De Los padres terribles, de Cocteau, a Préstame tu marido, de Osorio Armando de Maria y Campos |
La crónica teatral, como servicio de información periodística, reúne a veces temas, situaciones o personas que al parecer no tienen relación alguna. Lo mismo pasa en las gacetillas de sociales y personales que en el reporte de carácter político o sobre políticos. ¿Qué tienen que hacer juntos o reunidos en un mismo párrafo Jean Cocteau y Luis Enrique Osorio, María Teresa Montoya y la Yoya Velázquez, Ricardo Mondragón o Julio Taboada Walker? Deliberadamente el cronista no reuniría nunca en un comentario títulos teatrales tan poco afines por los asuntos que hay detrás de ellos, como Los padres terribles, y Préstame tu marido. Porque nada tienen en común entre sí, ya que pertenecen a mundos teatrales distintos, y porque sus respectivos intérpretes no pueden coincidir en el gusto del público si no es por accidente, un accidente de tránsito de representaciones de actualidad. |
y se recrea en el personaje patológico; lo vive, lo sufre y lo muere con una verdad tan teatral -el teatro es espejo de la realidad- que no importa ya el texto, ni la artificiosa composición del conflicto, o como se equivoca aquel actor -Banquells v. g. que desvirtúa la calidad humana de una postrer aventura amorosa con la que habrá de ser esposa de su hijo, presentándose como un viejo chocho-; ni si la dama joven -Teresita Mondragón- exhibe notorios adelantos; ni tampoco si la actriz de oficio -Andrea Palma- se deja ver sólo cuando es preciso, o si el galán -Raúl Farrel- se hace cada vez más digno de ocupar un destacado puesto profesional; lo que cuenta únicamente es la lección de representar una gran tragedia que da María Teresa Montoya desde el escenario como actriz excepcional que es, en la cumbre de su extraordinaria carrera de tragediante auténtica. Estoy cierto que el público olvidará muy pronto a tantas y tantas mujeres bellas como últimamente se han desnudado en nuestros escenarios, porque necesariamente vendrán otras que harán lo propio para públicos que van al teatro únicamente a ver eso; pero ¿quien que haya visto a María Teresa Montoya como madre delirante de amor por su hijo, podrá borrarla de su recuerdo? En ese recuerdo descansa la gloria de su destino y su recuerdo al través de modas teatrales y de comediantes transitorios o eventuales. |
todos los resortes cómicos y aun bufos para hacer reir sanamente; arrancar de la vida media docena de tipos de sainete, y los hay a millares; espolvorearlos sobre una docena de situaciones teatrales, vaciar todo en la coctelera de la imaginación y de la habilidad, y sacar, como los prestidigitadores de una vieja chistera un ramo de flores de papel un entretenido juguete cómico. Todo es truco teatral en el juguete cómico, pero hay que saber practicarlo, presentarlo y lograr que divierta. Este género de "juguete cómico" al uso español que practica Osorio con extraordinaria habilidad y sano ingenio en Préstame tu marido, tiene -¡quien lo creyera!- un origen eminentemente clásico. En el intersante prólogo que Francisco de Olivar ha puesto al primer tomo de Comedias, de Pluto, se dice hablando del autor de Asinaria: "Las alteraciones, los juegos de palabras, las asonancias, el uso de proverbios, todo aquello que pudiera contribuir a hacer digerible lo que se decía en escena, era utilizado por Pluto. Esta clase de gracia que en castellano es característica en las piezas francamente cómicas, es frecuente en sus obras y constituye el aspecto más superficial de su sentido cómico, el cual en lo que tiene de más profundo y humano, se apoya, más que en la palabra, en la situación y en el carácter, dioses inagotables, a su vez, de una pura y viva expresividad verbal". |