FICHA TÉCNICA
Título obra Hablando de asesinato
Autoría Audrey William Ross
Notas de autoría Francisco Benítez / adaptación
Dirección Manolo Fábregas
Elenco María Elena Marqués, Marta Roth, Marisela Marqués, Fanny Schiller, Emilio Gaete, niño Mario Navarro
Espacios teatrales Teatro de Los Insurgentes
Elenco Lilia Prado
Espacios teatrales Teatro Cervantes
Notas Debut de la cancionista Lilia Prado
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El primer estreno de Pascua: Hablando de asesinato en el teatro de Los Insurgentes". Novedades, 1957. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
El primer estreno de Pascua: Hablando de asesinato en el teatro de Los Insurgentes
Armando de Maria y Campos
Para hacer tiempo, porque la función de gala en el teatro de Los Insurgentes, dedica a la crítica de teatro e invitados del cine nacional, fue la nocturna del sábado de Pascua, dedicándose la primera al "público espeso y municipal" y también como ensayo general de actores y de ajuste para la tramoya y los electricistas, me trasladé rápidamente al teatro Cervantes, en el arrabalero rumbo del Niño Perdido para presenciar el debut, como cancionista de ranchero, de la simpática e inquieta actricita de nuestro cine llamado nacional. Lilia Prado. Tuve la fortuna de llegar uno o dos números antes de que tocara el turno de su "cortina", y así pude evitarme el suplicio de un largo desfile de variedades reunidas para darle gusto a los confianzudos asistentes a las galerías de estos teatros que, como es sabido, dialogan a veces con ingenio y otras con procacidad y fastidio, con los animadores siempre cerca del salvador micrófono.
Lilia Prado apareció con un traje corto que evocaba vagamente a una muchacha pueblerina michoacana y cantó tres números, y la inevitable repetición, únicos que llevan ensayos, según propia confesión ante la insistencia del público gallero, que quería por lo menos verla bailar.
Lilia Prado cantó, para darle mayor sabor al caldo de la canción vernácula, acompañada por un conjunto de mariachis, de esos que tienen la habilidad de tapar la voz de la cancionista cuando hace falta. De preferencia fue aplaudida en las conocidas canciones "Grítenme piedras del campo" y "La cama de piedra". La señorita Prado carece de voy y más para estas canciones gritadas, tampoco tiene que digamos un estilo personal y se limita a actuar detrás del micrófono, sonriente y trémula. El público benévolo y poco exigente, la aplaudió cariñosamente.
No es consecuencia del azar o un simple capricho que viera, más que oyera a Lilia Prado, actriz de cine, la misma noche que se presentaban en un teatro de gran categoría, otras dos actrices de la pantalla; María Elena Marqués y Marta Roth. El debut de la encantadora e inteligente Marisela Marqués había despertado auténtica expectación en nuestro mundo artístico, que siempre sintió por ella una acendrada simpatía, consecuencia de su limpia trayectoria por nuestras pantallas y su vida honesta. Viuda ahora del actor y aviador Miguel Torruco, el público sigue con interés su lucha por mantenerse en un plano artístico digno de su categoría conquistada en el cine y que puede prolongar, con abnegación y estudio en el difícil e ingrato mundo de la farándula. la presencia de Marta Roth interesaba aun poco menos porque ya llevamos varios años de verla desempeñar con soltura la Inés de "Don Juan Tenorio".
Las facultades y el talento y desde luego el estudio, nos mostraron a María Elena Marqués digna del teatro y del espectáculo en que fue presentada. En la plenitud de su belleza física, con esa madurez que únicamente da el dolor, se presentó y se desenvolvió no sólo con desenvoltura, con seguridad, manteniéndose como el eje de la acción en escenas contradictorias de pasión, de perversidad, de dulzura de astucia o de angustia que lleva a la desesperación sin riberas. Aún no usa su cálida y rica voz como espero que habrá de lograrlo pronto, cuando su voluntad se imponga y pueda manejarla con serenidad y sin nervios. Al final de la obra los más calientes aplausos correspondieron a esta nueva actriz de brillante y seguro porvenir.
Martha Roth desempeñó un papel corto con mucha discreción y simpatía. Aunque no hubiera sido así, su sola y linda presencia deja satisfecho al espectador. Doña Fanny Schiller interpretó un personaje de esos que los actores llaman agradecidos, el de una institutriz otoñal retirada que gusta de empinar, y bien alto, el codo, lo que al final de la obra le cuesta la vida y viene a desvanecer la coartada que hábilmente había elaborada la protagonista. En su mutis fue ovacionada. Actuó por primera vez en este teatro el argentino Emilio Gaete, mixto de primer actor y galán maduro, en personaje que le resultó tan incoloro, que me autoriza a reservar mi juicio para cuando pueda comprobar si el incoloro es el actor o el personaje que le fue repartido. El héroe menor de la noche fue el niño Mario Navarro, que dijo y actuó con soltura y conciencia su difícil papel, dándole calidad humana a sus intervenciones, clave fundamental de la pieza –melodrama policíaco– de Audrey Williams Ross, cuyo original desconozco y por esto no puedo afirmar que ésta bien o mal hecha la adaptación y en que consiste ésta, de Francisco Benitez, que también aparece como traductor de Hablando de asesinato, título en español del melodrama de Ross.
Hablando de asesinato carece de categoría entre las piezas del género policíaco. Es apenas una buena pieza. El primer acto del género, porque el público trata de adivinar qué es lo que va a pasar después. El segundo, descubierta la perversidad de alma de la protagonista, entibia el suspense, que aparece únicamente en las postreras escenas del tercer acto. La presentación de la obra, majestuosa y todo y de acuerdo con la monumentalidad del escenario, es inferior a las hasta ahora logradas por el director Manolo Fábregas, quien en este aspecto, se mostró el joven maestro que no defrauda.