FICHA TÉCNICA
Título obra Reinar despuÈs de morir
Notas de Título The late Edelvina Black (tÃŒtulo en el idioma original)
Autoría Luis VÈlez de Guevara
Notas de autoría Eleazar Canale / traducciÛn
Dirección ¡lvaro Custodio
Grupos y Compañías Teatro EspaÃ’ol de MÈxico
Notas de grupos y compañías ¡lvaro Custodio / director
Elenco Ignacio LÛpe Tarso, Lina SantamarÌa, Guillermo Orea, Cipriano Rivas CherifPilar Crespo (Pin), Amparo Villegas
Escenografía Vlady
Música JesË™s Val y RamÛn Gay
Notas de Música Antonio Gama / intÈrprete
Vestuario Isabel Richart, Ester Bolio
Espacios teatrales Sala MoliËre
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "Luis Vélez de Guevara en la sala Molière. Reinar después de morir, por Ignacio López Tarso". Novedades, 1954. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO
Novedades
Columna El Teatro
Luis Vélez de Guevara en la sala Molière. Reinar después de morir, por Ignacio López Tarso
Armando de Maria y Campos
Para quienes conocen el difundido cuadro de Martínez Cubells titulado Doña Inés de Castro o Reinar después de morir, prodigio de fantasía y de composición, con la impresionante presencia de la desventurada princesa, ya cadáver, sentada en el trono al lado del rey don Pedro, la versión escénica que de este trágico Reinar después de morir ofrece el Teatro Español de México en la sala Molière, debe haber desilusionado, por su modestia y convencionalismo. Pero cuenta poco para la magnífica interpretación –guardando las proporciones de lugar, hora contemporánea y espacio escénico– que al precioso y conmovedor drama de Luis Vélez de Guevara dio el grupo de actores profesionales y excelentes experimentales reunido por el animoso animador Álvaro Custodio para continuar su temporada de teatro español clásico, tan bien recibido por los buenos catadores de este género cuyo jugo –oro líquido– amamantó el teatro de Francia, Inglaterra y Alemania.
No importa que me tilden de erudito de ocasión. Conviene decir cuatro palabras sobre el autor Vélez de Guevara, tres sobre esta fina y poética obra y dos sobre la desventurada Inés de Castro. Trágica historia la suya, de la que se apoderó la leyenda, dando motivo a la literatura y a la pintura para crear obras maestras. Reinar después de morir, de Luis Vélez de Guevara, debe ser una consecuencia de la obra de Lope de Vega de igual argumento y título, hoy perdida. No se sabe si fue representada en vida del autor, pero apareció por primera vez impresa, ya muerto Vélez de Guevara, en 1652. Vélez de Guevara nació en Ecija, Sevilla, en 1578. Murió en 1654. Sus obras dramáticas, al decir de sus contemporáneos, pasan de 400, pero apenas si han llegado 80 hasta nosotros.
Reinar después de morir es, sin duda, la pieza dramática más notable y de más alto vuelo poético que describe la muerte de doña Inés de Castro, obra excelente lo mismo en pintura de los efectos que en la de las violentas pasiones que dan patético interés dramático a la acción, fina y viril al mismo tiempo con la que se entrelazan, formando una trenza, tres guedejas: poesía, emoción, pasión. Este es en síntesis el argumento: El príncipe don Pedro hijo del rey de Portugal don Alfonso, enamoróse al quedarse viudo de doña Inés de Castro, dama de ilustre familia castellana, con quien se casó en secreto. Don Pedro se ve obligado por su padre a casarse con la infanta doña Blanca de Navarra. Esta orden produce la desesperación de los amantes esposos, que ven perdida su felicidad para siempre y la de sus dos hijos, Alonso y Dionís. Don Pedro intenta en vano convencer a su padre y a su prometida de la imposibilidad de aquel casamiento, pues no puede amar a mujer alguna por adorar a su esposa Inés. El rey no se deja conmover por las súplicas del hijo, y doña Blanca, al verse despreciada, jura tomar cruel venganza de su rival, no descansando hasta conseguir la sentencia de muerte de la desventurada esposa de don Pedro. Apenas es ejecutada doña Inés, cuando muere repentinamente el rey Alfonso, y la infanta huye a Navarra, renunciando a sus ambiciosos proyectos de casamiento. Don Pedro proclama esposa suya a doña Inés, sienta su cadáver en el trono, le corona y hace que toda la corte le rinda vasallaje:
Todos los que estáis aquí
besad la difunta mano
de mi muerto serafín;
yo mismo seré el rey de armas.
Silencio, silencio, oíd:
esta es la Inés laureada,
esta es la reina infeliz
que mereció en Portugal
reinar después de morir.
El drama de Vélez de Guevara es de una belleza insuperable. Verso fluido y bien cortado, raudal de metáforas, finura y elegancia en sus escenas. Conviene recordar que fue imitado no sólo en España, sino en Portugal, Francia, Italia, Inglaterra y Holanda. Figuró siempre en le repertorio de las grandes compañías dramáticas españolas. María Guerrero lo hizo en México a principios de siglo, y yo tuve la fortuna de vérselo a Ricardo Calvo, no recuerdo si en el Principal o en el Iris, en 1926. Más recientemente a Asunción Casals y Eduardo Casado, en el antiguo Fábregas, en 1945. Ahora Lina Santamaría, que ha actuado en España largamente al lado de Enrique Borrás, y al excelente y ya gran actor mexicano Ignacio López Tarso, dejándose ver al lado de ellos un fresco fruto de actor cómico de mérito, Guillermo Orea.
La presentación de Reinar después de morir por el Teatro Español de México, bajo la dirección de Alvaro Custodio, es digna de elogio por la propiedad con que ha sido realizada, particularmente en lo que se refiere a la suntuaria, muy rica y propia; por el decoro en los detalles y el respeto en general por el texto, todo limitado al precario foro de la sala Molière.
La interpretación, dentro de las exigencias del género y de las proporciones de tan ambicioso propósito, es buena en general, y muy buena en detalle. Ignacio López Tarso confirma sus grandes dotes para este género. Avanza de obra en obra. Dice su don Pedro con brío y sentimiento y actúa con soltura y dominio. Pisa bien la escena, en una palabra, y se alza con las mejores escenas. Lina Santamaría, actriz de profesión, manda sobre el escenario y lo llena todo con su desparpajo y dominio. Tratándose de este género, sabe romper la cortina. Ella, y los enterados, saben bien lo que digo. Conmueve honda y dramáticamente en el preciso y teatral momento en que debe hacerlo. Guillermo Orea, el primer gran actor cómico de las recientes generaciones que nutren nuestro teatro entendió al "gracioso" clásico que es Brito, embebe y distrae con sus gracejadas y arranca a ley el aplauso en mutis. Cipriano Rivas Cherif dice el Rey como un catedrático de castellano, pero luce frío. Pilar Crespo, discreta, no desentona. Como Amparo Villegas loba mansa de la escena.
La escenografía de Vlady, mediocre. Magnífico, en cambio, el vestuario de la época, de Isabel Richart y Ester Bolio. Durante la acción, Antonio Gama entona melodías populares por Jesús Val y Gay, que le acompaña a la guitarra Galo Herrera.
Vale la pena ver esta versión de Reinar después de morir. Advertencia. No es para paladares estragados.