FICHA TÉCNICA
Título obra El cartero del rey
Autoría Rabindranath Tagore
Notas de autoría María Alicia Martínez Medrano / versión
Dirección Virgilio Mariel
Espacios teatrales Teatro del OPIC
Cómo citar Maria y Campos, Armando de. "El cartero del rey, en el Teatro del OPIC". El Heraldo de México, 1967. Reseña Histórica del Teatro en México 2.0-2.1. Sistema de información de la crítica teatral, <criticateatral2021.org>
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El Heraldo de México
| 3 de marzo de 1967
Columna Escenarios
El cartero del rey, en el Teatro del OPIC
Armando de Maria y Campos
Es significativo el hecho de que el florecimiento del teatro hindú se interrumpa en el siglo XI después de Cristo. Sin embargo, en la India moderna aún persiste el amor por la literatura antigua a su mundo y su estilo.
Hubiera permanecido lejos de Europa si no fuera porque en 1912 fue consagrado por el Premio Rabindranath Tagore (1861-1941).
El OPIC, que pone teatro de todos los tiempos, llevó a su escenario una de las más conocidas obras de Tagore, que fue poeta, músico, pensador y dramaturgo. Nacido en Calcuta, pero educado en Inglaterra, volvió a su patria con honda nostalgia y fervoroso amor a su civilización natal; sólo en un segundo momento auspició la colaboración con el mundo occidental.
Es singular que en sus dramas se reconozca, a pesar de algunas influencias extranjeras (Maeterlinck) la tradición milenaria del antiguo teatro hindú. No hay en ellos conflictos insolubles ni pasiones violentas, sino una especie de suave impasibilidad; no hay hijos de clases humildes ni multitudes populares, sino –pese a las ideas humanitarias, pacifistas, del poeta–, héroes divinos o reales. El tema de Chitra, drama de amor, proviene de Mahabarata. El cartero del rey es el dulce sueño de un niño que, imaginando las maravillosas aventuras que atribuye a las cartas y despachos llevados por un cartero, acaba en la exasperada espera de un misterioso mensaje, de una carta del rey: anhelo sin respuesta hasta la muerte del pequeño soñador. El rey invisible es también la historia de un rey a quien nadie ha visto, pero en el cual creen sus súbditos únicamente por un acto de amor.
Breves, fugaces y, confesémoslo, desconcertantes composiciones en que hay más rasgos líricos que dramáticos: y hasta los primeros suelen estar expresados con tal simplicidad, que nos dejan atónitos.
El OPIC lo representó con economía de escenografía y confió la interpretación a jóvenes que serán actores a su tiempo si tienen vocación por el difícil arte de representar. Fue dirigida por Virgilio Mariel según una versión de María Alicia Martínez Medrano, quien debe haber utilizado la de Cenobia Carnprubil quien fue la que lo dio a conocer al mundo en Europa, por los años veinte.