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Columna El Teatro
Gestación y estreno del drama La venganza de la gleba, de Federico Gamboa*
Armando de Maria y Campos
Federico Gamboa anota en su Diario con fecha 22 de mayo de 1904, esta efemérides intelectual importante para interpretar su trayectoria de autor culto, académico, gubernamental y diplomático que se interesa por los problemas del pueblo de su patria, al que por su cuna y actividades es de suponer que conocía bien poco:
"Inopinadamente –aunque no inesperadamente–, viéneme hoy el argumento de un drama, que hace diez años, desde la representación de La última campaña, estoy buscándome en el cerebro. Viene tal y como yo lo quería: a favor de nuestros desheredados, totalmente nacional, azotando en plena cara no sólo a nuestras clases privilegiadas ¡que tanto se lo merecen! sino también a todas nuestras otras clase (¡), ¡qué quizá se lo merecen más!
"Lo bautizo, mientras sus tres actos se esbozan e mi mente; y su título me suena a himno de purificación y de castigo, se denominará: La venganza de la gleba."
Al día siguiente anota Gamboa: "Principia el nacimiento de mi drama ¡con cuántos trabajos!... Después de una labor del día íntegro, apenas si doy término a la escena primera". Y el 28 de junio: "Termino de escribir la venganza de la gleba. Ahora solo falta que después de mi esfuerzo, o no pueda yo al fin arreglar mi viaje a México para el mes que entra, o aunque lo arregle, a mi llegada allá, la compañía dramática de Pancho Cardona haya concluido su temporada, y no pueda o no quera representar mi pieza. ¡Todo es posible!".
Por aquellos años el autor mexicano que soñara con estrenar alguna de sus producciones tenía que pensar, necesariamente en Pancho Cardona y Virginia Fábregas, floreciente y sólida empresa teatral con teatro propio y compañía permanente y, además, única que se preocupaba por la producción nacional, o que se atrevía a representar obras de autores mexicanos. Gamboa desempeñaba por estas fechas el cargo de primer secretario de la representación diplomáticas de México en los Estados Unidos. Pero se cartearía con Pancho y con Virginia. Lo cierto es que tenía por seguro que la pareja empresaria le estrenaría, y pronto su drama. Está atento al curso de la temporada que se celebra en el teatro Renacimiento, de la ciudad de México, propiedad de Virginia y de Pancho. "Según diarios de México –anota en su Diario el 5 de julio de mismo año 1904–, salió verdad mi temor; la temporada teatral de Pancho Cardona, allá, en el teatro del Renacimiento, se clausurará el próximo día 15. ¡Quién sabe cuánto tiempo irá a dormir mi drama concluido, y copiado, en un cajón de mi mesa!...". Y con zozobra que aumenta la distancia escribe el 11 del mismo mes: "Problema: ¿Cómo, cuando y dónde se representará La venganza de la gleba?... Los diarios de México impónenme de que Pancho Cardona, con lo más granado de su compañía y todo su riquísimo decorado. Se va a España, a Madrid, asociado a Emilio Thuillier, a trabajar en el teatro de La Princesa; que luego, hará una gira teatral por Zaragoza, Barcelona, etcétera, y por remate, se lanzarán, justas siempre las dos compañías, hasta Buenos Aires. ¿Si La venganza de la gleba pudiese ser representada por primera vez en teatro madrileño?..."
Mientras tanto escribe Reconquista, novela de costumbres. Pero no deja de pensar en su drama: "28 de julio. Secretas esperanzas de que Pancho Cardona, a su paso para España, se detenga en Nueva York, y yo pueda leerle mi drama, y él se lo lleve con el compromiso solamente de representármelo por dondequiera que vaya".
Razón tenía Gamboa en confiar en Virginia y en Pancho. Era uno de su s íntimos. Basta para comprobarlo la anotación que hizo en su Diario el 12 de noviembre de 1904, a propósito de la lectura, en casa de nuestros grandes actores, de dos obras de teatro de autores mexicanos. En ella encontramos finos aspectos de la intimidad que la Fábregas y Cardona mantenía con escritores destacados o noveles: "Lecturas, esta noche, en la casa de Francisco Cardona, de la Monna vanna, del pensador flamenco Maeterlink, traducida en prosa rimada por Balbino Dávalos, y de La Guadalupe, de Marcelino Dávalos. estos dos Dávalos, no son parientes entre si. De Balbino, ni qué hablar, pues es harto conocido como humanista y como literario activo y principal, ya lo he mencionado en los tomos anteriores de mi Diario, y he de mencionarlo más en el presente y en lo sucesivos. Marcelino, es un escritor provinciano, de Guadalajara, que se ha consagrado al teatro, descuidando su profesión de abogado. Por culpa de su juventud –no aparenta más de 25 años– sus piezas teatrales no poseen toda la fuerza ni toda la precisión que fuera de desear; pero seguramente que en su individuo, que tira al gordo hay manera para un buen autor dramático. Además de ser joven, es trigueño de muy modesta estatura ancho de cara y de incipiente bozo, dulzón el mirar y todo él tímido en palabras, entonaciones, ademanes, juicios y respuestas. Entiendo que se halla en México con licencia; que conoció a Pancho Cardona y a Virginia Fábregas, en una de tantas correrías de esta pareja de mi particular afecto, y que ahora vienen, amparado a su sombra, para que le representen en su teatro La Guadalupe, que vamos a escucharle, y otras obras que trae en cartera. La lectura íntima; Pancho Cardona, encamado porque está enfermo; sentada a los pies de la cama Virginia Fábregas y mi sobrino José Joaquín Gamboa; en derredor de una mesilla redonda. Balbino, Marcelino y yo. Arrullando por las lecturas, Pancho se nos duerme".
Notas
* Se publicaron dos artículosmás con este tema, el 1 y el 8 de junio de 1957.