FICHA TÉCNICA
Título obra Los padres terribles
Notas de Título Les parentes terribles (título en el idioma original)
Autoría Jean Cocteau
Notas de autoría Amparo F. Villegas / traducción
Dirección Ricardo Mondragón
Elenco María Teresa Montoya, Rafael Banquells, Teresa Mondragón, Andrea Palma, Raúl Farrel
Espacios teatrales Sala 5 de diciembre
Título obra Préstame tu marido
Autoría Luis Enrique Osorio
Dirección Julio Taboada Walker
Elenco Yoya Velázquez, Guillermo Rivas
Espacios teatrales Teatro Ariel
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "De Los padres terribles, de Cocteau, a Préstame tu marido, de Osorio". Novedades, 1956. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
De Los padres terribles, de Cocteau, a Préstame tu marido, de Osorio
Armando de Maria y Campos
La crónica teatral, como servicio de información periodística, reúne a veces temas, situaciones o personas que al parecer no tienen relación alguna. Lo mismo pasa en las gacetillas de sociales y personales que en el reporte de carácter político o sobre políticos. ¿Qué tienen que hacer juntos o reunidos en un mismo párrafo Jean Cocteau y Luis Enrique Osorio, María Teresa Montoya y la Yoya Velázquez, Ricardo Mondragón o Julio Taboada Walker? Deliberadamente el cronista no reuniría nunca en un comentario títulos teatrales tan poco afines por los asuntos que hay detrás de ellos, como Los padres terribles, y Préstame tu marido. Porque nada tienen en común entre sí, ya que pertenecen a mundos teatrales distintos, y porque sus respectivos intérpretes no pueden coincidir en el gusto del público si no es por accidente, un accidente de tránsito de representaciones de actualidad.
Les parentes terribles de Jean Cocteau, es una de las obras más desconcertantes y más discutidas de este también desconcertante y discutido autor francés. Estrenada en París en 1938, fué dada a conocer en México por nuestra ilustre actriz María Teresa Montoya, en el teatro Fábregas, en 1941. Como en París, en Londres, en Praga o en Varsovia, Padres terribles causó en México un tremendo impacto en el público por su tema audaz, crudo y valiente, y, sobre todo, por la extraordinaria interpretación que a la protagonista –una madre enamorada de su hijo y que se mata antes que verlo feliz con la mujer que eligió por esposa– En Padres terribles hallamos entonces y no ha desaparecido ahora que su pieza exhibe una carpintería teatral discutible, pero siempre extraordinaria, al autor creador diabólico y novedoso que va de Orfeo a El bello indiferente pasando por La máquina infernal, Los caballeros de la tabla redonda o El buey sobre el tejado, etc. Su teatro ya es su teatro, y está fijo, colgado en la pared del tiempo como un retrato ajeno a nuevas modas o a más audaces modos. Pero, por esto, es de repertorio, privilegio de quien sabe cómo debe dirigirse al espectador que acude a las salas a ver y a oír.
Por ver, por oír a María Teresa Montoya en Padres terribles –traducción de Amparo F. Villegas–, vamos como cronista y público a la sala 5 de Diciembre. La Yvonne de Cocteau será por años, no importa que el teatro se nutra con otros autores y otras comedias, un personaje del repertorio de una de las más grandes actrices dramáticas de este tiempo, la primera y la única en español. Crea la Montoya y se recrea en el personaje patológico; lo vive, lo sufre y lo muere con una verdad tan teatral –el teatro es espejo de la realidad– que no importa ya el texto, ni la artificiosa composición del conflicto, o como se equivoca aquel actor –Banquells v. g. que desvirtúa la calidad humana de una postrer aventura amorosa con la que habrá de ser esposa de su hijo, presentándose como un viejo chocho–; ni si la dama joven –Teresita Mondragón– exhibe notorios adelantos; ni tampoco si la actriz de oficio –Andrea Palma– se deja ver sólo cuando es preciso, o si el galán –Raúl Farrel– se hace cada vez más digno de ocupar un destacado puesto profesional; lo que cuenta únicamente es la lección de representar una gran tragedia que da María Teresa Montoya desde el escenario como actriz excepcional que es, en la cumbre de su extraordinaria carrera de tragediante auténtica. Estoy cierto que el público olvidará muy pronto a tantas y tantas mujeres bellas como últimamente se han desnudado en nuestros escenarios, porque necesariamente vendrán otras que harán lo propio para públicos que van al teatro únicamente a ver eso; pero ¿quien que haya visto a María Teresa Montoya como madre delirante de amor por su hijo, podrá borrarla de su recuerdo? En ese recuerdo descansa la gloria de su destino y su recuerdo al través de modas teatrales y de comediantes transitorios o eventuales.
