FICHA TÉCNICA
Título obra Enrique IV
Autoría Luigi Pirandello
Dirección Celetino Gorostiza
Elenco Ignacio López Tarso
Escenografía Julio Prieto
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Estreno en México de Enrique IV de Luis Pirandello. II". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Estreno en México de Enrique IV de Luis Pirandello. II
Armando de Maria y Campos
Decíamos ayer... que el largo proceso de la locura y de la vueta a la razón del Enrique IV ha sucedido antes de que el telón se levante en el primer acto. Pirandello logra, de esta suerte, que el actor primero sea una valiosísima exposición dialogada de los acontecimientos pasados. Durante la primera escena cuatro sirvientes de Enrique que han aceptado representar al aporte de los cuatro consejeros secretos del emperador, probablemente hasta que Enrique muera, explican sus obligaciones a Bertoldo, que es un criado nuevo que acaba de llegar. Estos cinco difíciles papeles fueron repartidos a otros tantos discípulos aventajados de la Escuela Dramática del INBA. La escena ocurre confusa y el director –o tal vez el traductor– ha hecho desaparecer el momento en que uno de los jóvenes enciende descuidadamente un cigarrillo, detalle con el cual Pirandello enlaza el pasado con el presente. Están en el salón del trono. El escenógrafo Julio Prieto lo presenta tal vez demasiado sencillo; al fondo el trono propiamente y a los lados los cuadros modernos, que no cuelgan de la pared como pide el autor, sino que aparecen al tamaño natural dentro de dos nichos. Uno representa a Enrique IV tal y como era el día fatal en que cayó del caballo y el otro a Matilde Spina, también como vistió el día del trágico accidente.
Ese mismo día en que se inicia la acción, al cabo de veinte años, Matilde Spina llega al castillo acompañada de Belcredi, de su hija Frida y del prometido de ésta, y de un médico alienista, que va a hacer un atrevido intento para resolver el enigma de la enfermedad mental de Enrique. La entrada de toda esta gente vestida con trajes modernos debe producir un violento contraste. Antes de enfrentarse con Enrique IV tienen que disfrazarse de personajes del siglo XI. Matilde Spina se convierte otra vez en Matilde Toscana, Belcredi se disfraza del monje Pedro Damiani, y también se disfraza el médico. Por fin aparece el emperador. El autor ha ido demorando este instante, casi hasta el final del primer acto, manejando con maestría lo que ahora llamamos suspense. Enrique produce un efecto sorprendente. Se le supone unos cincuenta años de edad, tienen el color pálido y se pinta el cabello de rubio, según lo tenía cuando era joven. En la versión de Gorostiza aparece con los cachetes embadurnados de carmín como si fuera un muñeco infantil Pirandello plantea al espectador desde el primer instante el tremendo problema: ¿Está realmente loco Enrique y se siente Enrique IV o está realizando una trágica simulación? Hace cosas de loco y dice cosas de cuerdo. Basta una muestra:
–Todos nos aferramos desesperadamente a nuestras opiniones propias, igual que el hombre que se va haciendo viejo se tiñe el pelo. ¿Que importa que mis cabellos teñidos no puedan ser una realidad para vos, desde el momento en que, hasta cierto punto, lo son para mí? vos, señora mía, no os teñis los cabellos para engañar a los demás, ni siquiera para engañaros a vos misma, sino únicamente para engañar un poquito a vuestra propia imagen ante el espejo. Yo lo hago en broma; vos lo hacéis en serio, pero sé que hasta vos misma, señora, estáis representando una mascarada por más en serio que la queráis hacer.
Este es el instante que habrá inspirado a Azorín su famoso juicio: "Cabe nada más angustioso, más trágico, que esa lucha formidable entre la personalidad real y la ficticia? En el drama Enrique IV está admirablemente simbolizada".
Estoy de acuerdo con Wlater Starkie en que Enrique IV no es "un grotesco" cualquiera. Es una tragedia, según se entiende la tragedia de treinta años a la fecha. Trágico es el personaje, trágico el suceso que lo tuvo sumido en la locura durante ¡doce años, trágico un fingimiento durante ocho más para no volver a un mundo del que había salido definitivamente. Y trágico es el incidente que al encontrarse frente a Frida, la hija de Matilde Spina, después que ha confesado haber fingido durante ocho años, lo pone nuevamente al borde de la razón. Ha matado a Belcredi y como ese crimen sólo puede cometerlo un loco vuelve a fijarse sobre su vida desventurada su "eternidad de máscara", confinado perpetuamente en sí mismo. "Ora si –dice a los cuatro cortesano– per forza... qua insieme, que insieme... e per sempre".
Walter Starkie, en su admirable estudio sobre Pirandello dice, y obliga a todos los que no hemos estudiado a fondo a este original autor a seguirle; "A pesar de los tortuosos razonamientos de esta tragedia y de los fuegos artificiales de sudialéctica, hay una atmósfera de dignidad y de tristeza que se acerca a la antigua concepción de lo trágico. Hay también un sentimiento fatal del destino que domina el drama y esto le da una universalidad que no hallamos en otras obras de Pirandello. El estilo es sorprendente por su extraordinaria sencillez; el diálogo, aunque característicamente pirandellano, resulta por su naturaleza dislocada y sugestiva, un instrumento admirable al servicio de la filosofía del autor. La verdadera moraleja de la tragedia de Enrique IV es el antagonismo entre la Vida y la Forma. Esta es la idea central, no sólo de esta obra, sino también de todas las obras de Pirandello".
Todavía hay mucha tela que cortar particularmente de casa. Continuaré muy pronto.