El primer estreno de Pascua: Hablando de asesinato en el teatro de Los Insurgentes Armando de Maria y Campos |
Para hacer tiempo, porque la función de gala en el teatro de Los Insurgentes, dedica a la crítica de teatro e invitados del cine nacional, fue la nocturna del sábado de Pascua, dedicándose la primera al "público espeso y municipal" y también como ensayo general de actores y de ajuste para la tramoya y los electricistas, me trasladé rápidamente al teatro Cervantes, en el arrabalero rumbo del Niño Perdido para presenciar el debut, como cancionista de ranchero, de la simpática e inquieta actricita de nuestro cine llamado nacional. Lilia Prado. Tuve la fortuna de llegar uno o dos números antes de que tocara el turno de su "cortina", y así pude evitarme el suplicio de un largo desfile de variedades reunidas para darle gusto a los confianzudos asistentes a las galerías de estos teatros que, como es sabido, dialogan a veces con ingenio y otras con procacidad y fastidio, con los animadores siempre cerca del salvador micrófono. |
No es consecuencia del azar o un simple capricho que viera, más que oyera a Lilia Prado, actriz de cine, la misma noche que se presentaban en un teatro de gran categoría, otras dos actrices de la pantalla; María Elena Marqués y Marta Roth. El debut de la encantadora e inteligente Marisela Marqués había despertado auténtica expectación en nuestro mundo artístico, que siempre sintió por ella una acendrada simpatía, consecuencia de su limpia trayectoria por nuestras pantallas y su vida honesta. Viuda ahora del actor y aviador Miguel Torruco, el público sigue con interés su lucha por mantenerse en un plano artístico digno de su categoría conquistada en el cine y que puede prolongar, con abnegación y estudio en el difícil e ingrato mundo de la farádula. la presencia de Marta Roth interesaba aun poco menos porque ya llevamos varios años de verla desempeñar con soltura la Inés de "Don Juan Tenorio". |
sido así, su sola y linda presencia deja satisfecho al espectador. Doña Fanny Schiller interpretó un personaje de esos que los actores llaman agradecidos, el de una institutriz otoñal retirada que gusta de empinar, y bien alto, el codo, lo que al final de la obra le cuesta la vida y viene a desvancener la coartada que hábilmente había elaborada la protagonista. En su mutis fue ovacionada. Actuó por primera vez en este teatro el argentino Emilio Gaete, mixto de primer actor y galán maduro, en personaje que le resultó tan incoloro, que me autoriza a reservar mi juicio para cuando pueda comprobar si el incoloro es el actor o el personaje que le fue repartido. El héroe menor de la noche fue el niño Mario Navarro, que dijo y actuo con soltura y conciencia su difícil papel, dándole calidad humana a sus intervenciones, clave fundamental de la pieza -melodrama policiaco- de Audrey Williams Ross, cuyo original desconozco y por esto no puedo afirmar que ésta bien o mal hecha la adaptación y en que consiste ésta, de Francisco Benitez, que también aparece como traductor de Hablando de asesinato, título en español del melodrama de Ross. |