FICHA TÉCNICA



Título obra Pantomimas

Autoría Marcel Marceau

Dirección Marcel Marceau

Elenco Marcel Marceau

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Referencia Mara Reyes (seudónimo de Marcela del Río), “Diorama teatral. Marcel Marceau”, en Diorama de la Cultura, supl. de Excélsior, 17 septiembre 1967, pp. 5 y 6.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO 2

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Referencia Electrónica

Diorama de la Cultura, Excélsior

Columna Diorama Teatral

Marcel Marceau

Mara Reyes

Palacio de las Bellas Artes. Del 4 al 11 de septiembre. Pantomimas: El papalote. El mago. El saltimbanqui. Los siete pecados capitales. Adolescencia, madurez, vejez y muerte. Bip músico callejero. Bip torero. Bip se suicida. Bip en el baile. Bip soldado. (Segundo programa): El batelero. Los burócratas. El tribunal. Reminiscencias. Contrastes. Bip pasa una audición. Bip y la dinamita. Bip sueña ser don Juan. Bip en una recepción. Bip juega a David y Goliat.

Marcel Marceau ha vuelto a México con un caudal nuevo y antiguo de pantomimas, en las que el mimo revela su preocupación humana y social. No trajo en esta ocasión El fabricante de máscaras, pero en cambio vino a conmovernos con su observación minuciosa y estrujante de los Contrastes de nuestra realidad civilizada, donde el hombre juega a la guerra en una feria callejera y donde el hombre juega al faquir de feria en una guerra.

La pantomima no es imitación sino mimetismo; no es exterior sino interior. Mimetizar significa para el mimo ser la cosa misma, no reproducirla, de ahí que cuando vemos a Marcel Marceau “mimar” la guerra, el sentido de la identificación: hombre-guerra, no puede ser más que trágico.

En esta época en la que los valores antiguos han dejado de ser sagrados, Marceau no puede menos de representar al Tribunal de la justicia como una mascarada y a la organización burocrática como una burla al pueblo que no sólo tiene que sufrirla, sino admitir que no puede hacer nada contra la burla y declararse vencido frente a ella.

Sin embargo, Marceau no puede desprenderse de su innata ternura y de sus Reminiscencias románticas, y entonces se convierte en el anciano de todos los tiempos, que recuerda su juventud, o en el Bip (el personaje de su creación) que “juega a David y Goliat” cumpliendo el sueño de todos los débiles que han querido vencer a los fuertes, de los desvalidos que han pretendido avasallar a los poderosos: un sueño romántico. Y [p. 6] frente a este sueño y a esta aspiración, el fatalismo del ciclo humano: Adolescencia, madurez, vejez y muerte, que es aceptación de nuestro destino.

La expresión mímica es casi tan antigua como el hombre. Sirvió primero como lenguaje, después como arte y filosofía. Ahora, Marceau, sin privarlo de su carácter filosófico y artístico –por lo contrario agudizándolos– enfatiza de nuevo su primigenio uso del lenguaje, como arma de lucha para borrar fronteras, para derrumbar los muros que aíslan al hombre y que le impiden la comunicación; y se entrega de lleno a un arte universal y humano que enlaza y estrecha los vínculos que todavía pueden unir a los hombres.

Quiero terminar citando las palabras del propio Marcel Marceau para aquellos que no han podido ver sus espectáculos, pues quien los ha visto una vez, no necesita sus palabras, ya que con su mímica, él lo dice todo:

“El mundo de hoy quiere más que nunca encontrar un medio de comunicación mutua. Y la pantomima es un arte universal que rompe las barreras de los idiomas y habla a personas de todas edades, de todas clases sociales y de todas nacionalidades. Pero sobre todo, es una iluminación y un reflejo de nuestros sueños secretos y de nuestras frustraciones. Su fuente es el tema más interesante del mundo: nosotros mismos”.