La actualidad reúne y junta en este comentario otro estreno teatral correspondiente al presente mes, y que como todo espectáculo de este género, merece atención y juicio. Ya revelé a los lectores de esta columna quién es y qué representa en el desarrollo del teatro hispanoamericano Luis Enrique Osorio, colombiano de nacimiento, ciudadano del teatro en América por derecho propio, autor del juguete cómico Préstame a tu marido, que representa en el Teatro Ariel –nuevo y reducido templo dedicado a Talía y arrebatado a Ecrán– un modesto grupo de actores que reúne lo mismo a la actriz de carácter veterana y ducha en las trampas cómicas, que a las jovenzuelas que hacen sus primeros ensayos como primeras actrices, nada menos; que al novato que se inicia con brillante capacidad –vale citar su nombre: Guillermo Rivas– bajo la férula impaciente, pero de evidente buena fe de un joven director, actor él mismo que no acaba de encontrar su sitio.
Sabe el lector lo que en el teatro español es un juguete cómico. Pieza teatral –comedia y sainete– de tema jocoso. Nada fácil, al parecer, pero qué dificil.Ahí es nada: jugar con lo cómico, construir una comedia y hacer uso de todos los resortes cómicos y aun bufos para hacer reir sanamente; arrancar de la vida media docena de tipos de sainete, y los hay a millares; espolvorearlos sobre una docena de situaciones teatrales, vaciar todo en la coctelera de la imaginación y de la habilidad, y sacar, como los prestidigitadores de una vieja chistera un ramo de flores de papel un entretenido juguete cómico. Todo es truco teatral en el juguete cómico, pero hay que saber practicarlo, presentarlo y lograr que divierta. Este género de "juguete cómico" al uso español que practica Osorio con extraordinaria habilidad y sano ingenio en Préstame tu marido, tiene –¡quien lo creyera!– un origen eminentemente clásico. En el interesante prólogo que Francisco de Olivar ha puesto al primer tomo de Comedias, de Pluto, se dice hablando del autor de Asinaria: "Las alteraciones, los juegos de palabras, las asonancias, el uso de proverbios, todo aquello que pudiera contribuir a hacer digerible lo que se decía en escena, era utilizado por Pluto. Esta clase de gracia que en castellano es característica en las piezas francamente cómicas, es frecuente en sus obras y constituye el aspecto más superficial de su sentido cómico, el cual en lo que tiene de más profundo y humano, se apoya, más que en la palabra, en la situación y en el carácter, dioses inagotables, a su vez, de una pura y viva expresividad verbal".
Préstame tu marido es un divertidísimo juguete cómico español muy colombiano. Bendita sea la rama que al tronco sale... Las situaciones cómicas, tan viejas como el sol, pero ¿no es lo mismo y distinto el que enciende con su antorcha de oro cada nuevo día?, abundan en la cómica comedia de Osorio. Arranca el jardinero con habilidad y buen gusto diversas flores de un jardín y compone un ramo. El ramo de situaciones cómicas que componen Préstame tu marido, tiene gracia –a ratos muy colombiana–, fresca de providencia, sabor de teatro y olor de ingenio. Préstame tu marido hace reir a los sanos de corazón...
La interpretación es deficiente, de acuerdo con la poca madurez de los intérpretes. La dirección, titubeante, tomó en serio un juguete cómico, error imperdonable, y la prolongó en la interpretación del marido protagonista. Alguna actricita está francamente trágica... Pero el público ríe y la taquilla se anima noche con noche, porque ya está de actrices desnudas hasta el copete.