Estreno en México de Enrique IV de Luis Pirandello. II Armando de Maria y Campos |
Decíamos ayer... que el largo proceso de la locura y de la vueta a la razón del Enrique IV ha sucedido antes de que el telón se levante en el primer acto. Pirandello logra, de esta suerte, que el actor primero sea una valiosísima exposición dialogada de los acontecimientos pasados. Durante la primera escena cuatro sirvientes de Enrique que han aceptado representar al oparte de los cuatro consejeros secretos del emperador, probablemente hasta que Enrique muera, explican sus obligaciones a Bertoldo, que es un criado nuevo que acaba de llegar. Estos cinco difíciles papeles fueron repartidos a otros tantos discípulos aventajados de la Escuela Dramática del INBA. La escena ocurre confusa y el director -o tal vez el traductor- ha hecho desaparecer el momento en que uno de los jóvenes enciende descuidadamente un cigarrillo, detalle con el cual Pirandello enlaza el pasado con el presente. Están en el salón del trono. El escenógrafo Julio Prieto lo presenta tal vez demasiado sencillo; al fondo el trono propiamente y a los lados los cuadros modernos, que no cuelgan de la pared como pide el autor, sino que aparecen al tamaño natural dentro de dos nichos. Uno representa a Enrique IV tal y como era el día fatal en que cayó del caballo y el otro a Matilde Spina, también como vistió el día del trágico accidente. |
XI. Matilde Spina se convierte otra vez en Matilde Toscana, Belcredi se disfraza del monje Pedro Damiani, y también se disfraza el médico. Por fin aparece el emperador. El autor ha ido demorando este instante, casi hasta el final del primer acto, manejando con maestría lo que ahora llamamos suspense. Enrique produce un efecto sorprendente. Se le supone unos cincuenta años de edad, tienen el color pálido y se pinta el cabello de rubio, según lo tenía cuando era joven. En la versión de Gorostiza aparece con los cachetes embadurnados de carmín como si fuera un muñeco infantil Pirandello plantea al espectador desde el primer instante el tremendo problema: ¿Está realmente loco Enrique y se siente Enrique IV o está realizando una trágica simulación? Hace cosas de loco y dice cosas decuerdo. Basta una muestra: |
Estoy de acuerdo con Wlater Starkie en que Enrique IV no es "un grotesco" cualquiera. Es una tragedia, según se entiende la tragedia de treinta años a la fecha. Trágico es el personaje, trágico el suceso que lo tuvo sumido en la locura durante ¡doce años, trágico un fingimiento durante ocho más para no volver a un mundo del que había salido definitivamente. Y trágico es el incidente que al encontrarse frente a Frida, la hija de Matilde Spina, después que ha confesado haber fingido durante ocho años, lo pone nuevamente al borde de la razón. Ha matado a Belcredi y como ese crimen sólo puede cometerlo un loco vuelve a fijarse sobre su vida desventurada su "eternidad de máscara", confinado perpetuamente en sí mismo. "Ora si -dice a los cuatro cortesano- per forza... qua insieme, que insieme... e per sempre". |