio a conocer de este autor la deliciosa zarzuela sin música Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores –todavía muy quinteriana, pero desde luego más poética que el teatro de aquellos autores sevillanos–, y Yerma, drama de la maternidad frustada, como el que cubrió la función inaugural, mal aconsejada seguramente, porque, aunque ahora no se quiera recordar, enfrió al público que no estaba todavía con la república española mártir, sencillamente aun no se registra la insubordinación de generales que encabezó Francisco Franco. Después la temporada se levantó, cómo no, pero también es justo recordar que no fue precisamente por o con las obras poéticas del lírico granadino, sino con otras clásicas españolas y algunas del repertorio mundial.
Con motivo de la tercera actuación de la Xirgu en México no ha habido quién recuerde la primera de todas, el año 21, que fue en términos generales excelente, creo yo que porque habemos muy pocos supervivientes de aquella si memorable jornada en el Arbeu. Desde luego ninguno de los que a la fecha escriben de teatro en México la vio actuar. Y menos los refugiados españoles, porque éstos no se habían inventado aún; estaban apenas en las vísperas de la dictadura del general Primo de Rivera. Ya tendré tiempo de evocar esta temporada que corresponde a la época en que la Xirgu, menos metida en el pasado teatral español, creo yo que estaba en su plenitud como actriz dramática.
Ahora se ha presentado como actriz y como directora, inevitablemente, con una obra de Federico García Lorca: Bodas de sangre, la que en ocasiones o tal vez será a causa de una muy defectuosa interpretación, comienza a aparecer ya un poco anticuada. Dejemos, por ahora, a García Lorca en su altar, que tiempo habrá de acercarse a él sin el respeto que imponen a los santos milagrosos. Quedémonos con doña Margarita, que ya está llegando a los setenta años y que posee una fibra de actriz que a nadie debe extrañar porque tiene raíces en España. Un clima cargado de electricidad... teatral, casi de histerismo, imperó durante la función inaugural. Asistió de Primera Dama acompañada por la señora doña Beatriz Velasco de Alemán y de secretarios de Estado y escolta por el secretario de Educación Pública, a quien seguía como la sombra al cuerpo el director del INBA; la presencia igualmente interesante, en primera fila, del presidente del gobierno español en el exilio, de la colonia catalana residente en México, sin distinción de bandos políticos, de cuando vale, brilla e influye en México del mundo español republicano, y de distinguidos personajes mexicanos, todo, todo, daba le evidencia de un acontecimiento excepcional. Doña Margarita fue saludada por una ovación imponente y vivas de diversos sectores. Luego se inició la representación, lenta, revelándosenos una actriz monocorde y a la que ha dañado el receso, directora sin valor y sin audacia, a la que, sin embargo, se le aplaudió también con calor al final de la velada. A su lado lucieron los buenos comediantes que ya son Ofelia Guilmain e Ignacio López Tarso, los veteranos Aurora Cortés y Enrique Díaz Indiano, el prometedor galán Luis Lomelí y pugnaron por hacerse visibles actores más modestos, a quienes todavía secundaron aventajados o bien escogidos alumnos de la Escuela Dramática del INBA. En resumen, una velada notable que ya constituye efimérides. La escenografía de Antonio López Mancera muy propia y muy digna. El teatro del Bosque es cómodo, amplio, pero creo que impropio para espectáculos de comedia. No deja de ser una aventura audaz haberlo construido en el corazón del Bosque de Chapultepec.